jueves, 17 de enero de 2019

LOS EUROS NUBIOS



                                   




Vivir la época del timo por antonomasia y que te coja ya talludita, tiene sus ventajas. En primer lugar porque te arriesgas menos y en segundo, porque los ves venir, aunque no siempre.
Compré dos entradas en Atrápalo para el teatro y, por si las moscas, pagué un seguro que me ofrecían, ya que nunca se sabe. El caso es que las moscas hicieron su aparición y, como  la gripe está que arde, pilló a mi amiga con fiereza. Traté de hacer uso de mi seguro para anularlas, pero no había modo ni posibilidad de hacerlo. La respuesta en la red era siempre la misma, que no era su culpa, que a quién Dios se la de, San Pedro se la bendiga... Traté de llamar por teléfono para ver si me daban razón y esperé, escuche música, interrupciones y palmaditas en la espalda para que continuara en línea que ya venían, mujer. Y por fin el clic de colgar. Como soy de resistir, lo intenté hasta en tres ocasiones. Unos días más tarde recibí un correo la mar de cariñoso de Atrápalo, interesándose por la función y preguntándome si me había gustado. Les pedí que me explicaran para qué había pagado yo un seguro. La contestación fue más esotérica si cabe. Me enviaban un enlace que se supone era la piedra filosofal que daba respuesta a mi pregunta y a todas las preguntas sobre el universo, porque al abrirlo la pantalla se quedaba negra como boca de lobo.
Me dediqué a buscar en “opiniones” la valoración que se hacía de dicha empresa en las redes. Los ponían, como imaginaba, a caer de un burro, pero la opinión que más me gustó fue la de los billetes de avión, porque todos hemos sufrido ese atraco alguna vez. Te muestran el precio de un billete para viajar a un precio asequible, pongamos 60 euros, pero ese precio solo es si pagas con tarjeta mastercard. Rellenas mil preguntas, das veinte mil datos, te intentan colar un seguro, dos maletas facturadas, un coche alquilado y varias ruedas de repuesto. Tú, que te crees un lince, mantienes la concentración para no caer en el engaño. Logras continuar el proceso en los sesenta euros, hasta que le das a confirmar. Y es en ese instante, justo ahí, cuando los sesenta euros se convierten por arte de birlibirloque en cien o más. Ya no tienes vuelta atrás. Llamas y escuchas música sin cesar, todos los operadores están ocupados. Según el timado que lo explicaba en la red, cuando dicen mastercard se refieren a tarjeta ¿Maestra? que ni sé lo que es ni creo que la tenga nadie. Así que te fastidias con el importe.
A mí me recuerda al crucero por el Nilo en el que unos chicos te enviaban mercancía desde una faluca a precios increíble, y cuando decías que sí, que te la quedabas, te doblaban el precio, porque según ellos se estaban refiriendo a euros nubios. En el Nilo te hacía gracia, porque era poca cantidad y los chicos estaban en malas condiciones, pero que Atrápalo nos engañe con el truco de los euros nubios, ya es de circo.

Da pena que la administración no ponga límite a esos desmanes, y como son lentejas, ha salido un portal que te avisa de las males artes de algunas empresas, se llama Scamadviser. Lo digo por si a alguien le sirve.  Yo por si esa empresa también tiene gestores ocupados y música de baile, me he encerrado en casa para que no entre ni un euro nubio más en mi vida.

jueves, 3 de enero de 2019

                                              




LA LITERATURA Y EL MARKETING









La tarea de leer se ha convertido últimamente en una prueba de obstáculos, y eso hace que cada día me cueste más hacerlo. Dejo un libro tras otro, un más vendido de esos, abandonado en la estantería de bodrios.  Y es que “el más de lo más” y el premio prestigioso donde los haya, ya no significa nada.
Hace años me presenté a un concurso de cuentos en el que tenían que votar los otros concursantes. El que más votos consiguiese, ganaba. Lo de la calidad y esas nimiedades eran lo de menos. Eso sí, fue un no vivir. Había algunos expertos que nada más ver tu escrito, te ponían por las nubes y te pedían que leyeras el suyo. Como soy facilona, los leía y me sabía mal no puntuarles. Así, a toda hora. Uno tras otro. La mayoría de los cuentos eran más malos que un dolor, pero no lo ibas a decir después de su esfuerzo en leerse todo lo que se colgaba en la red. A las doce de la noche estaba agotada de tanto leer, de tanto valorar y de tanto trasiego. Fue una auténtica lucha a muerte, hasta que me di cuenta del juego y abandoné a los autores y a mi relato a su suerte. Fueron días agotadores. Por supuesto ganó la más víctima, la que te contaba la historia más desgarradora, no de ficción sino de su propia vida, cuando respondía a los comentarios de otros. Quería infligirte un dolor “tremebundo” y un deseo “inenarrable” de que la votaras a ella o “fenecería” en breve. Decidí que nunca más volvería a presentarme a un concurso de resistencia. Aquello ni era literatura ni era nada.
Empezó a bajar mi moral y cada vez me daba más pereza leer. Luego me enteré de que a los conocidos de toda la vida les publican editoriales fuertes y de que la historia está tan retocada por los lectores de la editorial, que ni el propio autor reconoce su obra. Cantantes, actores, presentadores, contertulios y periodistas llegados de los confines del mundo llenan la Feria del libro con colas que dan varias vueltas al ángel caído y desembocan en la caseta.  Eso no debe ser nuevo, pero sí más normal ahora que antes. Se cuenta que sir Conan Doyle preguntó un día a su hijo si había leído su última novela, a lo que él contestó. “Y tú, ¿la has leído?” En cualquier caso, primero se hizo famoso y luego pagó negros para que la literatura le continuara aportando pingües beneficios.  Ahora por lo que se ve, o vendes que te las pelas habiéndote editado tú mismo en Amazon, o te quedas con las ganas de que una editorial apueste por ti.
En la feria del libro de Fráncfort, se apuntó un dato esclarecedor. Los escritores ya sean editados por ellos mismos o por editoriales, dedican el 59% de su tiempo a tareas de marketing y comunicación de sus libros, especialmente en internet.  Un escritor hoy no puede dedicarse tan solo a escribir. La diferencia de escribir en la era de internet, es que un autor no puede permitirse desconocer todo sobre el mercado donde va a vender su obra. Debería conocer antes la situación y las mejores estrategias para crear lectores. Ya no es la editorial la que se encarga de ello, menuda pereza y riesgo. Al fin y al cabo es un negocio, dicen. Y ¿la calidad, la originalidad y la creatividad? Desengáñate; un negocio. Y así les va a las pobres librerías que luchan a brazo partido para sacar adelante su negocio, sus descubrimientos, sus apuestas.
La crisis pudo con el mercado y hoy tenemos treding topic, influencer y demás fanfarria, pero de literatura, un poco menos. 


domingo, 16 de diciembre de 2018

                                               LAS GALLINAS Y SUS HUEVOS 




Acabo de leer en el periódico que PETA insta a las feministas a no comer huevos de gallinas para no contribuir a la explotación de las gallinas. Los huevos los ponen las gallinas y las gallinas son mujeres, así como las vacas, cuya leche proviene de sus tetas y son suyas. 
Han demonizado los piropos pero no el Burka. Prohíben los coches diesel perjudicando a propietarios de coches viejos. Luchan contra la venta de armas y no son conscientes de que con las propuestas de esas medidas dejan sin trabajo y condenan a la indigencia a miles de familias trabajadoras. 
Seguro que existe una lógica, seguro que es aplastante, pero a mí se me escapa. Son problemas que en un país pobre ni se pueden plantear. ¿Imaginan que en Burundi,  Mozambique o Gambia se cuestionaran las gallinas, los huevos y la leche? 
Supongo que la opulencia social y económica ha conducido al empobrecimiento ideológico, y que a ese empobrecimiento ha ayudado el tiempo libre que el estado del bienestar otorga. Tiempo que se invierte en ver una televisión dirigida, y una redes sociales exacerbadas de consignas.  Todo esto hace que las portadas digitales se llenen de frivolidades elevadas a la solemnidad de causas humanitarias, de orgullos sexuales, de ecologismos mal entendidos. 
“Los países pobres excluyen el lujo de la incomprensión.” (Jhon K.Galbraith. La sociedad opulenta) Lo predijo y ha ocurrido. Esta superabundancia social con sus muchedumbres ociosas producen respuestas que en los países pobres son marginales, excepcionales o inexistentes. Son ideologías que solo se pueden permitir sujetos acomodados y sociedades ricas. 


jueves, 15 de noviembre de 2018

RAFAEL


                                               



Llamaste para decirme que querías beberte la última botella de Vega Sicilia "Único" con nosotros, que era del año 65, que no sabías si estaría picada, pero que probaríamos. Me pillaste de vacaciones y te dije que aún íbamos a tardar en volver. No importa, la tengo guardada para cuando regreséis. Y regresamos, y cumpliste tu promesa. Fue la última vez que te vi. Nos reunimos para degustar ese vino considerado como uno de los mejores del mundo. Dicen que todo amante del vino debería probarlo una vez en la vida. Y es que gracias a ti he probado el mejor vino, el mejor caviar y el mejor jamón. Incluso podría haber cenado en el mejor restaurante porque me lo propusiste. Fue uno de esos junios en los que nos reuníamos para ayudarte a hacer la declaración de la Renta y me decías que se me ponía cara de Hacienda. “O te invito a ti sola a Horcher o nos vamos los cuatro a un restaurante más normal.” Pero ambos éramos de compartir, de disfrutar, de discutir. Todavía recuerdo cuando regresaste de tu viaje a Rusia con autentico caviar, y quisiste compartirlo con nosotros, tu segunda familia. El apartamento que habíais alquilado parecía el camarote de los hermanos March: mis hermanos, mis padres, mis cuñadas, Sol...
“Hoy nos reunimos en casa de Falo porque ha traído caviar del bueno,” se rumoreaba desde primeras horas de la mañana. Creo que salimos a granito por barba, pero nos  supo a cariño, a generosidad, a familia. Nos supo a  ti.
Y recuerdo tus llamadas al cercarse la Navidad porque te habían regalado un buen jamón y lo querías compartir. Compartir, siempre compartir. Eras como un hermano más y, para no desentonar con el resto, un autentico “polemista”. Nunca supe si eras de derechas, de izquierdas, independentista, falangista o legionario. Todo dependía de la persona que tuvieses delante para llevarle la contraria. Largas noches de sábado enzarzada en peleas sobre cualquier tema, con mi taquicardia en bandolera. “Compréndelo”,  te justificabas. “Si tu dices una cosa y te doy la razón, se acaba la tertulia”
 Te encantaba estrujarte la mente para argumentar, para hacer de abogado del diablo. Cuántos arrebatos, cuántos panchitos degustados en noches  de sábado.
Mi sexto hermano, el único que tenía en Madrid, el que paseaba por el Retiro y escribía versos preciosos, el que mandaba cartas al director para quejarse de lo mal que se ponía todo. El que jugaba a pala y era tan fuerte, el que envejeció sin aparentarlo, el que dormía mal por culpa de las dichosas piernas inquietas, el que construía barcos y camiones para sus nietos, el que les contaba cuentos preciosos, el que cenaba esa pera dentro del yogur que le preparaba Sol noche tras noche. El hombre profundamente religioso, el abuelo, el esposo, el hermano, el padre.
Adiós, mi querido primo poeta. Espéreme en el cielo cargado de argumentos, que yo ya empiezo a preparar los míos para rebatírtelos.


sábado, 15 de septiembre de 2018

SÁNCHEZ Y EL TRACTATUS






Llueve “Detrás de los cristales llueve y llueve” (entrecomillo para no faltar). 
Desde hace una semana anuncian tormentas y lluvias en Alicante. No he dejado de bajar a la playa ni un solo día. Si ha llovido, ha sido de forma tan tenue que en minutos se han secado los charcos. Puestos a no fiarme de nadie he organizado una cena en la terraza esta noche y por desgracia se han cumplido por fin los constantes y permanentes vaticinios de la Agencia Estatal de Meteorología: llueve. 
Vivir en “una nación de naciones” (vuelvo a entrecomillar) en la que las noticias falsas, la falta de escrupulosidad y el mangoneo es común, tiene eso, que una ya no se fía ni del AEMET, ni de los títulos universitarios, ni de las imputaciones de la fiscalía, ni de las sentencias judiciales, ni de las noticias de la prensa, ni de las promesas de los políticos, ni de lo dicho en las redes sociales, ni siquiera de la hora de recogida de basura. Es un continuo dudar de todo y de todos que te mantiene en estado de insomnio galopante y muy perjudicial para la salud. Duermo mal y me despierto como desmesurada, ya ni siquiera tengo claro si inventarte un título y colocarlo en el currículo es lo mismo que haberlo conseguido con el beneplácito de los catedráticos y la universidad. 
Si mi tía Remedios hubiese sido parlamentaria, le habrían puesto una moción de censura por engañar con la edad. Ella era así, le gustaba descontarse
 años en vez de cumplirlos. Murió con diecinueve, rodeada de hijos y nietos, pero eso es otra historia.
Yo a Sánchez le hubiera concedido el Cum Laude por profundo. Tiene frases certeras y con enjundia que lo han acompañado en su lento pero certero peregrinar hasta la cima. “No, es no”, pongo por caso.  Cuando lo soltó solo tenía dos opciones si no quería nuevas elecciones, o se aliaba con los separatistas o con la derecha; no había más lana que cortar. Él soltaba la frase y se quedaba tan pancho, como muy sobrado. Era como leer a Wittgensein y el Tractatus: podías pasar noches en vela tratando de descifrar el enigma y no lo lograbas. 
¿Acaso no merece eso un Cum Laude con corona de laurel y cantos de lira? 
Ahora repite cual mantra que se necesita dialogo con los separatistas, aunque ellos han repetido hasta la saciedad que solo admiten dialogo partiendo de la autodeterminación y de la proclamación de la Republica catalana. Oye, pues el tío “dale perico al torno”. ¿Es hábil para conseguir que nadie se ponga a analizar sus frases? ¿Se merece un Cum Laude?  Pues claro que sí, y si por fin llueve y caen chuzos de punta, no es más que lo que nos hemos buscado, porque saber lo que quiere, lo sabe. A los que nos faltan entendederas es a nosotros, al resto, a los demás.

domingo, 26 de agosto de 2018

NOTICIAS FALSAS


imagen: Rafal Olbinski


Cada día recibo un guasap manipulador: la mayoría de las veces, más de tres. 
Pont Avui difundIó imágenes de violencia policial de 2013 como si fueran del 1 de octubre en Barcelona, y los agresores fueran los policías nacionales contra los independentistas catalanes. 
Me envían un vídeo falso de inmigrantes atacando una cafetería y abriendo la caja registradora con violencia. Al fondo un mensaje reza: ¡Refuges Welcometo Spain! Ese vídeo no está grabado en España sino en Sudáfrica a finales de 2015. 
Las noticias falsas son un fenómeno contra el que las autoridades están haciendo grandes esfuerzos, dado el daño que pueden crear entre la población. Buscan la confusión, influir sobre las decisiones personales y dañar la imagen de determinadas personas, entidades o instituciones. 
No son inocentes, tienen un objetivo claro; sembrar el odio a personas, instituciones y organismos. 
Algunos celebres experimentos de Psicología nos muestran la importancia de crear un caldo de cultivo de odio y dejar que la semilla crezca. Comienza un rumor que nos hace cuestionar nuestros principios, aunque la lógica nos dice que no es así.
¿Nos dejamos influir por la mayoría? ¿Podemos estar ante falsos consensos continuamente? Un 10% opina una cosa y se les sigue sin cuestionar. Estamos exponiendo la capacidad de percepción. 
Están de moda los “influencer” que, como su propio nombre indica, tratan de influenciarte, dirigirte, obligarte a interpretar las cosas de forma distinta a como las sientes. Mediatizados por el entorno, ¿hasta dónde somos capaces de llegar. 
El Experimento de la Cueva de los Ladrones de Sherif en el año 51, puso de manifiesto la facilidad para enfrentar a grupos homogéneos. Llevaron a niños de unas creencias y educación similares a un campamento, los dividieron y les pusieron nombres diferentes para distinguirlos. Luego les obligaron a competir. A partir de ese momento se crearon prejuicios entre los grupos, generalizaciones. Y al cabo de cuatro días hubo quema de bandera, peleas, encontronazos. Se crearon fricciones entre los colectivos, se dejaron llevar. 
Se crean conflictos sociales sin haber nada, simplemente generados mediante la competición. 
Es por eso, que cada vez que recibo un mensaje que me incita al odio, lo compruebo en google, y una vez que he detectado que es falso, envío el artículo demostrando la mentira a quien me lo envía, y a continuación le mando un artículo de El Mundo today del tipo: “El monstruo del lago Ness ha tenido un ataque de furia y se ha bebido toda el agua del lago”, o “Un mosquito le regala un bocadillo a un hombre después de chuparle la sangre”. 
No puedo con las manipulaciones ni con las mentes propensas a caer en la trampa.