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domingo, 14 de marzo de 2010

PORQUE EL RENCOR CUESTA MENOS QUE EL OLVIDO





Leo en el periódico que conmemoran el atentado del 11 M por separado; PP por un lado, PSOE por otro. Y yo pregunto: ¿Pero de qué van nuestros políticos?
Ya es hora de que los ciudadanos pongamos un poco de cordura dónde no la hay. ¿Acaso es posible vivir en un país en el que se inocula el odio desde la infancia? Quieren que los vascos y los catalanes odien al resto del país. El resto del país a los catalanes y a los vascos. Los de derechas a los de izquierdas, los de izquierdas a los de derechas.
Me recuerdan a esas familias en las que los padres separados enseñan a odiar “sin medida ni clemencia” al otro cónyuge. ¿Cómo es tu padre, hijo mío? Le preguntaba una mujer a su hijo, ya adolescente. El chico se levantó como si le hubieran dado cuerda y dijo: Un hijo de puta. Luego se volvió a sentar.
Se enseña a odiar al padre, a la madre, a los abuelos, a los tíos, a la enemiga de mamá, o al vecino del cuarto. Se enseña a odiar desde la cuna, desde los colegios, desde los recuerdos. Los rojos torturaron a tu abuelito, nene. Los fachas lo mataron, corazón. ¿Y cuándo fue eso? Hace tantos años que no conoces ni a tu abuelo ni al torturador, pero no lo olvides, que el frutero de la esquina tiene las mismas ideas que el torturador de tu abuelito, ángel mío. Y así un día, y otro, y otro.
El verano pasado visité el Elizondo, un pueblo navarro precioso. Se celebraban sus fiestas y hubo una cabalgata. Salía una carroza en la que un falangista pegaba a un niño por no hablar español. ¿Sabrán esos niños quienes son los falangistas? Bueno, esos sí lo sabes. ¿Pero los demás?, el resto de los niños o jóvenes ¿los saben? No presencié al vasco pegando a un niño por no hablar euskera, porque estábamos allí. Pero cualquier día me lo enseñan en Madrid, por ejemplo. Porque cuando se trata de enseñar a odiar, lo bordan unos y otros. Nos abren tumbas, nos recuerdan la guerra, la recuerdan hasta aquellos que ni la olieron. Y odian. Porque el caso es que odien, como odiaron sus padres, y sus abuelos, y los abuelos de sus abuelos. Y por eso no somos capaces de ir juntos a manifestarnos ni por los atentados de al qaeda. Ni siquiera por eso.
“El odio es un licor precioso, un veneno más caro que el de los Borgia, pues está hecho con nuestra sangre, nuestra salud, nuestro sueño. Hay que guardarlo avaramente”. Y yo me pregunto ¿quién quiere eso para sus hijos? Pues esos seres brutales y egoístas que solo piensan en ellos, en sus votos, en sus elecciones, en su provecho. Maldito provecho.
Ya está bien, politiquillos del tres al cuarto. Gobiernen según sus principios, legislen como les dicten sus electores. Pero, por favor, aprendan a respetar y a permitirnos tener un país que no sea de opereta.

2 comentarios:

leo dijo...

Me pone muy triste todo esto, Carmen. Es cierto que en este país somos así(no sé si es algo nuestro, endémico, o si es universal, una pandemia dolorosa, espero que no.): siempre buscando la diferencia con el vecino, el enfrentamiento y enseñando el rencor, el "se me puede llegar a olvidar, pero no perdono ni de coña".
:-(
Un beso grande.

Carmen dijo...

Así es, Leo. Espero que no lleguemos a contagiarnos.
Ya sabes, se lleva nuestra sangre. ufff
Besos