Textos

miércoles, 29 de agosto de 2012

EL ECCE HOMO









Cuando estoy triste, cuando el mundo se estrecha tanto que parece que me va a aplastar, tengo un sistema que funciona, y es ver una peli cómica. Al principio cuesta mucho, pero poco a poco la tensión va cediendo, los músculos se relajan, esbozas una sonrisa, y luego otra, y otra, hasta que sueltas la carcajada y es entonces cuando se abre una ventana y empieza a entrar el aire. Sientes que la respiración se distiende, y por fin te das cuenta de que la tormenta amaina.
Esta actividad no resuelve la tristeza ocasionada por los grandes problemas, pero sí la que nace de simples estados de ánimos, esos que llegan sin avisar, sin motivo aparente.
Las películas que tengo reservadas para esos momentos son principalmente tres, aunque hay más. Y de las tres, la que más veces me ha sacado del agujero es “La vida de Brian”
No por sabérmela de memoria dejo de sonreír. Refleja tan bien la estupidez humana que me pone bien conmigo misma y con el mundo. “Es lo que tenemos”, me digo, y dejo de tomarme tan en serio.
Todo esto viene a cuento porque hay una escena en la que el protagonista pierde una sandalia y los seguidores creen que es una señal del cielo para que lo sigan. “Es el Mesías”, gritan mientras el prota huye despavorido. Y es ahí, en esa parte de la cinta, donde he regresado al leer la estrambótica historia del “Ecce Homo”, la pintura rural del Santuario de Nuestra Señora de la Misericordia de Borja.
A una octogenaria le da por restaurar un cuadro y le sale un bodrio. Hasta ahí posible, pero a partir de ahí todo se descontrola. Habla el alcalde, dice que lo mejor es taparlo para evitar las mofas dentro de la iglesia.
Pero lo que son las cosas, el bodrio ha despertado al pueblo. Un británico excéntrico lo quería sin haberlo visto siquiera, sin saber que era un fresco. Estaba dispuesto a pagar dos millones de euros por la pintura.
El párroco que se ha olido el negocio, ha decidido detectar a través de las redes sociales el interés de los ciudadanos para fotografiarse con el cuadro.
Cecilia Giménez, autora de la restauración, que alega solo buena voluntad, ha relatado que la ermita está siempre abierta y que cada uno puede entrar y salir, restaurar o ponerle bigotes a los cuadros allí colgados, sin ningún problema.
La octogenaria se recupera del sofocón y ahora no saben en el pueblo si volver a restaurarlo o dejar que se monte una peregrinación que levante al pueblo y a su “Ecce Homo”.
Igual que la sandalia en “La vida de Brian” o la procesión que se monta en “Las tentaciones de Benedetto” la estupidez humana rebaja la tensión de vivir.
A partir de ahora cuando esté triste ya no me hará falta ir al cine, leeré las noticias.

martes, 28 de agosto de 2012

SOUVENIR PARA LOS HOMBRES DE NEGRO







Mi tía Paquita está convencida de que los hombres de negro lo van a solucionar todo.
“No te creas, tía”, le digo condescendiente, “vienen a controlarnos antes de prestarnos ayuda”
“Por eso lo arreglarán, porque se juegan su dinero.”
Luego se sube las gafas y continúa:
“Por de pronto han dicho que se controle los sueldos de los directivos de los bancos, que se desblinde lo que sea menester, que no se pague con dinero público las inversiones privadas.” “¿Lo han dicho o no?”, me espeta sin levantar la vista del ganchillo.
Estoy asombrada de lo puesta que está en economía.
“Sí, pero también exigen que suban los impuestos, que bajen el sueldo a los funcionarios, a los pensionistas, a los parados”
La tía Paquita ronronea un rato, tiene costumbre de hacerlo cuando se queda sin argumentos. Al fin decide obviar el mío y prosigue:
“Ellos acabarán con las autonomías, con los miles de políticos innecesarios, con los asesores, con los aeropuertos fantasma, con los consejeros, con las embajadas autonómicas, con la ingeniería financiera y con Vodafone.” Está obsesionada porque no entiende la factura y cada día sube más. Se huele que le cobran por la línea de su abuelo fallecido en acto de servicio allá por los años sesenta, pero no puede hacer nada porque no la entiende.
Tiene pleitos abiertos contra Tráfico por multas de aparcamiento sin haber conducido en su vida, contra el cartero por decir que entrega citaciones sin entregarlas, contra el Boletín oficial de la Provincia porque dicen que ahí se publica todo y que si no lo ha leído, se siente. Por haberla embargado sin saber por qué, ni cómo, ni cuándo estuvo ella en Miraflores de la sierra montando escándalo público.
Dice que todo esto es un sinvivir y que o llegan pronto los hombres de negro o la dejan en el chasis. Luego llora, aspira hondo y se suena los mocos. Le cuento que en Grecia están por llevarse el Partenón. Insiste en que ella donaría gustosa la Cibeles con tal de que los hombres de negro pusieran orden en esta país. “Ya verás cuando vean a Gordillo llevándose carros de comida, a Ruiz Mateos haciendo la pedorreta a la justicia, a los Gürtel y a los Brugual, los ERES falsos... Porque no solo la Cibeles sino la Puerta de Alcalá vendería yo con tal de acabar con tanta indefensión. “
dice, y luego se asoma a la terraza para ver si ya han llegado.


jueves, 23 de agosto de 2012

Anne Tayler





“REUNIÓN EN EL RESTAURANTE NOSTALGIA”
(Anne Tyler)


Y cuando mi piel está arrugada de tanto remojo regreso a la orilla, allí me espera Anne Tyler. “Reunión en el restaurante Nostalgia” Un libro sobre las relaciones familiares: Somos lo que nos han dejado ser nuestros hermanos, nuestros padres, nuestros abuelos y familiares. Somos el respeto o desprecio que despertábamos en nuestros profesores, en nuestros amigos. Somos el lugar que ocupamos en la familia, Somos la forma que tenemos de reaccionar ante lo externo. Algunos se enfrentan a la realidad siempre difícil, siempre agresiva, mediante la humildad y sumisión engañosa, “un pobre de mí” manipulador, otros con su simpatía y encanto, con esa risa que nunca cesa, otros con la palabrería incesante, otros a campo abierto, sin tapujos, con el hacha en la mano y de frente, otros mediante la conspiración, y el engaño, chivándose y adquiriendo prestigio a costa del desprecio al otro
Tenemos que aprender a sortear los golpes que nos llegan ya desde la infancia. Y es en el seno de la familia donde empieza todo.
Anne Tyler lo refleja de maravilla en su novela
Las reuniones familiares parecen películas repetidas una y mil veces. La comida que queda permanentemente interrumpida, la silla vacía, los ya consabidos disgustos de los cumpleaños. Historias sin catarsis, sin solución, sin cambio. Aburridas a costa de repetirse como en una moviola.
Siempre me interesó el asunto. Las envidias, los roces que se prolongan más allá de la infancia, la conspiración del hermano tantas veces reflejada en la literatura desde “Hamlet” hasta “El Rey león”.
Anne Tyler, una maestra en mostrar las relaciones humanas, esta vez lo hace en el marco de una familia de tres hijos, un padre ausente, una madre con explosiones de ira, y el constante resentimiento. Envidia que ya se manifiesta en la infancia, envidia que crece día a día. Nada es demasiado para hundir al hermano, triunfador solo para la miope visión del que se siente fracasado. No habrá paz hasta que no se logre el hundimiento del otro, pero no se logra nunca porque la maldad y la mediocridad no tienen recompensa.
Anne Tyler muestra unos personajes que llegan a resultar tiernos en su precariedad, porque el perdedor, por muy malo que sea, da un poco de pena en su crueldad inútil. Como esos dibujos animados en los que el gato trata de perseguir al ratón, más listo, menos implicado en el odio, más feliz.
Mientras lees el libro no puedes evitar sentir una cierta nostalgia por aquello que un día lleno de juegos pareció unido por un nudo inquebrantable y que se hizo trizas, la mayoría de las veces, al faltar el núcleo, la madre.

martes, 21 de agosto de 2012

EL CAZADOR DE FORTUNAS OPACAS

Cada día leo en el periódico noticias más raras. Ahora, por ejemplo, sin ir más lejos, parece que tenemos en la cárcel de Valdemoro a un tal Hervé Falciani, franco italiano que trabajó en el banco suizo HSBC y que copió 130.000 cuentas de evasores fiscales. El tal Hervé se ofreció a trabajar de cazador de fortunas opacas y entregar los nombres de los evasores. Por lo que leo, solo de España se podrían captar 6.000 millones de euros, 1.000 millones más de lo que el gobierno va a conseguir quitando la paga extra a los funcionarios. Y sin embargo ahí sigue, en Valdemoro, como si no trajera cuenta pillar a los evasores, ni cuentas opacas, ni investigar el narco tráfico, ni el terrorismo, ni nada de nada. Claro que pudiendo dejar a los funcionarios sin paga para qué darle más vueltas al asunto.
Es que se me ocurre cada cosa.

domingo, 12 de agosto de 2012

EL CONGELADO DEL EVEREST


Son las doce del medio día. Voy en el metro leyendo que el Everest está lleno de gente congelada a la que no han podido rescatar, que incluso hay uno que sirve de señalización para los escaladores. Da una angustia tremenda. Pobre hombre, toda una vida de esfuerzo para acabar de señalización. Continúo leyendo, por lo visto es imposible el rescate, a esa altura las fuerzas fallan.
Es un día cualquiera de julio y he acudido a mi trabajo vestida de luto. Soy funcionaria y me había dado un poco de vergüenza que los viajeros se diesen cuenta y me llamasen vaga, como hizo Montoro: ” Y que no se crean que con sacar una oposición ya lo han hecho todo”. Continúo leyendo: “Cívica repartirá 4,2 millones a cuatro directivos por sus blindajes”. “La entidad absorbida por Caixabank ha recibido 977 millones del Estado. Los pagos coinciden con un recorte de plantilla de 1.453 trabajadores. Banca Cívica había negociado la indemnización económica con sus directivos. A nosotros sí, a nosotros nos suben el IVA, nos quitan la deducción por vivienda, nos quitan derechos, nos rebajan las vacaciones, nos quitan prestaciones, nos obligan a estornudar al vecino y contagiarlo para no correr un riesgo de impago de hipoteca por reducirnos el sueldo al enfermar. Pero a los directivos, los que han gestionado el banco haciendo mangas y capirotes con el dinero que se les encargó que custodiaran, aquellos a los que el Código Civil les exige que gestionen con la diligencia del buen padre de familia, a esos no. No pueden sancionarlos porque sus contratos están blindados ¿Son tanques intergalácticos acaso? ¿Provienen de otra dimensión?
Me manifiesto, me coloco detrás de una pancarta y salgo a la calle. La pancarta se da la vuelta; es de CCOO, me vuelvo al trabajo. No puede ser que aquellos que no movieron un dedo mientras este país era expoliado, aprovechen ahora mi indignación. No y no. Miro hacia adelante; los sindicatos, miro hacia atrás; las leyes intercambiables para el pueblo, los contratos blindados para los directivos de los bancos. Me he quedado en la puerta de la oficina como el congelado del Everest, sin saber hacia dónde dirigirme, paralizada, sola y con complejo de polo. Me temo que acabaré sirviendo solo de señalización para los siguientes manifestantes si antes no han muerto todos de inanición e injusticia.