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jueves, 7 de junio de 2012

LA VENGANZA DE RAMÓN



imagen: Rafal Olbinski


Ramón recibió una carta en la que le comunicaban que de no activar su cuenta de Google se la cerrarían. Entre los datos solicitados estaban las contraseñas de sus cuentas de correo electrónico y algunas nimiedades más.
Ramón cumplimentó el cuestionario.
Al día siguiente sus contactos recibieron una carta suya solicitando ayuda desde Costa de Marfil. Se encontraba en una situación desesperada por lo que le urgían tres mil euros para poder salir del país, que ya lo devolvería a la vuelta y que la cuenta a la que debían enviar el dinero era la ----.
Luego agradecía fervientemente la ayuda.

El timador, un chapucero recalcitrante, había llenado la carta de faltas de ortografía, sintácticas y de todo genero, además de enviarle una misiva a su mujer una hora después de haberlo dejado desayunando Frottis de Kellog en la cocina de su casa. El problema fue que habían bloqueado todas sus cuentas de correo, el cual sufrió mucho, no solo por verse timado de esa forma tan tonta, sino por comprobar que ni uno solo de sus amigos había movido un dedo para sacarlo de Costa de Marfil
Rompió sus amistades e intentó cancelar su conexión a Internet, pero su servidor le recordó que tenía un contrato de permanencia y si lo cancelaba le iban a cobrar “una pasta” más IVA.
Una hora más tarde recibió una llamada de Boda Click donde había comprado un regalo para la boda de la del 2º derecha, en la que le comunicaban que disponían de sus datos y que iban utilizarlos como Dios les diera a entender, por lo que si no estaba de acuerdo, lo dijera por correo certificado y a ser posible con pólizas de las de antes.
Ramón llamó a la oficina de protección de datos y le dijeron que eso era así. “El que tiene que molestarse para que no le molesten es usted.”
Hora y media después y todavía con el sofoco de Costa de Marfil y Boda Click, le llamaron de Browser, ya que había sido premiado con una ”Tablet” último modelo, pero que para recogerla debía dar su número de móvil.
Ahora le llaman persistentemente, y aunque no lo coja, lo conectan a Internet y le cobran cada llamada.
En su compañía le han informado de que eso ha debido ser por haber dado el número de teléfono, y que si quiere darse de baja, debe pagar otra vez.
Ha comprobado su factura del mes y efectivamente este mes viene cargadita de Browser and Browser.
Le llaman de diferentes servidores a horas intempestivas para ofrecerle tarifas, recibe invitaciones de amigos para conectarse aquí o allá, le escriben de su banco de toda la vida para que les cuente cual es su santo y seña.
Ramón se ha encerrado en el cuarto de baño y no se atreve ni a tirar de la cadena por si se queda conectado a Uruguay vía bote sifónico.
Su mujer le ha pasado por debajo de la puerta los teléfonos de la oficina de protección de datos, de defensa al consumidor y demás zarandajas
“Llama, hombre, le dice. Ellos te defenderán”.
Pero Ramón no ha soportado la tensión, ha roto en mil pedazos los números de teléfono de los organismos protectores y ha salido con escobilla al ristre dispuesto a agredir a todo el que se cruce en su camino.

6 comentarios:

Sir John More dijo...

Je, je, qué bueno... Kafka haría también diabluras con este mundo, ¿eh? Besos.

carmen dijo...

Lo malo de esto, Sir, es que lo que cuento es verdad al cien por cien. No me he cortado a la hora de poner nombres.
¡Cuidadito!, merodean por todas partes.

leo dijo...

Carmencita, que sepas que esta noche he soñado que me llamaban todo el rato desde un número que empezaba por B-52. Y yo histérica para no cogerlo... jejeje,no se me puede contar ná. Un besote, guapa.

Sir John More dijo...

Yo, por eso, estoy empezando a contestar todas las llamadas que vienen con números desconocidos con un NO bien clarito. Y cuando me dicen: pero es que si no le vamos a... y si usted no se pierde esto y aquello, y además dejará de recibir... ¡que no! Aaaaaadiós. Si es un pobre sudamericano, que ni pincha ni corta en el asunto, pues lo siento mucho. Que no y que no. Además, los últimos pagos en los que he discutido con empresas de teléfonos, de internet y de leches, simplemente me he negado a pagarlos y he dado orden a mi queridísimo banco de que no paguen nada de nada. Es la única forma de defenderse del mercado, mandándolo a la mierda antes de que abra la boca.

carmen dijo...

Leo, ten cuidado, que mi compañera duerme con las piezas del móvil "descuajeringado" para que no le cobren los 20 euros por llamada, y sin embargo jura que aún así suena.
Sir, espero que te dé resultado porque las técnicas cada vez son más depuradas.
A mi hasta me mosquea que me hagan escribir palabras para demostrar que no soy un robot y poder publicar mi comentario. ¿No lo veis esotérico?

Sir John More dijo...

Yo me resistía a esto de demostrar que no somos un robot y a moderar los comentarios en mi blog, pero hay una pléyade de tontos aburridos en la red, y lamentablemente me tocó uno hace poco. Ahora me pregunto si no quité lo del robot, que no tiene sentido si vas a moderar los comentarios... Bueno, a no ser que en vez de un tonto te entre un virus tonto que empiece a mandarte dos mil comentarios por segundo... Je, je... Qué mundo éste...