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sábado, 14 de junio de 2008

CONSULTAS

(imagen: Rafal Olbinski)



Le conté al cardiólogo lo estresada que había salido de la meditación y me recomendó ejercicio.
- Haga ejercicio durante veinte minutos todos los días.
Me apunté a un gimnasio, al de la esquina de mi calle. Solo fui cuatro días y lo único que utilicé fue la máquina andadora a la mínima potencia y la bicicleta estática a paso paseo. Bueno, pues aun así, el último día le cogí ritmo y emoción al asunto, y me excedí. Ahora tengo un desgarro infinitesimal en el músculo intercostal interno que me ha dejado un poco Ivan Illich, y otro poco atontolinada.
Fui al traumatólogo, dijo que me veía algo hipocondríaca. Me sentó tan mal su incomprensión que lo dejé con la palabra en la boca y me fui al otorrino. Le conté que cuando menos me lo esperaba se me ponía el cielo en el suelo y la pared en la oreja, le expliqué que todo eso me liaba una barbaridad, que es algo así como emborracharse con agua de solares. El otorrino, un hombre con tupé y lunar en la corbata, dijo que él me veía divinamente pero que por descartar me hiciera una radiografía de oídos y otra de cervicales.
El neurólogo me recetó unas gotas para el estrés, las cuales, según me contó unos segundos antes de cerrarme la puerta en las narices, se recetaban también para la epilepsia, pero que eso no tenía la menor importancia.
El reumatólogo estuvo mucho más cordial, y me pidió unas radiografías de muñeca.
-Quién me dice a mí que no tiene usted una artritis.
He visitado a muchos, un largo peregrinar por las consultas. Pero el que de verdad me ha comprendido, ha sido el dentista. Nada más decirle que en cuanto tomaban sopinstan de ave se me enrabiaban las encías, dijo que podía ser sensibilidad, que se había dado cuenta de que apretaba mucho los dientes.
-Usted lo que pasa es que está nerviosa –ha dicho, con esa sabiduría que da la experiencia-. ¿Yo de usted visitaría a un cardiólogo? Y el cardiólogo ha insistido:
-Haga ejercicio durante veinte minutos, todos los días.

6 comentarios:

Fernando Alcalá dijo...

Oh, dios, jamás la realidad se pareció tanto a la ficción. ¿O al revés? Yo creo que los vértigos es de tanto dar vueltas. Cerremos el final y dejemos los circulares para los que no se marean ;)

Lispector dijo...

Me veo fielmente reflejada en el relato.

Carmen, qué dificil es hacer reir, y con cuanta facilidad lo logras. Y a ver si ya con el verano tan cerquita nos acercamos con un poco más de emoción al ejercicio, aunque a veces parece ser dañino para la salud ;).

Un abrazo. Qué gusto cuando amanece en Transilvania y puedo leerte.

Carmen dijo...

Fernando, me parece bien no subirnos a la noria. Qué vértigo.
Daniela, dejate de ejercicios que cansan una barbaridad.
Besote y gracias a ambos por pasar por Transilvania.

Bea dijo...

Hay que ver qué desgaste de músculos solo para mantenerse en pie contra la gravedad en la consulta de los médicos. :)

Me se enamora el alma, me se enamora!!! dijo...

No, si lo del deporte no va contigo. Para qué apuntarte a un gimnasio con todas las consultas de médicos que hay en Madrid.

Si consigues un palito de madera en cada una además de acabar con tus problemas de corazón podrás ir este verano hasta el emisario en el arca de noé que te habrá construido el arreglaor.

Sigue así, pero no lo pregones, que me quedo sin compis de padel!!


Besitos.

Carmen dijo...

Si, Bea. Cuántos más médicos visites, mas desorientada te sentirás.
Pero ya he encontrado la solución para hacer ejercicio y disfrutar.
Contar cuentos.
Claaaaaro.
"Se me enamora el alma", no juegues al padel sin precalentamiento que te va a dar un tirón.