Textos

domingo, 11 de marzo de 2012

LOS NUEVOS MILAGROS







Mi amiga Paz quiere dar un pelotazo. La ilusión de mi tía Leo es tener dinero negro como todas sus amigas. Mi vecino Manolo está empeñado en meterse en el negocio de los derivados y los futuros. “En “los futuros” está el futuro” me dice con los ojos en blanco. “Nunca llegaré lejos si no trafico con esos productos tan evanescentes”. Mi portero Aniceto quiere un ERE falso. Lo va a pedir para el día del padre. No tiene ni idea de lo que significa pero le suena a cobrar sin trabajar y eso le enloquece.
Y es que cada época tiene sus iconos. Nos han enseñado que hacer un copia y pega en el rincón del vago, venderlo como informe a una gran empresa, conchabado con los de dentro, y cobrar por eso millones de euros, es de listos, de gente superior, de genios. El genio ya no es el que descubre la penicilina, ni la forma de acabar con el cáncer. Eso son zarandajas que no llevan a ninguna parte. Paz no quiere ser física nuclear, ni bióloga molecular ¿para qué? Ella lo que quiere es el pelotazo. Su ilusión es crear una sociedad tras otra, enlazarlas sabiamente, como el que enlaza vías de trenes eléctricos hasta asentarse por extraños vericuetos en un paraíso fiscal.
No duerme pensando en que debería haber estudiado ingeniería financiera, hacer un master en dinero negro, facturas falsas y derivados. Le explico que una buena forma de dar un pelotazo es entrando y saliendo de un ministerio, conseguir un puesto en el que se toquen pelas y asesorar. Ser asesor, toquetear todas las puertas, entrar y salir de la administración como si de una puerta giratoria se tratara, con donaire.
Copia y pega, “abrepuertas”, testaferros. Todo un mundo de personajes admirados por la sociedad. Ese es el verdadero problema, que ni Paz, ni mi tía Leo, ni mi vecino Manolo, ni mi portero Aniceto sueñan con otra cosa que no sea robar y salir huyendo.
Ya no se venera a San Miniato, que después de ser decapitado, todavía fue capaz de bajar del monte con la cabeza cortada en la mano y llevarla hasta su cueva de ermitaño.
No, todo eso está pasadísimo. Lo hace cualquiera. Ahora a quien se venera es a Díaz Ferrán que después de timar a clientes, acreedores y empleados, después de darse de alta como trabajador dos meses antes de que se le declarara en suspensión de pagos y ponerse un sueldo de 20.555 euros para cobrar un finiquito, todavía fue capaz de permanecer en el puesto de presidente de la CEOE siete meses más.

Eso sí son milagros.

2 comentarios:

Ángel dijo...

¡Jo, qué grande lo de San Miniato! Me has dejado boquiabierto.

Carmen dijo...

Lo que son las cosas, a mí me impresiona más lo de Diaz Ferrán