Textos

domingo, 10 de julio de 2011

EL SUEÑO DE UN MEDIOCRE



Recuerdo un cuento de Cortazar cuyo protagonista es un músico genial, tanto, que a veces, cuando interpreta, se escapa de sí mismo, y pierde el control. Le atormenta saber que no es dueño de su obra, que algo que va más allá de él lo envuelve y supera. Y el hecho de saberse traspasado lo coloca el borde de un precipicio.
Lo idolatra el público por ser capaz de hacer lo que hace, pero él sabe que lo que hace no es suyo, que en cualquier momento la magia desaparecerá, y él volverá a ser normalito, un ser humano como todos.
El mundo se arrodilla ante su obra, pero él lo único que pretende es que lo quieran tal y como es, vulnerable y mediocre. Y no como el genio que toma su cuerpo. Lo único que sabe es que ese momento desaparecerá, y eso lo lleva a emborracharse de puro miedo.

Cualquier creador, sea en el campo que sea, si no se dedica a copiar, si se atreve a ser él mismo, ha vivido esa experiencia. Por unos instantes, o por un tiempo.
De pronto algo se apodera de él, y habla por otra boca. Siente que, como en los sueños, no controla su obra. Que el protagonista, su pareja, su enemigo, o algun otro personaje, se cuela dentro de su texto y dice cosas que dan escalofrios. Y es que no quiere admitir que eso lo está escribiendo él o su subconsciente.
Una pintora me dijo que espera a que el cuadro le hable, porque si no lo hace, tiene que abandonar.
¿Quién no ha vivido la experiencia de comnprobar que su obra se le escapa de las manos? Por eso no entiendo cómo puede envanecerse un creador por algo que está fuera de él, que no le pertenece, que viene y va, que quizá ya nunca regrese. Por eso tantos han utilizado drogas o alucinogenos. Quieren encontrar de nuevo ese rayo que un día brilló y que quizá nunca más regrese.
Mediocres en pleno sueño, solo eso.

3 comentarios:

leo dijo...

Quizá sea esa sensación inigualable de pérdida de control la que nos lleva a tener la paciencia de pasar tantas horas escribiendo, sin hacer otras muchas cosas; y puede que esa renuncia sea lo único de lo que podamos enorgullecernos, lo que nos salve un poco de esa mediocridad.
Un beso, guapa.

Ángel dijo...

Hola Carmen,
vaya, yo no soy tan idealista como tú.
No creo que nada exterior escriba mis textos. Hubo un día en que también pensaba algo parecido, pero ahora no lo creo.
Mis personajes desaparecen cuando le doy a la tecla de "delete" y van a donde yo les digo. No creo nada en cosas como que los personajes cobran vida y empiezan a tomar decisiones... yo creo que ese tipo de afirmaciones son muy bonitas y tal, pero nada más, quedan bien en las conferencias pero a la hora de la verdad no resisten análisis.
En fin, siento ser tan poco lírico hoy, pero de verdad, no creo ni por un momento que nada externo tome el control de mis textos en ningún momento, soy yo, y toda la responsabilidad es mía.
besitos

Lispector dijo...

Yo creo que toda la tropa literaria esta dentro de uno, unas veces con ganas de hablar y otras con ganas de hacer mutis por la derecha. Un besote,hermosa.