Textos

martes, 14 de abril de 2009

SOLEDAD


Dicen que había conseguido una orden de alejamiento, que vivía por fin libre, con sus hijos. Pero decidió irse con él de vacaciones, darle una oportunidad, otra más. Él la mató. ¿Qué miedo infernal a la soledad le indujo a apoyarse en su agresor, en su verdugo?
Quizás dentro de nosotros se albergue el miedo al abandono, a la soledad. Quizás nos de pánico la libertad, la responsabilidad de nuestras vidas, y necesitemos ir dejándola en manos de unos y de otros a cambio de unas migajas de afecto.
Necesitamos un muñeco de trapo que nos diga te quiero todas las noches, un poco antes de dormirnos, un muñeco inerte e irreal, repetitivo y falso, porque nosotros no nos lo sabemos decir, porque hemos perdido la costumbre de abrazar lo que somos, o lo que tenemos, o lo que hemos conseguido con nuestro esfuerzo. Quizás no nos abandonemos al verdugo de esa forma tan desgarrada como lo hizo ella, pero continuamente estamos apoyándonos en la ingratitud de otros, en sus cambios de humor, en sus agresiones, en sus falsas promesas, qué más da. El caso es no tener que coger con mano firme las riendas de nuestras vidas de una vez por todas. El caso es no tener que mirar de frente ese camino que parece tan largo, tan tortuoso, y tan imprevisible. Hace tanto frío allá afuera que preferimos la muerte lenta de la descalificación, del engaño, del ataque.
Quererse no es darse besitos en el espejo y dejarlo lleno de babas, quererse no es poner fotografías nuestras por toda la casa. Quererse es no consentir agresiones, desprecios, injusticias. Quererse es encontrar la forma de abrazarse uno mismo cuando sopla el viento. Es afrontar los propios pasos; demasiado lentos, demasiado torpes, demasiados erróneos. Porque solo así se puede compartir, y convivir, y querer de verdad, con toda tu libertad. Porque solo así eres alguien. Se necesita mucha valentía para decir basta, y quizás demasiada audacia. Pero es que no veo otra salida.
Hay quien prefiere vivir arrodillado para no morir, y quien prefiere morir a vivir arrodillado. ¿Vendrá eso también grabado en nuestros genes?










3 comentarios:

Lispector dijo...

Carmen, que texto más útil y bueno has escrito. Ojalá pueda llegar a muchos.

Oye, cuando el mundo te descubra y estés por ahí presentando libros y concediendo autógrafos, me pido ser la presidenta del club de fans :). Un abrazote.

Carmen dijo...

Daniela, eres un sol. Muchas gracias. Ya estoy disponible para nuestro café con cartas. Así que la semana que viene te enviaré un correo.
Un beso muy gordo

leo dijo...

Genial el texto, como siempre, Carmencita.
Ays, la soledad...
Besissss