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lunes, 2 de mayo de 2011

LA AMISTAD






Hace tiempo escuché a García Márquez en una entrevista hablando de Onetti, y decía que era su amigo y que con él ejercía la amistad.
Me pareció muy interesante y desde entonces ejerzo la amistad.
No salgo con amigas en grupo para pasar el rato, que también lo hago, sino que ejerzo la amistad. Se trata de quedar con algún amigo/a a conversar, a escuchar de verdad, dejar que se expanda, que sea él o ella, entrar en su intimidad y que entre en la tuya. Sentir, aunque sea por unos minutos, que no estamos solos.
El ejercicio de la amistad no debe hacerse muy a menudo porque del roce vienen siempre las tensiones, los celos, las fricciones, y por último el gran enemigo: “El EGO”. Es mejor estar tiempo sin ver a tu amigo y verlo solo cuando tienes ganas de ejercer la amistad, de escucharle, de aprender, de dejarle ser él mismo. A veces da pereza pero siempre merece la pena. Cuántas cosas compartimos con el otro sin darnos cuenta, y cuantos ansiolíticos nos ahorraríamos si practicáramos más.
Cuando regreso a casa después del encuentro con el amigo, me siento tan acompañada, tan a gusto, que comprendo a García Marques ejerciendo lo que ya no se practica; la amistad.

3 comentarios:

leo dijo...

Ains, Carmencita, qué sería de nosotros sin los amigos, sin todo ese cariño que nos dan y, sobre todo, si no pudiéramos darles a ellos todo el amor que necesitamos dar para seguir siendo humanos.
Sin embargo, yo creo que los roces entre amigos no vienen tanto de tratarse demasiado como de los "despistes de la empatía", de que todos somos imperfectos; y que lo importante no es que no se produzcan roces, sino que seamos capaces de superarlos, de dejar nuestro ego a un lado y pedir perdón, y perdonar, ser sinceros, escuchar, confiar etc...
Y qué genial esa sensación de calidez, de compañía profunda, cuando regresas a casa después de una buena conversación con un amigo, ¿verdad?
A ver si ejercemos pronto, por cierto, amiga. Un besote grande.

Juan C. dijo...

Hola (gracias por tu comentario, meses atrás en mi blog)...
Qué suerte teneis, yo cada vez encuentro la amistad menos, no sé decirlo de otra forma, menos auténtica.
Puede que sea mala suerte pero en mi entorno la mayoría de quienes compartíamos intimidades ya no lo hacen (ni conmigo ni entre ellos). Cuando yo expongo las mías percibo que les resulta incómodo. Creo que la gente no quiere en estos tiempos abrirse tanto, encarar así la vida, supongo que lo consieran peligroso para las verdades de las que se rodean... ¿alguien quiere intimar y ejercer la amistad conmigo?

Solamente monstruos melancólicos como Onetti o Gabo, llegados a esas edades, se mantienen con ese espíritu tan joven, creo.

Un beso.

Carmen dijo...

Leo, cada día tardo más en entrar en el blog, y cuando lo hago me arrepiento de haber tardado tanto, porque me encuentro como en casa y con mis amigos. Besissss.

Juan, cómo me alegra encontrarte. Creo que la amistad, como yo la veo, es diferente en los hombres. En general parece que os entra un sarpullido al hablar de intimidades. Y sin embargo es tan relajante. Espero que no sean solo monstruos melancolicos los que la practican, porque se ha demostrado que una buena conversación es curativa.