Textos

sábado, 25 de junio de 2011

PEROGRULLO





A mi hay cosas que me parecen de Perogrullo.
Por ejemplo, el hecho de que un banco preste una cantidad de dinero para la adquisición de una vivienda, pida como garantía la vivienda, la valore como Dios le da a entender, y cuando el deudor no puede pagar, va y le cuenta que de lo dicho nada, que la vivienda valía mucho menos de lo pactado en aquel tiempo, y que además de quedarse con ella, se queda con el deudor, con su vida, y con su hacienda para los restos.
La verdad, no lo veo de recibo.
Así que el deudor, que la mayoría de las veces no puede pagar por haberse quedado sin trabajo, se encuentra sin casa, sin dinero, sin la posibilidad de alquilar otra, y si te descuidas, con una multa de la Agencia Tributaria por no haber mantenido la vivienda habitual durante los tres años que marca la ley, y haberse desgravado en su momento.
Además de todo eso se encuentra también con un embargo de bienes, porque… “usted pague y luego recurra, que ya veremos su caso”.
Y ese es el momento en el que la víctima llama desesperado para decir que no la vendió antes de tiempo, que se la quitaron, que oiga usted, por favor. Pero una fría y robótica grabación dice: Si su consulta es sobre un cambio de domicilio, marque el uno, si lo que desea es que le envíen el borrador por correo, marque el dos, si…
Yo es que hay casos en los que entiendo que uno coja un trabuco y se eche al monte.
Y como ahora ya no se venden trabucos en condiciones, ni hay montes cercanos, lo que hacen es irse a Sol y montar un 15 M al que, por cierto, intentan subirse todos aquellos que han consentido que se haya montado este pollo marinero.
Pero qué cinismo ¿no?

lunes, 6 de junio de 2011

Halo o hilo


Últimamente me interesaba por el aura de energía que rodea a los cuerpos. Dicen que la han fotografiado con una cámara Kirlian. “Acostúmbrese a mirar a la gente como a través y descubrirá que alrededor de su cuerpo hay una especie de halo luminoso que lo rodea” leí en Wikipedia. “Es cuestión de práctica. Si insiste hasta podrá ver colores”.
Desde entonces iba por el metro como obsesionada por los halos ajenos. Los buscaba alrededor de todo el veía. Los miraba de reojo para que no me partiesen la cara.
Al principio no logré ver mucho, la verdad, pero soy machacona a más no poder. Y todas las noches me concentraba en mi mano para tratar de ver esa especie de cinta luminosa de la que hablaban. Me parecía provechoso conocer el color de mis enemigos. Es, cuanto menos, útil.
Y a base de insistir e insistir, he empezado a ver, no halo pero sí hilo. La primera vez me ocurrió con mi amiga Rosario. La estaba mirando fijamente alrededor de su cuerpo mientras hablaba, y de pronto vi que le salía de la boca un hilo que era el que la movía, lo hacía de arriba abajo. Luego me fijé un poco más, y me di cuenta de que también tenía un hilo que salía de cada uno de sus brazos, y de sus piernas. Estaba clarísimo alguien movía sus extremidades, su cabeza, y su boca. Alguien le hacía hablar y decir lo que decía. Rosario no era una mujer de ideas propias. Era una marioneta de carne y hueso que interpretaba un papel. Luego fui dándome cuenta de que los hilos de Rosario salían también de Maria Antonia, y de Mariana, y de Ricardo.
En el metro todos estaban sujetos por hilos que a simple vista no se percibían, pero que si te concentrabas en un punto, los veías estupendamente.
Ahora ya no busco el halo sino el hilo que dirige los pensamientos y las actitudes de los que me rodean. Luego, cuando se sientan y descansan, los hilos se aflojan y se quedan como muñecos inertes. Sin nada qué pensar, como esperando que alguien vuelva a recoger sus cuerpos y los active.
Los mueve la prensa, los mueven los políticos, los mueven los líderes, los mueven los amigos, los mueven los padres o los hermanos. Estamos llenos de hilos invisibles que tiran de nosotros y nos levantan de la silla, nos hacen andar, y hablar, y enfadarnos. Hasta que nos sueltan por la noche y nos dejan abandonados y sin fuerzas. Vacíos para poder dormir.