Textos

lunes, 1 de noviembre de 2010

DESPIERTA











Hoy no me he despertado omnisciente, hoy simplemente me he tomado la libertad de convertirme en un narrador en tercera persona. Y la culpa la ha tenido Ana. Me ha dicho, como sin darle importancia, que ayer me vio hablando sola por la calle, qué graciosa ¿no? La verdad, a mí no me ha hecho ni pizca de gracia. Me he imaginado como esos majaras que andan ensimismados con sus problemas, esos que hacen gestos por la calle, de disgusto o de aceptación, qué sé yo. Los hay a miles; en el metro, en las tiendas, dentro de sus coches. Y hasta ahora yo me creía a salvo de todos esos alardes de mismidad. Pero no, el desvelamiento de Ana me ha alertado. Y el caso es que observándome, observándome, he descubierto que es cierto, que me paso la vida conmigo, que no me entero de casi nada de lo que me rodea, que voy del pasado al futuro, sin pasar por el presente. Y de pronto me he sentido muy agobiada. Me he visto dentro de un oscuro y estrecho túnel, regodeándome en mis propios pensamientos, la mayoría de ellos agresivos, como si me clavara una daga cada vez que pienso en lo que me hizo tal o cual persona. He descubierto mi vida de tacita de chocolate, de terroncito de azúcar, y lo he decidido. Se ha acabado, me he propuesto. Me voy a ver mundo. Y es por eso por lo que he decidido abandonar ese túnel oscuro en el que doy vueltas y más vueltas alrededor de mi misma, inapropiada siempre, y lo que es peor, contándomelo hasta en voz alta.
He decidido emprender un viaje de aventuras. El viaje al presente, al narrador en tercera persona, ver sin juzgar.
Un narrador en tercera persona es aquel que cuenta solo lo que ve, no juzga, no se implica. Constata, como un notario, lo que pasa a su alrededor. Así, por ejemplo, vemos que Dashiel Hammet en “El halcón maltés” comienza su tercer capitulo de la siguiente forma “Cuando Spade llegó al despacho a las diez de la siguiente mañana, Effie estaba sentada ante su mesa, abriendo el correo matutino. Su cara de muchacho estaba pálida, bajo la piel tostada por el sol. Dejó sobre la mesa el puñado de cartas y la plegadera de metal blanco y dijo en voz de aviso...”
Y así he pasado la mañana, observando caras de muchacho tostadas por el sol. He comprobado como un hombre conduciendo escribía encima del volante mientras se metía por el carril de su izquierda, he confirmado que hay una calle que tiene escaleras y al final se cierra con una verja. He visto como Lola, mi compañera, se inventaba su vida, y después de colorearla la envolvía en un lazo rosa. He visto como el conductor del autobús se ha bajado en Cuatro Caminos y nos ha dejado quince minutos esperando porque le ha apetecido, como la señora que tenía frente a mí se tocaba el pelo y cerraba los ojos, como la chica de enfrente comía una ensaimada mirando el cielo. He observado que un hombre miraba fijamente a una mujer mientras subíamos en el ascensor, y como ella no apartaba los ojos del suelo. Y ¿por qué, todo eso? pues no lo sé, ni siquiera importa, porque solo soy un narrador en tercera persona, pero lo que sí tengo claro, es que hoy no he hablado sola, ni siquiera sé cómo me sentía. No he recordado afrentas ni remordimientos. Hoy no me he sentido culpable ni indignada, el mundo estaba ahí afuera y se movía. Estaba en el presente, y pasaban cosas, y yo solo las veía, despierta y callada.

4 comentarios:

leo dijo...

¡Hola, narradora en tercera!
Jo, me he sentido identificada con los majaras que van por la calle dándose razones... Cuánto más fáciles serían las cosas si moderáramos nuestros juicios. Me gusta eso de no sentirse indignado, aunque sea por un día.
Besissss

Ángel dijo...

¡Hola, Carmen!
¿y no te has pegado ni siquiera un poquito a ninguno de los viandantes?¿has sido una tercera radicalmente omnisciente? Jo, qué rollo, ¿no? Sí, vale. es más fácil, pero...
No sé, yo cuando pillo una novela y veo que el narrador es omnisciente... ufff, casi que no...
En fin, no sé, cada maestrillo tiene su librillo :-)
besitos
ángel

Carmen dijo...

Leo, es que acabamos hablando solos la mayoría. Menos mal que ahora con el móvil se pasa más desapercibida.
Ángel, es tercera persona, solo ve y constata. El omnisciente por lo menos lo sabe todo.¡Tan sabio él! Prueba a ser tercera persona y verás lo que descansas de ti. Es una gozada aunque muy dificil.

Bego dijo...

Probaré el ejercicio Carmen, aunque creo que soy tan cotilla que no podré quedarme en narrar lo que veo... siempre me pregunto por la vida de la chica de la ensaimada.