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domingo, 24 de julio de 2016

DEFENSA AL CONSUMIDOR


                                             

 

 

El día uno de julio compré un bañador de la marca Andres Sarda en la tienda de Alicante “Freschezza”, y a los pocos días descubrí que el bañador se deshilachaba, me había costado 103 euros gracias a las rebajas, ya que su precio original era de 200. Lo llevé a  tienda para que me diesen una solución y me dijeron, ahora supongo que aguantándose la risa,  que lo mandarían a fábrica para que los peritos analizaran el motivo del deshilachado y que, dado que la fábrica estaba en Bélgica, tardarían en darme una respuesta. ¿Pero qué satisfacción me dan a mí para este verano?, pregunté. “Son nuestras normas”, respondieron.

Se me ocurrió pedir la hoja de reclamaciones y casi les da a las empleadas un soponcio, o mejor la risa floja. No nos había pasado esto en la vida, dijeron como si yo fuese un raro espécimen sin calidad ni elegancia para adquirir una prenda en su establecimiento. Era cierto, no suelo gastarme esa cantidad en un bañador, pero eso no evita que conociese  o creyese conocer mis derechos, e insistiera en rellenar la dichosa hoja de reclamaciones.

Y hasta aquí el talante de la tienda. A partir de aquí, el talante de los encargados de velar por tus derechos:

De la oficina de consumo Ayuntamiento de la calle Mayor, me enviaron a la oficina de la Generalitat valenciana de la calle Churruca, de allí, me volvieron a enviar a la de la calle Mayor. Alicante de un lado  a otro. No sé si porque les acabé dando pena  o por otra razón, recogieron al fin mi reclamación en la calle Churruca.  El técnico escuchó mi queja porque se lo pidió una compañera. Me dijo que la actuación de la tienda era impecable, que están acostumbrados a que los móviles que se rompen nada más ser adquiridos, también sean enviados  a fábrica para evaluar,  y que si la fábrica tiene “una buena capacidad de autocrítica” acepta el defecto, pero que no suele ser lo normal. Lo normal es decir que el usuario lo ha mojado o pisado  y dejar a los usuarios con dos palmos de narices. ¿Y ustedes?, pregunto intrigada ¿qué hacen con el consumidor? Ah, nosotros no podemos hacer nada. ¿Pero no tienen peritos para comprobar? No, no tenemos. No le pregunté para qué estaban, ni qué pintaban en la oficina de defensa al consumidor por no faltar  ya que tenía todas las de perder, pero me entró un desasosiego tremendo.

Acabo de recibir una carta en la que me comunican que envían mi expediente a la oficina de la calle Mayor porque ese trámite corresponde al Ayuntamiento. El Ayuntamiento me dice que corresponde a Madrid porque yo resido en Madrid. He regresado a Freschezza, he pedido el bañador despeluchado  y he entrado en un bucle que me incita a pasearme todas las mañanas de la calle  Churruca, Generalitat  valenciana, a la calle Mayor, Ayuntamiento  y viceversa, con un bañador deshilachado en la mano y pidiendo justicia.  

Me llaman la loca del bañador ¿pero tengo razón o no?

 

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