Textos

lunes, 4 de enero de 2010

PELILLOS A LA MAR





Mi portero roba. Para ser exactos, falsifica talones. El problema es que no es listo y los va a cobrar al banco que hay cerca de casa, o sea al de la robada o falsificada, porque lo suyo es falsificar talones. Me enteré tres meses después de que sucediera. No tengo mucha relación con los vecinos, por eso me extrañó que se me acercara la vecina del decimo mientras paseaba a su perro. Me habló del tiempo, me hablo de lo mayores que se están haciendo mis hijos, y al final entró de lleno en el asunto. Te lo tengo que contar, dijo de pronto. Entonces me contó que si se había ofrecido para pintar su casa, y que un día la llamaron del banco para decirle que había un señor queriendo cobrar un cheque suyo. Venga cuanto antes que trataremos de retenerlo, le dijeron. Dice que al entrar en el banco y verlo, deseó que no fuera él. Pero era. Fue muy desagradable porque la presidenta, la vicepresidenta, y el administrador le habían pedido que lo olvidara, que mejor pelillos a la mar. Él dijo que se lo había encontrado en la escalera ya firmado, y que tuvo un mal pensamiento. Dijo también que la cantidad ya estaba puesta. Pero un grafólogo confirmó que esa letra era de él. Había firmado un talón por 2.500 euros.
Lo primero que hice nada más enterarme fue quitarle mis llaves y dejárselas a la vecina de enfrente. Luego hablé con la presidenta y le dije que no tenía ningún derecho a ocultar una cosa así a los vecinos. Él recibe nuestros correos, tiene nuestras llaves, nuestras firmas y autorizaciones. En una palabra; es el que cuida de la finca, qué narices.
Tan enfadada me vio que convocó una junta extraordinaria. Nunca había visto a tanto vecino junto y con tantas representaciones de los ausentes. Pero lo que no me esperaba era que estuvieran todos confabulados para poner a caldo a la robada y comprender al pobre portero, que un error lo tiene cualquiera, mire usted.
Fue una gran sorpresa para mí. No entendía nada. La reunión se desarrolló según los cauces más surrealistas que uno pueda imaginar. Que cómo se atrevió ella a pedirle al portero que le pintase la casa, que si el portero no está para esos menesteres, que si ella lo había amenazado con denunciarle si no dejaba su puesto, que si eso era extorsionarle. Menuda era. Ella nos miraba perpleja, sin comprender nada, y a punto de pedir perdón. Se procedió a las votaciones. ¿Tienen que ser públicas? preguntó uno. Pues yo no estoy dispuesto a indemnizar su despido, dijo otro.
La robada, o falsificada, o como quiera que se la llame, no sabía cómo justificar las agresiones que sufrió por parte del portero, del administrador, y de los vecinos para que olvidara esa tontería. Se votó y ganó el portero. Continuaría ocupándose de nuestras llaves, nuestro correo, nuestras autorizaciones Era necesario darle una nueva oportunidad.
Ahora los vecinos nos hallamos divididos en dos bandos, los cuatro que votamos a favor de cambiar de portero y defender a la vecina, y el resto.
Fue el fiscal y el banco los que denunciaron los hechos porque la pobre robada ya no se atrevía ni a rechistar.
Ahora, cuando nos encontramos en la portería o en el ascensor los cuatros disidentes con el resto de vecinos, somos objeto de escarnio y desprecio. Yo le quité la llave a la vecina de enfrente porque ella, a su vez, le entregó la suya al portero en señal de máxima confianza y admiración. Y yo estoy en un sin vivir porque si escuchó ruidos en mi casa, no puedo evitar pensar si será él u otro vecino cualquiera que quiere vengarse.
Y es que analizando la cuestión con detenimiento, he llegado a la conclusión de que en el fondo somos el reflejo de lo que tenemos. Y en un país en el que un contertulio de intereconomía es Mario Conde, el presidente de la CEOE ha dejado en la estacada a 1.500 pasajeros, se venden sellos inexistentes, Camacho (Gescartera) tima 100.000 millones de euros a 4.000 clientes y le rebajan la fianza de 3 millones a 1,5 millones, y como dice que no puede pagar, se la vuelven a rebajar a 300 millones. Eurobank estafa 135 millones de euros, Ava 84,1 millones, y así hasta ciento. ¿Cómo se me ocurre a mí pedirle responsabilidades a mi pobre portero? Con lo simpáticos y listísimos que son los ladrones.

3 comentarios:

Angel dijo...

no sabes lo de acuerdo que estoy contigo.
No sé quién dijo, pero dijo bien, que donde no hay justicia es un peligro llevar la razón. Y ya sabemos todos cómo está el patio aquí.
Lo de Mario Conde en intereconomía es de traca y los demás ejemplos que pones, pues igual.
Año Nuevo, Vicios viejos.
Besos

leo dijo...

Imagino que habrá que confiar en la justicia universal, en el karma, o algo así. Qué inquietud, qué difícil no enfadarse muuuuuucho.
Un besote, guapa.

Mesenamoraelalmamesenamora dijo...

Ayyyy... y nos quejábamos de lo pesado que era Aniceto...