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lunes, 10 de octubre de 2011

UN ANTES Y UN DESPUÉS




El martes entró en el metro un hombre de unos cuarenta y pocos años. No escuché lo que dijo pues llevaba los cascos puesto. Me llamó la atención que se dirigiera a los pasajeros y me los quité. Pedía dinero. Por su aspecto no lo esperaba.
Recogió algunas monedas y salió en la misma parada que yo. Subimos las escaleras a la vez. Al torcer a la derecha me di cuenta de que se ocultaba, estaba llorando.
Sentí su llanto como mío. Sentí una rabia tan enorme que deseé pegar un puñetazo en algún lugar. Lo hubiera pegado en la junta de alguna Caja de Ahorros, donde se resuelve quién se va a quedar con el poco dinero que han dejado los administradores. Lo hubiera pegado en la sede de la auditoría que ha dado el visto bueno a las cuentas amañadas, las que han llevado la Caja a la quiebra. Lo hubiera pegado en el Banco de España, en la de todos los responsables que han permitido esos gastos, esos sueldos, esas atrocidades. En los que debían de haber sabido y en la de los que lo sabían. Lo hubiera pegado en la mesa de los políticos que no han tomado medidas a tiempo, que no han cortado el despilfarro para que eso no sucediera. Lo hubiera pegado en las redacciones de los periódicos dónde se ha mantenido ese silencio cómplice.
Hubiera pegado miles y miles de puñetazos en todas las mesas que encontrara para no ver a un hombre llorar de impotencia, de desesperación, para no ver como se cierran comercios, para no ver desahucios. Para no ver a aquellos que valoraron el piso por el doble de lo que valía esperando pingues beneficios, y ahora no se conforman con lo recibido en prenda.
Quieren abocar a la pobreza a todo aquel que les pidió un préstamo.
Un hombre llora en el metro, cuántos lo harán en su casa, en los parqués, en las esquinas de cualquier sucursal. Cuántas ilusiones rotas, cuántos jóvenes sin futuro.
Solo escucho una pregunta en la calle. ¿Por qué no hay nadie en la cárcel?
También escucho una afirmación.
Esto va a tener que cambiar.
“Un antes y un después”.
Eso espero.
“Un antes y un después”.

5 comentarios:

Sir John More dijo...

A veces tengo la sensación de que tiene que cambiar, y que si no lo hace será el fin de esta civilización mentirosa. Y luego pienso, con cobardía, que ojalá mis hijos puedan vivir toda su vida bandeándose al menos en una civilización mentirosa. Beso.

Ángel dijo...

Yo me hago la misma pregunta ¿por qué no va nadie a la carcel?
Y lo de las prejubilaciones millonarias... madre mía.
Es de traca lo de Cataluña, por ejemplo; en quiebra técnica, con unos recortes que ríase la Cospedal, y no se les ocurre otra cosa que echar la culpa a los andaluces. ¡La que nos ha caído encima!
Yo, una de las cosas que temo es que la crisis, de la que sigo pensando nos falta lo peor, genere tal violencia en la sociedad que no nos reconozcamos ni a nosotros mismos.
Lo que sí espero es que el "después" nos haga menos materialistas.
Besitos

leo dijo...

Yo sigo teniendo miedo, Carmen. No tanto al llanto de la gente, que conmueve y hace daño, sino a la rabia que producen todas estas injusticias y abusos (nunca reparadas/os por los culpables). La sensación es que algo debe cambiar de forma inminente o nos vamos todos al carajo. Solo espero que la vía de cambio no sea la violencia. Toy catastrofista hoy, vaya.

Carmen dijo...

No, Sir. Tus hijos veran como se derrumba este mundo injusto, y será estupendo. Espero que sea solo malo para aquellos que no tienen escrúpulos.
Ángel, yo también tengo miedo a la violencia, pero no ha habido ni un solo movimiento justo que no se haya llevado a alguien por delante. Es triste y da miedo, pero esto no puede continuar así.

Carmen dijo...

Leo, yo también espero que se resuelva todo con un arrepentimiento súbito de los "chorizos". Un "mea culpa" que lo vuelva todo a su estado. Que los banqueros devuelvan lo que no les corresponde, que los políticos corruptos junten las manos y pidan a la policía que les esposen, que las empresas auditoras cierren arrepentidas por lo mal que lo hicieron.
Bueno, más que esperarlo, lo deseo.