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miércoles, 2 de abril de 2008

LA CULPA



Se han acabado las vacaciones y tengo desgana posvacacional. No es que no me guste trabajar, es que hacer lo que te apetece en cada momento sin mirar el reloj descarga mucha adrenalina, y yo. Pues eso, que necesitaba descargarla.
He paseado por la playa, he tomado paella y he disfrutado de mis antiguas amigas. Soy una sentimental y no concibo pasar por mi tierra y no llamarlas.
El miércoles salí con Magda. Acaba de cambiarse de piso porque no puede pagar las letras del antiguo. La pensión compensatoria de su cónyuge divorciado no le da para tanto. Pero eso ahora ya no importa porque ahora su ex marido se ha convertido en su amante. Se separaron porque se metió otra por en medio, una tal Clara. Él dijo que se sintió comprendido por Clara, que Magda era una histérica, que montaba pollos por cualquier cosa. Dijo que si no llega a ser por Clara su vida hubiera sido un infierno. Clara era amiga de Magda y dijo que fue sin querer, que lo veía tan solo, que las cosas surgieron sin proponérselo. Magda le puso mil denuncias y se lo contó hasta al farmacéutico del barrio. Todos sabíamos por ella de la inmadurez de Ernesto, de su despreciable actitud, de lo vil y cruel que había sido.
Ahora han vuelto pero a escondidas. Y es que Magda se puso pechos y se quitó tripa, se puso silicona en los labios y se quitó celulitis. Ernesto se casó con la amante y ahora se la pega con su ex mujer. Se esconde en el coche cuando la ve llegar y le envía mensajes al móvil. Dice que la desea, que la quiere, que sueña con ella. Le dice cosas preciosas. Hasta le escribe poesías. Se ha vuelto poeta solo por sus pechos, por la silicona de los labios, por todo eso.
Ahora ella es la otra. Dice que le gusta, que no le importa, que mira tú por donde no sabía lo original que podría llegar a ser Ernesto de amante. Se ven en los cines, se ven en los moteles y se lo pasan estupendamente escondiéndose de todo el mundo. Él le dice que Clara es una histérica, que le monta pollos por cualquier cosa. Le dice que si no fuera por ella su vida sería un infierno.
El sábado no fui a ver a nadie. Tropecé con una procesión, la del silencio. Había miles de penitentes. Estaba Magda, estaba Clara, y también vi a Ernesto, llevaba el paso y sudaba. Ellas arrastraban la culpa con un cirio en la mano. Vestían de negro y se las veía tristes. Él vestía de nazareno y alzaba el paso con esfuerzo. Las gotas de sudor caían por su frente. Es por la Semana Santa, pensé.
El domingo me fui a la playa a bañarme y a tomar el sol. Y hoy lunes he regresado al trabajo, a la rutina, a lo de siempre. Pero con memos adrenalina. Eso sí.

6 comentarios:

Leo Zelada Grajeda dijo...

La culpa, esa niebla que nos opaca

Bea dijo...

Se te echaba de menos.

Pero qué historia, hay que ver. Muy buena eso sí. Puede llegar a ser una novela y sería un best seller.

El nuevo papel de amante de Magda no está mal, la verdad.

Esa relación obsesiva de los tios con las tetas les ciega. Es para alucinar.

Enrique Páez dijo...

Muy bueno, Carmen. Parece de esos buenos microcuentos de Quim Monzó.
ABrazos

Carmen dijo...

Leo, tienes razón, la culpa nos opaca y nos deja de pena.
Bea, he tardado en escribir porque he tenido obras y no podía conectarme. Pero ya estoy aquí de nuevo para soltar adrenalina y para leeros. Por fin. Me tengo que poner al día.
Enrique, cómo me importa tu opinión. Me he convertido en una paezdependiente. Voy a engancharme también a tu novela que la tengo atrasada.

leo dijo...

La verdad es que cargar con un paso de Semana Santa tiene que dejarle a uno nuevo de toda culpa. Dónde quedó el clásico padrenuestro...
Genial, Carmen, como acostumbras.
Un besoteeeeeeeeeeeeeee.

Carmen dijo...

Gracias Leo.
Qué bien encontrarte por estos lares.
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Besooote