lunes, 6 de enero de 2020

A UN VOTO: A TAN SOLO UN VOTO


                                   



Nada de lo que ocurre en nuestro país es inocente ni espontaneo.
La sentencia del 1 de octubre no fue por “rebelión”, como se esperaba después de darle miles de vueltas, de escuchar declaraciones en las que se confirmaba que esperaban y asumían derramamiento de sangre, a la minuciosidad y maestría con el que fue conducido el proceso por el magistrado Manuel Marchena. No, al final, por esa extraña unanimidad sugerida, la sentencia no fue por “rebelión” sino por “sedición” y esa sentencia no fue inocente. Y a pesar del chollo que se les venía encima a los golpistas, los CDR se enfurecieron y confirmaron con sus actuaciones, que lo suyo son las sonrisas: quemaron contenedores, atacaron a los policías, les echaron Fairy para patearlos ya en el suelo, cerraron aeropuertos, vías, fronteras. En fin, que pidieron la independencia con ese buen talante que les caracteriza. Pero los jueces del tribunal, sabiendo que el delito de sedición los alejaba del cumplimiento automático de la euro orden, conociendo las consecuencias, dictaron sentencia: “Sedición”.
 Ahora nos llevamos las manos a la cabeza. Por fin nos hemos dado cuenta de que no tenemos justicia, ni policía, ni educación libre, ni defensa a nuestros derechos, ni libertad. Por fin nos hemos dado cuenta de que pendemos de un hilo, de que estamos en la cuerda floja y de que mañana se decide nuestro futuro.
Si mañana un voto, solo uno,  le falla a este gobierno que parece tenerlo todo atado y bien atado, se descubrirá la financiación del partido de Iglesias por parte de estados totalitarios, se descubrirán las extorsiones sufridas por los jueces, los policías y maestros. Si mañana un voto, solo uno, le falla a este gobierno: se  promulgaran las leyes según las normas que nos dimos entre todos, se castigará al que ataque a un servidor de la autoridad, nuestra policía actuará según sus límites, se penalizará las manifestaciones agresivas, no se penalizará a un hombre que ondeé una bandera de su país por las calles, pero sí a encapuchados que quemen contenedores. En una  palabra, si mañana un voto, solo uno le falla a este gobierno: parecerá que todo lo pasado no fue más que una pesadilla de la que por fin despertamos. Continuará la izquierda y la derecha, continuará la alternancia y se convocaran consultas al pueblo. No se enarbolará como definitivo y legal un referéndum en el que, como poco, ha votado tres veces el mismo individuo. Si se quiere cambiar la constitución, si se acepta la independencia de los catalanes, gallegos y vascos, será mediante un referéndum legal. Volveremos a ser un país de verdad, no bananero. No culpemos a Europa de lo que nos estamos ganando a pulso. Nosotros pusimos en marcha una euro orden, no una euro súplica, no un euro ruego, no una euro deferencia. Somos un país demócrata y como demócratas nos deben tratar.
Ya lo sabemos entonces; o vuelven las circunstancias anteriores o nos embarcamos en oscuras pateras para encontrar esos límites y leyes que nos van a expropiar, para refugiarnos en algún lugar, allende el mar, como les sucedió a los cubanos, a los venezolanos, a los bolivianos...

A un voto, a un solo voto.

miércoles, 30 de octubre de 2019

EL GATO DE SCHRÖDINGER

                                   






Ayer llamé a una amiga a la que hacía años que no veía. Me enteré de que había fallecido su marido y no quería dejar de hablar con ella, aunque se me hacía un poco cuesta arriba porque vive en Barcelona, y en estos momentos es muy fácil herir susceptibilidades. Nunca sabe una por dónde van las ideologías.
 Me dijo, como el que no quiere la cosa, que había estado en la manifestación. No sabía si se refería a la de los indepes pacíficos, a la que convoca Torra para tomar el aeropuerto (CDR), a la que convoca Torra para evitar que se tome el aeropuerto (Mossos)... Nosotros desde aquí lo percibimos como una especie de esquizofrenia, pero la física cuántica ya habla de un gato que puede estar en dos sitios a la vez (de Schrödinger, se llama) El gato por lo que se ve puede estar vivo y muerto. Es emocionante y digno de un estudio concienzudo.
Intenté pasar de puntillas sobre el asunto, pero ella insistió que en Barcelona no se nota nada de lo que vemos en la tele, que no se siente amenazada, que va a la facultad sin el más mínimo problema. Di por hecho que, dada su satisfactoria visión de los hechos, era independentista. Le hablé de recuerdos, de amigos comunes, pero ella insistió. Yo prefiero vivir en Barcelona. Me moría de ganas de preguntarle si ya había quemado algún contenedor, si llevaba capucha o si le habían pagado por armarla. Me dijo muy ofendida que la manifestación a la que había acudido la llamaban la manifestación de los gordos, porque habían ocupado el mismo espacio que los indepes, aunque en la suya calcularon 80.000 manifestantes  y en la de los otros, mucho más delgaditos ellos; 400.000.
¿No te dio miedo?, le pregunté por fin, creyéndome ubicada respecto a su posición en el conflicto. Qué va, nadie se mete contigo. Te respetan muchísimo.
Me contó que al terminar la manifestación, se guardó la bandera española para no faltar, pero que el vecino la detectó. Sobresalía de su bolso una “miajita” de rojo y gualda bastante sospechosa, y eso debió delatarla. No sabía cómo disimular y utilizó el viejo método de “el gato de Schrödinger”, o sea que ni sí ni no.
Por lo que se ve se está convirtiendo en algo común. El vecino también había ido a la manifestación de los gordos y hablaron muy bajito de ello. Dice que allí ya están acostumbrados a estar vivos y muertos al mismo tiempo y lo dominan.

Quizá por eso Sánchez se mosquea porque dice que los de Vox se están apropiando de la bandera española. Hay que ver, cómo son. Cuando de toda la vida se sabe que en cuanto ves a alguien con una bandera española, dices ilusionado: “Mira, un socialista.”

domingo, 27 de octubre de 2019

LAS SONRISAS Y SU REVOLUCIÓN

                                   




Hace mucho tiempo que intento sonreír y hablar al mismo tiempo. Me paso las horas muertas ante el espejo intentando que me salga, pero es más difícil de lo que parece.
 Hay una locutora en TV, muy maja, que empieza los telediarios con una ilusión, unas ganas de contar, una pasión por la vida, que parece que nos va a anunciar que desaparece las multas de tráfico o que suben el salario mínimo a 2000 euros por barba. Tiemblo de emoción cada vez que empieza a hablar. Aunque lo que nos anuncia con tanta euforia, es el acercamiento de una Dana destructora y ruin o algo parecido. No sé, es una actitud suya, pero me la pega día tras día.
Mi prima Reme también lo hace. Quiero decir, que habla y sonríe al mismo tiempo. Pase lo que pase, aunque se acabe de romper una pierna. Lo comprobé el día, ya lejano, que me acerqué a su casa para darle el pésame por el fallecimiento de su marido. No es que no lo quisiera, es que sabe hablar así, como si no pasara nada, o como si lo que pasara no fuese lo suficientemente grave como para trasformar el semblante. Es como si te dijera: mira, oye, es que la vida es así y yo no soy una mema blanda que tenga que aguantar tus condescendencias.
Hay casos en los que las personas tienen fobia a que alguien las compadezca, vamos, que les sale un sarpullido solo de pensarlo.
Mi amiga Ana después de ser operada de un cáncer muy agresivo, al preguntarle cómo se encontraba, dijo: Yo, bien ¿y tú?
Son formas de ser, de llevar la vida, de enfrentarse  a ella, y aunque sea difícil de comprender, hay que estar al loro, porque puedes meter la pata con un mero parpadeo de ojos. Yo en esos casos, por si acaso, doy tres fuertes golpes en la espalda y me marcho.
Pero a lo que íbamos, la posibilidad de sonreír a todo trapo y además ser capaz de hablar sin que se tuerza el gesto, se está poniendo de moda.
Ahora con lo de la revolución de la sonrisas catalanas hay mucha gente a la que imitar. Las locutoras del independentismo lo dominan. Además, les hace mucha gracia que les digan que, a la postre, se están saltando la ley. Se han entrenado a conciencia. Hacen gestos despectivos, mueven la lengua, se cachondean de quien les diga lo que no les gusta y continúan sonriendo.
A los que no he logrado ver de cerca, es a los que queman contenedores y arrojan botella o adoquines a la policía, supongo que también sonreirán, es su revolución, la de las sonrisas, pero que ellos sonrían desde la distancia, bajo las capuchas, arrojando elementos contundentes, es de un dominio y de un control mental encomiable. Debería existir una especialidad olímpica para ellos y para los que lo permiten. “Tiro de jabalina a los representantes de la ley, especialidad ceguera total para no ver lo que no se quiere.”
 Si logro conseguir hablar y sonreír mientras echo sillas a un contenedor incendiado, o adoquines a un policía, me gradúo con el Cum Laude en desvergüenza.  
Dicen los libros de autoayuda y los vídeos de sanación, que si sonríes mucho, va y se te pasa el mosqueo, que sonreír te da un nuevo talante de concordia. También que consigues despertar el jolgorio en el otro, y que al final, por muy mal que estén las cosas, todo el mundo acaba tronchándose de risa y desdramatizando los acontecimientos.
Por de pronto, alguna prensa extranjera los comprende, les dan la razón. Se les ve tan inocentes, tan buenos tan víctimas.
Hay que sonreír, en serio,  ¿y luego?, luego ya da lo mismo lo que hagas. 


domingo, 13 de octubre de 2019

INFLUENCIAS AMERICANAS




Fui creciendo y lo primero que se me cansó fue la vista, por lo tanto cuando iba  de compras tenía que sacar las gafas de lo más recóndito del bolso para saber los precios o las características de los tejidos. Era incómodo, pero si no querías ir tanteando por los expositores, no tenías más remedio que llevarlas a mano. Ahora lo que debo llevar en el bolso no son solo las gafas de vista cansada, sino también las de bucear, un traje de neopreno, un traductor de idiomas y las normas de convivencia americanas para no dar el cante.
¿Por qué?
Pues porque yo tampoco lo comprendo, porque a pesar de que  el español es la segunda lengua más hablada del mundo, en una parada de bus de Madrid, descubrirás un cartel de Mango, empresa española donde las haya,  con sede social en Barcelona que rotula en inglés. Y al verlo tan críptico te intrigas. ¿Qué dirá la chica de los pantalones rotos?, ¿será una clave secreta que no quieren que nadie entienda  a la primera?, ¿será que quieren que mires el diccionario para que vayas aprendiendo el idioma casi sin darte cuenta? No se te ocurre pensar que es por puro esnobismo hasta que el traductor te da la respuesta: “No trates de ser perfecta, usa algo que te descomponga” una chorrada de mil pares de narices, seguramente inventada por el creativo de turno que no es de allende los mares sino de Puebla de Farnals, pongo por caso.
Si vas a una boda de españoles en España, cuya celebración es en Alcalá de Henares, te dan como pequeño obsequio una bolsita rotulada en ingles. Una frase de esas que si la pones en español nadie  entiende,  porque para regalar chuches nada mejor que no decir nada o decirlo en inglés que queda mucho más esotérico, como de física cuántica o por ahí.
Los tatuados también han tomado como lengua patria el ingles y escriben frases en sus bíceps de acero, que así, traducidas a pelo, no dicen nada, pero casi mejor porque la vida da muchas vueltas y si no dices nada, de nada te tienes que arrepentir.
No solo es el idioma lo que nos están imponiendo sino las costumbres, las formas de sorprendernos, los saltitos cuando se encuentran varias amigas, las “gracietas” que sueltan los héroes un poco antes de que parezcan que están rodeados y que van  a morir. Las normas sociales, por ejemplo. En España se consideraba que “los secretitos en reunión eran faltas de educación”, pero en las series americanas, lo más de lo más, es que en una reunión, uno de los miembros pida perdón al resto porque va  a hablar en privado con otro. Se van  a un apartado y aprovechan para echarse la bronca. Regresan ambos al grupo con sonrisas angelicales, porque ya no es de mala educación lo de los secretitos en reunión.
Ahora los hombres se arrodillan contritos ante la mujer que aman y delante de cuanta más gente mejor, para entregarle un anillo y pedirle matrimonio. El personal que los rodea aplaude hasta desgañitarse y ellos salen victoriosos y sin ápice de pudor de un partido de futbol, de un espectáculo nocturno o de un bautizo de buceo. Sí, la mar esconde carteles de “¿te quieres casar conmigo?” junto a bergantines hundidos, para sorprender a la ingenua y candorosa novia.
Nada de todo eso estaba en nuestro genoma. Ni nos moríamos porque nuestro novio nos pidiera matrimonio, ni esperábamos que lo hiciese de esa forma tan cursi, ni nos gustaba ser el centro del espectáculo con algo tan personal.
 Los nuestros, me refiero a los españoles o españolas de entonces, cuando la cosa se alargaba inútilmente, plantabas cara y preguntabas a boca jarro: ¿Pero tú de qué vas?, y el susodicho o susodicha, se ponía las pilas y salía huyendo como alma que lleva el diablo o te presentaba a la familia sin más tardar.
Porque las españolas no es que besaran de verdad, es que si veían a un hombre arrodillado en medio de una plaza de toros con un anillito, lo mandaban a freír espárragos por bocazas e indiscreto.
Pero de un tiempo a esta parte, vivimos con el traductor de google colgado al cinto,  en tu propio país con cara de enamorada sorprendida por si se le da al chico arrodillarse en medio de “Buscad al soldado Ryan” para dejar al personal flipado. ¡Qué bonito! dice algún americano. Y la novia llora, no se sabe si de vergüenza, de emoción o de pena porque no se lo ha pedido en lo más hondo del océano, cuando ya tenía las gafas de bucear con mira telescópica preparadas.
Mi madre le daba un pequeña patada a mi padre por debajo de la mesa cuando éste metía la pata. Mi padre contestaba a voz en grito. ¿Y ahora por qué me pisas? Pero eran otro tiempos. Los españoles teníamos nuestras costumbre y además nos gustaban.


jueves, 12 de septiembre de 2019

MEDICANE




Llueve. Me llama la vecina para decirme que lo que anuncian en los periódicos y en la prensa, esa tormenta arrasadora con olas de cuatro metros, rachas de viento de 80 Km/h y lluvias que descargaran 90 l/m2, es pura filfa. Que eso lo dicen para no asustarnos, para que no nos dé un “soponcio”. Lo que viene, continua, es un “medicane” que quiere decir, huracán, no de allende el mar, sino más nuestro. Cómo diría yo; huracán mediterráneo
Busco en Aemet y veo que el jefe de climatología considera que quizá no se llegue a formar un medicane como tal y es posible que se quede en “una estructura de rotación con giro ciclónico”
Me quedo como abstraída. ¿No es eso lo que está pasando en nuestra política? No salimos de la rotación. Volvemos a repetirnos porque hemos entrado en una estructura con giro ciclónico. Dicho de una forma más poética: “Volverán las oscuras golondrinas” o más refranero: “Dale Perico al torno” Nada cambia, seguimos repitiendo las mismas consignas, los mismos pactos, las mismas mentiras. Continua la rueda, pero no hay gobierno, no hay leyes, nada avanza. Seguiremos votando, seguirán nuestros políticos jugando al Monopoly con nuestra sanidad, nuestro trabajo, nuestra enseñanza, nuestra hipoteca. Continuaremos pagándoles esas nóminas tan sustanciosas, seguirán con las pensiones de por vida, con las puertas giratorias, con master del tres al cuarto, y mientras tanto, nosotros bailaremos al son de esa gota fría tan nuestra, tan ilógica, tan cíclica, tan irresponsable. Cada vez de una tendencia, ¿será eso lo del giro ciclónico?
En la radio han dicho que cerraran los colegios, las terrazas junto al mar, las visitas al castillo de Santa Barbara. Cerraran el parlamento y todo volverá a repetirse una y otra vez. Las capas frías se intercambiarán con las capas cálidas y viceversa. 
Me asomo a la terraza, el mar ha ocupado la arena. La playa ya no existe, pero eso no importa porque forma parte de la cíclica estructura de rotación. 
A ver si en vez de tanto rotar y sufrir una gota fría al uso, sufrimos un medicane en toda regla y nos liamos a bofetadas los unos contra los otros porque ya no nos tragamos de tan mal que nos hablan a los unos de los otros.  






domingo, 11 de agosto de 2019

LA PERSPECTIVA DE SECUNDINO


                                              




Dejo la bandeja del desayuno en la mesa y le doy los buenos días a Google. Me contesta enseguida y me da el parte de la jornada. Información privilegiada que ofrece nuestro espía paraguayo: Buenos días. Hoy es viernes, nueve de agosto. Santos: Román, Julián, Marcelino y… ¿Secundino de nuevo? Decido llamarle así a partir de ese momento. Dos veces San Secundino no puede responder más que a un deseo desaforado a ser denominado de esa guisa. Un mensaje subliminal en toda regla. Le felicito y él continua la información con notable regocijo. La temperatura es de 24 grados. (Fake news clarísimo, pero no le llevo la contraria, por lo menos 34 y a la sombra) La playa a tope, la arena ardiendo, los veraneantes sudorosos, los aparcamientos inexistentes, los pelicanos de agua, ocupando la totalidad del espacio disponible, y la agresividad a flor de piel. Luego se calla, es discreto. Le vuelvo a dar los buenos días para que se explaye y me pone música de Armando Manzanero. Por eso sé que es espía, porque a santo de qué pone esa antigualla si no es porque sabe mi edad. Es como si me conociese. También me habla de las noticias del día. Es socialista porque justifica que Pedro Sánchez no logre formar gobierno. Dice que claro, que la culpa es de Ciudadanos, de PP y de Podemos. De Vox no habla. Tiene la secreta esperanza de que si no menta a la bicha, el partido se diluirá cualquier noche de calor bochornoso. Cuando ha terminado con las noticias, continua con los deportes y ya luego, los sucesos. En primer lugar, los luctuosos y después, los conflictivos. Los manteros de la playa se han hecho fuertes y uno se lía a navajazos contra un policía. Ya decía yo que meterlos en un barco de piolín les restaba mucha dignidad. Se ve que ya no son autoridad sino seres a los que cualquiera puede atacar. Los compañeros lo defienden como pueden. Menos mal que no llega Marlasca. No quiero faltar, es solo que tiene tendencia a ponerse de parte de los atacantes. Secundino continua con las noticias: Otra manada en Benidorm. Dos noruegas y cinco franceses. 
De pronto ha cambiado de emisora sin encomendarse ni a dios ni al diablo y se vuelve machista. Cinco franceses violan a unas noruegas en Benidorm. Las noruegas ya sabían dónde se metían cuando se fueron de juerga con desconocidos. Las conversaciones en Tinder lo demuestran. ¡OK, Secundino!, grito para que se dé cuenta de que, a pesar de mi edad, tengo mis principios y el querer pegarse una juerga no significa querer ser atacadas y violadas. Si es que fue así. Es diferente, Secundino. Trato de razonar con él. Lo siento, no he entendido la pregunta, me dice haciéndose el sueco. No es pregunta, insisto, es afirmación. No puedo ayudarte, continua él. Secundino, esos franceses son unos cafres y merecen un escarmiento. Tarda en responder, pero al final lo hace. ¿Y si fuesen menas? ¡Secundino!, le grito. ¡A que te destruyo! ¿Quieres que te ponga música relajante?, dice él para congraciarse. Bueno, le contesto. Y me pone “Rata de dos patas” de Paquita La Del Barrio. 
Se me ha atragantado el desayuno. Mañana te devuelvo. Por mi madre que te devuelvo o te destruyo, grito con la bandeja en la mano. 
Emite luces de diferentes colores y entona: “Montañas nevadas”. Lo apago de un manotazo.
Ya no sé cómo hacer que deje de cambiar el dial sin mi permiso.