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jueves, 18 de febrero de 2010

TUTANKAMÓN Y EL DERMATÓLOGO







Ya sabemos a ciencia cierta de qué murió Tutankamón. Mira tú por dónde. El hombre sufrió una enfermedad ósea a los 19 años. Y no solo eso, sino que se descubrieron nuevas patologías; mal de kholer, necrosis avascular del hueso navicular del pie, y presencia del parasito de la malaria o paludismo. O sea, un diagnostico certero, concienzudo, trabajado. Lo malo es que mi amiga Elena no ha tenido tanta suerte como Tutankamón y casi le sajan una protuberancia ósea del cráneo, convencidos de que se trataba de un quiste de grasa sin la menor importancia. Y lo que es peor, una vez descubierto que no era grasa, sino hueso, él medico, enardecido en su afán destructor, sin encomendarse ni a dios ni al diablo, utilizó una herramienta más apropiada al caso, una especie de sierra eléctrica (o como se llame el artilugio) con la que intentó cortarlo. Oiga, que me tiembla todo el cuerpo, dijo ella, que aún anestesiada sintió el peligro. Bueno, quizás sea mejor dejarlo para que haga la intervención un cirujano máxilofacial. Y es que el intrépido doctor era dermatólogo y poco ducho en la sierra eléctrica o lo que sea. Luego lo cerró, le dio unos cuantos puntos, y aquí paz y después gloria. Mi amiga ha estado una semana con la cara deformada y una inflamación que la hacía parecer un monstruo. La infección que ha tenido ha sido de campeonato, los dolores, insoportables, y el aspecto de terror. Todavía hoy, dos semanas más tarde, tiene los ojos inyectados en sangre y la nariz hinchada. Pero eso no tiene la menor importancia, porque lo cierto es que nunca pasa nada. Los errores médicos se suceden sin que se le mueva una ceja al facultativo.
Siempre he pensado que los médicos se arriesgan mucho porque el cuerpo humano no siempre responde de la misma forma, y que no se les puede estar denunciando a toda hora. Es cierto. Creo que merecen un respeto y un margen de confianza, vale. Pero si se protegen entre ellos en asuntos como este, la cosa ya varía radicalmente. Porque lo del dermatólogo aserrador me parece de juzgado de guardia.
Y mientras, Tutankamón diagnosticado con certera sabiduría. Y es que cuanto más avanza la ciencia, más inútiles nos volvemos en el aquí y ahora.

3 comentarios:

Angel dijo...

bueno, es que la ciencia ya se sabe; en realidad no es más que un inmenso listado de errores que hemos ido corrigiendo con el tiempo mientras volvemos a emborronar.
De todas formas, a mí estas descripciones tan minuciosas de cómo murió alguien hace la tana de años me resultan bastante "sospechosas".
Besitos

leo dijo...

Pocos gremios hay más corporativistas. Como a mí en algo me toca, no me pronunciaré al respecto, que el demonio las carga.
Pero lo de Tutankamón me parece increíble. Sueño con la radiografía que muestra su fractura de fémur ;-))
Un besote, reina.

Carmen dijo...

Leo. Yo creo que todo se perdonaría si no hubiera tanto corporativismo,aunque a lo mejor tienes razón, es un forma de defenderse por si las moscas.
Ah,por cierto, yo también me muero por los huesos de Tutankamón.

Angel,a mí también me resultan sospechosas las explicaciones. A lo mejor tendremos que esperar siglos para que alguien nos explique la gripe A, por poner un ejemplo. Ah, si Tutankamón la hubiera padecido, ahora lo sabríamos todo de ella. Que mala suerte, ché.