Textos

miércoles, 9 de abril de 2008

CAMINO DE LA SANTIDAD


imgen
(RAFAEL OLBINSKI)



El lunes fui a visitar a mi padre al cementerio. Hacía un montón de tiempo que no me pasaba por ahí. En mi familia no hay costumbre de visitar esos sitios, dicen que allí no hay nada y que no merece la pena. Pero a mí siempre me ha dado no sé qué el ver su lápida tan abandonada, sin una flor, ni una lavadita de vez en cuando.
Al llegar me he encontré con que al lado de mi padre, codo con codo, estaba la lápida de Ramón. Mi padre nunca se llevo demasiado bien con él porque dice que aprovechaba sus veraneos para quitarle pacientes. Los dos eran médicos y los únicos del pueblo. Supongo que él no lo hacía a mala idea, pero lo cierto es que se los quitaba aprovechando su ausencia, y lo hacía con sus sermones, con sus rezos.
Mi padre sufrió mucho por todo eso y tuvo que dejar de veranear. Éramos siete hermanos y no podía permitirse el lujo de perder trabajo. Siempre lo decía “Ramón se irá al cielo, y yo al infierno por la manía que le estoy cogiendo” Pero, sobre todo, lo decía al verlo en la iglesia ayudando a dar la comunión, con esa cara de entrega y de bondad y de darlo todo. No tenía hijos porque había hecho voto de castidad con su mujer.
Recuerdo las cenas de mi padre porque mientras tomaba su sopa de fideos desbarraba contra Ramón por lo de los pacientes y lo de la castidad. “Un hombre casado que hace voto de castidad ni es santo ni es nada”, repetía. Pero es que a mi padre siempre le costó mucho entender el más allá. Quizás porque estaba muy apegado a la tierra, y a sus hijos, y a la vida. Luego dejaba la cuchara en el plato, se limpiaba la boca con la servilleta, y se levantaba de la mesa. "Se me acabó el hambre", decía.
Y ahora no solo duerme el sueño eterno a su lado, sino que además tiene el nicho hecho unos zorros, mientras a Ramón se lo engalanan los penitentes todos los días.
Y es que Ramón ahora es beato. No beato de los que rezan a toda hora, de rodillas, en un banco de la iglesia, que eso también lo fue. Es beato de título. Quiero decir que está a punto de que el Papa lo canonice.
Primero se le nombra beato, y luego, si se porta bien y hace muchos milagros, de los que la iglesia comprueba y reconoce, pues se le nombra Santo, y se monta una fiesta tremenda. A partir de ahí, ya todo el mundo sabe que está en el cielo y que su vida fue un ejemplo.
De un tiempo a esta parte Ramón hace milagros y la gente se lo paga escribiendo al Papa y llenando su lápida de flores. Van a visitarle, y le rezan, y le dicen cosas preciosas.
No podía dejar de pensar que debía estar subidísimo, y mi padre, frito.
Me supo mal y se lo dije. “Papá, no podemos hacer nada. Aunque viniera todos los días a traerte flores y a limpiar la lápida, Ramón siempre tendría penitentes y tú no”. “En vida te quitó pacientes y en la muerte, penitentes”.
Y es que no se puede hacer nada cuando un hombre va camino de la santidad, caiga quien caiga.

6 comentarios:

Lispector dijo...

¡Muy bueno, Carmen! Bsos.
Daniela.

leo dijo...

Si es que no hay armas para luchar contra la santidad. Qué cosas...
Me ha gustado mucho, Carmen.

NIKE dijo...

hola, el relato está buenisimo carmen, a veces las personas toman distintos caminos pero no creo que se sepa a ciencia cierta cual fue el mejor.
un abrazo!!

Carmen dijo...

Daniela, Leo, Nike. Me gusta que os guste y que os paseeis un poquito por mi blog.
Un abrazote muy gordo a los tres
Carmen

Chitu dijo...

Muy Bueno, Carmen, seguro que para tu familia tu padre fue un santo y aunque no le lleven flores lo llevan en su corazon, como decia mi padre

Chitu dijo...

Muy Bueno, Carmen, lo cierto es que seguro que tu padre fue un Santo para su familia que aunque no le lleven flores lo llevan en su corazon, como decia mi padre