Textos

domingo, 6 de julio de 2014

CONCURSOS DE FAMILIA






Mi vecino era un poco bestia y le hacía ilusión que sus hijos también lo fueran. Compraba un juguete para sus cuatro vástagos, y  lo echaba al aire a ver quién era capaz de cogerlo. Valía todo, la vida era así y era conveniente aprenderlo desde pequeñitos, y ¿con quien mejor que con los hermanos?  Podría haber sangre y puñetazos, nada estaba prohibido, pero debía ganar el más fuerte. Los hijos salieron así, ¿cómo diría yo?, pelín violentos. “Nadie podrá con ellos”, le contaba el vecino a mi padre la mar de orgulloso. A mí, la verdad,  me daban un poco de miedo, porque el pequeño me llamaba por la galería a toda hora, y sabía que cualquiera de ellos sería capaz de lo que fuera por conseguir sus objetivos.

Todo  esto ha venido a mi memoria porque se  está poniendo de moda convocar concursos literarios basados en los que más amigos tengan en Facebook para pedir votos. Lo que menos importa es la calidad literaria de las obras, lo importante es la resistencia. El jurado valorará a los diez más votados en las redes, dicen las bases. De los 700 presentados y los dos mil que pueden votar por el morro, saldrá la excelencia literaria. A mí se me ocurrió presentarme sin haber leído muy bien las bases, lo reconozco. Mi sorpresa fue descubrir que nada más publicar mi cuento ya tenía a un grupo de expertos en votaciones leyéndolo y pidiéndome encarecidamente que leyera los suyos y los votara sin dilación. Educada yo, me los leí sin pérdida de tiempo y descubrí que, mira tú por dónde, eran los que más votos tenían. Leí y leí hasta descubrir que todos los relatos presentados habían sufrido las mismas alabanzas. “Que bueno, tía, pero  lee el mío que ya verás". Cuando ellos, los que pedían tu lectura, iban por seiscientos votos, la mayoría no contaba ni treinta. Todavía el jurado no ha decidido, se espera para mañana o pasado, pero lo hará en base a los diez más votados, que coinciden con los más furibundos lectores y pedigüeños, en facebook y en donde se tercie.

Haga usted lo mismo, me dirá alguien. Pues no, que se lo curre el jurado, que se lea  todos los relatos y decida el mejor, porque de amigos y luchas no está hecha la literatura. La literatura y la calidad no se miden por los amigos que tenga uno.

 Lo dicho, los vecinos estaban en lo cierto, un caramelo al aire y que lo coja el más resistente y espabilado.

¿Calidad? ¿Pero qué dice?
 
 

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