Textos

martes, 28 de abril de 2015

“GUS Y LA CASA VOLADORA” EN MARISTAS, ALICANTE


                       










No se puede mover, dice el oculista. Y yo erre que erre. Pues he quedado en Alicante con los alumnos de cuarto de Maristas y no los pienso dejar empantanados. Me mira por encima de las gafas. No sabe acaso que se le puede desprender la retina y eso es gravísimo. Eso se quita con alegrías, le contesto.  Prometo ir en Ave. El lunes le daré una respuesta, dice y se marcha tan campante. Me paso el fin de semana escuchando audio libros: “Crimen y castigo” e “Historia de dos ciudades” novelas que todavía no había leído y aprovecho mi invidencia  para escucharlas mientras mantengo el ojo cerrado.
“No se preocupe que el AVE no tienen cigüeñales, ni tapa del delco, ni correa del ventilador” le digo el lunes nada más entrar en consulta. No tengo ni idea de qué van esos artilugios, pero se los escuchaba nombrar a mi padre cada vez que el coche pegaba saltos o se paraba. El AVE es otra cosa, no traquetea, se deslizan como si volara…
 Se rinde y me deja marchar.
Tenía cita en Maristas de Alicante para el día del libro desde el mes de octubre. Era consciente de que José Carlos, el tutor, se había trabajado “Gus y la casa voladora” con los alumnos y con los otros profesores.
No podía fallarles, y el ojo, como si se diera cuenta de todo, se clarificó lo suficiente como para no tener que permanecer todo el encuentro con gafas de sol.
Vi entrar a los alumnos en fila, silenciosos, expectantes. Ocupaban sus asientos en el salón de actos y me fui poniendo nerviosa. Me miraban y se sentaban. Algunos cuchicheaban. Cada vez entraban más y más. No podía imaginar que tanto niño hubiese leído y trabajado a Gus.
El día de la presentación de esa, mi primera novela infantil, cogí el libro en la mano y soplé como se sopla a un vilano, pidiendo que volara muy, pero que muy alto. Y mientras iba viendo que los niños ocupaban su asiento, comprendí que era cierto, que mi deseo se había cumplido, que Gus había volado alto gracias a Jose Carlos, a Maristas, a Salesianas, a las Esclavas del Sagrado Corazón.
Tengo claro que los niños dicen lo que piensan, que cuando se aburren, desconectan, que si te pones muy pesada, hablan por los codos. No en vano he sido niña y con muy poco aguante para los pesados.
Comienza el acto y se inician las preguntas. Son preguntas estupendas, propias de quien se ha leído el libro y quiere saber. Les preocupa que un personaje diga tacos. Les explico que los malos actúan así, son prepotentes, avasalladores y malhablados. Quieren saber por qué se me ocurrió la historia de una familia tan numerosa, por qué vuela el sillón, por qué “La armada invencible”, por qué Clarita es gafe, y por qué los neandertales pintaban en las cuevas con las pinturas que les prestó Clarita.
Y por fin me leen el trabajo que han preparado por grupos. Un comienzo original, una alternativa al nudo, un final diferente  y otros personajes.  Me gusta tanto la creatividad que desbordan que me animo y les digo que voy a escribir una segunda parte, que se me llena la cabeza de ideas solo de escucharlos.
Termina el acto con la dedicatoria del libro. Voy muy rápido, demasiado. Son muchos niños y el autobús espera. Mientras firmo, alguno me anima a seguir, a escribir una segunda parte. Sí, escríbela, me sugiere otro en voz muy baja. Les prometo que si lo hago tomaré en cuenta sus sugerencias y que los nombraré en el libro.  Una niña me dice que las ilustraciones son demasiado pequeñas. Estoy de acuerdo con ella. Valentí Ponsa se merecía más  espacio en el libro.
Les preguntó con mucho miedo si les ha gustado la historia. Jamás hago esa pregunta a los adultos, pero los niños dicen la verdad. Ellos contestan al unísono. Siiiii. Y a mí, de pronto, por arte de magia, se me cura del ojo.
 Lo sabía, las alegrías lo curan todo. 
Estará contenta, me dice el oculista cuando regreso el lunes a revisión. El ojo está casi curado. Y yo no le cuento por qué ha sido, pero fue aquel siiii, tan espontaneo con los brazos en alto el que me curó. No hay duda.
Gracias a José Carlos, al resto de  los tutores de cuarto. Gracias a Amelia de 4ºB, a Irene Costa de 4º A, a Inés L, Julen, Inés V, Carlota de 4ºD, a Ismael de 4ºC por encargarse de hacerme las preguntas. Y, por supuesto, a Elena Hernández  de 4B por leerme ese nuevo principio que entre varios habían organizado, lleno de patitos y patazos. A Irene de 4ºC por ser la que leyó un cambio en el nudo con un Pipitono extraterrestre enamorado de Clarita, a Roberto por ser el que me contó lo que había tramado con Guille, Guille E y Germán de 4º D para pillar al tramposo de Strogonof, y a Javier Sánchez por trasmitirme las ocurrencias de 4ºA con la visita a los faraones, a Moisés y por la sugerencia de que no nos asustemos si algún día vemos un sillón volador. Al fin y al cabo no son más que ellos, los personajes de la casa voladora.

Gracias a todos los que participasteis y me curasteis con vuestra atención y cariño. Y por favor, no dejéis nunca de inventar historias como las de Pipitono y los patitos, porque se curarán todas vuestras enfermedades y disgustos.

viernes, 17 de abril de 2015

LAS CADENAS





Ayer por la mañana recibí un WhatsApp  en el que me decían que si rezo una novena a San Pancracio, se me pasarán todos los males y se cumplirán todos mis deseos, pero que luego lo debo reenviar a 10 personas, y que de nos ser así, multiplicarán mis desgracias al mil por uno.
Por la tarde noté un ojo borroso y me fui a urgencias. En el Hospital me dijeron que tenía un derrame interno, que podría ser grave por si se me desprendía la retina, y me recomendaban reposo absoluto. Bueno, pues fue salir del hospital y caer cual rana en plena calzada. No solo me preocupó que habría sido de mi ojo ante tamaño trompazo, sino que no se me acercara nadie. Deduje, como ya he colgado en otra entrada, que estaría la calle hasta la bandera, ya que según estudios psicológicos muy cotejados, cuanta más gente haya a tu alrededor, menos te atienden. Por fin se acercó un grupo de tres ancianos, pero para mí sorpresa, no lo hicieron para socorrerme sino para contarme cómo se habían caído ellos  en diferentes etapas de su vida. Me apoyé en un coche y traté de incorporarme, mientras uno me señalaba, estirando el brazo y haciendo crecer su dedo índice hasta alcanzar dimensiones extraordinarias, una esquina para que me hiciera una idea del lugar exacto de su último percance. Intenté andar y  poco a poco  lo logré, cosa que regocijó una barbaridad a los ancianos. Después de lo cual me despedí y los dejé ilusionadísimos contándose sus desgracias y la ubicación de las mismas.
Decidí regresar en un taxi a casa porque lo que me seguía preocupando no era haberme roto el hueso del pie, ni haberme llenado de heridas la rodilla, sino que se me hubiera desprendido la retina, esa que andaba renqueante con el derrame de las narices. En cuanto el taxista vio mi pantalón desgarrado y mi cojera, se le soltó la lengua y me contó con todo lujo de detalles, que su cuñado, ya ve usted,  había fallecido de un infarto encima de un plato de fideos. “Es que no somos nada.”
La verdad, no veía la hora de llegar a casa. Desde entonces estoy encerrada e inmóvil. No he salido de casa, ni siquiera para que me venden el tobillo.

¿Será por no haber reenviado el correo en tiempo y hora? ¿Habrá sido San Pancracio por lo de la novena? ¿Por qué no dejaran de una vez de mandar esos correos tan apocalípticos?

martes, 14 de abril de 2015

CAMPAÑA ELECTORAL



                                              





Empezamos la campaña electoral y ya no hay quién los pare. Ahora nos quieren convencer, como siempre, de que lo que no han hecho hasta ahora lo van a hacer ya, pero ya mismo. El problema del que aún no se han dado cuenta es que la fuga de votos no se va a producir porque hayan salido corruptos hasta de debajo de las piedras. Porque eso, como ellos dicen, le puede pasar a cualquiera, sino que durante todo el tiempo que se han mantenido en el poder, unos y otros, no han hecho nada, absolutamente nada, para evitarlo.
¿Que los nuevos partidos serán igual?, pues es posible, pero lo que sabemos, lo que tenemos clarísimo, es que los que estaban no movían un dedo para evitar las puertas giratorias, los masificados aforamientos, las dietas desmesuradas e inútiles, los miles de asesores, las obras faraónicas, los no funcionarios que copaban la administración por arte de birlibirloque, la falta  de apoyo a la justicia, la utilización de la enseñanza para sus propios fines. Se puede conseguir votos de los católicos hablando de que acabarán con la ley del aborto y luego dejarla empantanada para no perder votos de los otros y luego volver a decir… Se puede hablar del trasvase y luego olvidarlo para no perder votos de aquí y de allá. Se puede pedir respeto para los trabajadores y quedarse con su dinero, se pueden montar cursos para parados y robar. Se pueden haber hecho la vista gorda para tantas cosas y luego decir que no lo harán más, que van a promulgar leyes estrictas. Demasiado tarde, ya no hay quién se lo crea. Porque el problema no está en los corruptos sino en las leyes que los amparaban y contra las que ninguno de los partidos tradicionales, movieron un dedo para acabar.
Es por pura salud democrática que esto cambie, o que, por lo menos, el pueblo pida un cambio. Ya no cuela lo de los corruptos, ni lo de que los nuevos también lo serán. Lo importante es que el pueblo no perdone el incumplimiento, ni la chalanería. Y eso ha durado años y años, con un partido y con el otro (el tú más, da hasta nauseas)
Nadie cree a estas alturas que un determinado político les haya salido rana por sorpresa, cuando ya fue denunciado hace muchísimos años en su parlamento. Hemos presenciado tantos desmanes, que si no hay un cambio, estamos perdidos. No importan las ideas, pueden ser de izquierdas o de derechas, pero hay que mojarse. Se puede decir que se parará la construcción del AVE, o que la Seguridad Social será solo para los españoles. Se puede anunciar una subida de impuestos para apoyar a los más desfavorecidos y arriesgar votos, o proponer la ayuda a la empresa para crear puestos de trabajo. Se podrá estar de acuerdo con eso o no, perderán votos por ser sinceros o los ganarán. Pero hay que arriesgarse con programas en los que de verdad crean, porque al decir lo que piensan hacer con tu voto, están demostrando una  valentía que necesitamos. Pero engañar, conseguir apoyos a consta de lo que sea para luego hacer mangas y capirotes con ellos, huele rematadamente mal, es imperdonables y los españoles no nos lo merecemos.


sábado, 11 de abril de 2015

¿POR QUÉ SER EL MEJOR?








¿Por qué ser el mejor si se puede ser normal? Actualmente hay una obsesión en hacer de los chicos una especie de superhombres en pequeñito, de prepararlos para la lucha encarnizada. Los llenan de actividades al salir de clase, les apuntan a deportes, a saltos de altura, patinaje artístico, qué se yo. Les obligan a competir, a ganar por encima de todo y, sin embargo, olvidan enseñarles a ser auténticos amigos, a comunicarse, a respetar otras formas de ser y actuar. Se olvidan de enseñarles lealtad, a levantarse cuando caen, a ponerse en el lugar del otro,  a perder,  a ayudar a personas mayores o enfermas. No les enseñan a hacer un alto en el camino para recoger al otro. Pero, sobre todo, no les enseñan a reír como locos, a jugar como locos, a inventar como locos, a atreverse, a vivir un mundo lleno de fantasías y esperanzas. La vida que les espera, dicen los padres, es  demasiado dura para perder el tiempo en imaginar, comprender, jugar, reír. Y a esos héroes pequeñitos se les enseña sobre todo a odiar, unas veces a ese  progenitor que, aunque se marchara, los continua queriendo más que a nada en el mundo, a los que no hablan su idioma, a los que hicieron daño a su abuelo materno o paterno allá en por el año… Enfrentamiento, lucha, principios impuestos y dolor; muchísimo dolor.
Un psicólogo me comentaba que es tan baja la capacidad para superar adversidades de algunos adolescentes, que se suicidan por algo tan simple como que les den calabazas, les suspendan, no ser seleccionados para el equipo... Es el primer rechazo que han sufrido en su vida, me decía. Ni un límite hasta el día que se enamoran. El superhombre cae derrumbado al tropezar con la primera piedra de su camino. Como si no supieran los padres todas a las que se van a enfrentar. ¿Qué ocurre entonces? ¿Acaso solo queremos triunfadores a costa de su humanidad, de sus principios, de su felicidad?



miércoles, 8 de abril de 2015

DELITOS CONTINUADOS

                                   






Tenía un profesor de Derecho Penal que era un auténtico comunicador. Nos mantenía al borde de la silla desde que empezaba la clase hasta que se marchaba.  Todavía recuerdo cómo nos hablaba de los delitos  y las penas mientras paseaba de un lado para otro del aula. Lo hacía con altibajos de voz y elevación de brazos para crear más impacto. “Piensen ustedes en el caso de la asistenta que hoy roba una cuenta de collar; mañana, otra, pasado, otra… hasta acabar quedándose con el collar entero.” “¿Qué tenemos?” preguntaba, y proseguía su deambular por el aula sin esperar respuesta. “Un delito continuado tipificado en el artículo 74 del Código penal.” “¿Y que pena se aplica?” Entonces se hacía el silencio, solo se escuchaban sus pasos lentos, algún estornudo, nuestra respiración expectante, hasta que de pronto se paraba en seco, miraba a su alrededor y gritaba como si acabara de descubrir la piedra filosofal: “¡La pena máxima en su grado mínimo!”
Es absolutamente imposible olvidar el delito continuado cuando te lo explican de una forma tan didáctica. La verdad es que “el penal uno” lo suspendían muy pocos,  no porque el catedrático fuese un blandengue, sino porque no nos perdíamos ni una sola de sus clases. Y al terminar el curso éramos unos auténticos expertos en valorar las penas según los delitos o faltas cometidas.
Hoy, después de tantos años, y no habiéndome dedicado al Derecho Penal, todavía me aventuro a valorar el tratamiento dado a algunos delitos, los que continúan, claro.
Por eso, cuando leí en la prensa lo de las tarjetas black, recordé a mi profe paseándose de un lado para otro del aula, su brazo levantado, sus silencios, pensé; hoy una cena, mañana, otra, pasado, un coche, al otro, un viaje… Ya está, grité emocionada: como la asistenta y el collar. ¡La pena máxima en su grado mínimo!
Pero en estos tiempos ha debido cambiar mucho el Código penal porque no solo no han aplicado la pena, sino que casi meten en la cárcel al juez que quiso tomar cartas en el asunto. Por de pronto, lo apartaron de la carrera judicial. Luego dijeron que era una mala persona y un dictador y un … pero lo cierto es que hasta que no se cometió el delito continuado, nadie había movido un dedo contra el mala persona, y dictador, y mal juez, y…
 Por otro lado, en vez de dedicarme al penal, me dediqué al fiscal. Y no recuerdo en todos los años que pasé por la carrera, que las asignaturas estuviesen tan unidas como para que la asistenta que robaba una cuenta de collar, mañana otra…, además tuviera que pagar impuestos por habérsela llevado. ¿A qué tipo iría la cuenta?, ¿al reducido o al normal? Menudo lío tienen ahora los ladrones, no se les condena por el delito cometido sino por el IVA e IRPF que debió ingresar en las arcas públicas. Y como una cuenta de collar por sí sola, no alcanza el valor para que sea delito fiscal, pues aquí paz y después gloria.

Que difícil se hace comprender el mundo cuando te vas haciendo mayor. Y luego hablan de lo complicado que es el whatsApp o twitter, o likedin. Si eso es pan comido en comparación a cómo nos venden la moto, ¿digo moto? ¡La motosierra!