Textos

lunes, 17 de noviembre de 2014

HOSSANA EN EL CIELO







A veces pienso que si el cielo es tal y como nos lo enseñaron en el cole, está a rebosar. No cabe ya ni un alma. Lo primero que se necesitaba para pecar era hacerlo con intención, con toda tu mala idea. Un ahora me pongo a pecar porque se me ha puesto el cuerpo golfo y voy a hacer todo el daño del que soy capaz.
Pero eso, visto lo visto, no existe. La gente peca con espontaneidad. Los jefes que provocan una depresión en sus subordinados por ser unos sádicos, no se ven a sí mismos como tal. Los niños que acosan a sus compañeros, no se percatan de que son unos perversos anormales, sino como chicos gracioso. Los políticos que roban con las dos manos, se rasgan las vestiduras cuando salen en la prensa, incluso se meten con otros como si a ellos que les registren. Los que usan tarjetas negras para comprar juguetes para los niños y moteles para su body, dicen que eso no es culpa suya, que haberlo declarado la empresa. Y así todo; los amigos, los hermanos, los compañeros. ¿Pero yo? ¿Qué he hecho yo sino tener la razón de mi parte? Si he ocasionado una enfermedad o una depresión, a mí no me mire.
 Y lo peor es que no lo dicen por defenderse, es que se lo creen.
¿Cómo van a pecar esas almas de cántaro si no lo hacen a posta?
La verdad tiene muchas caras, pero algunas son muy, pero que muy duras.
En una ocasión apareció en mi despacho un asesor cargado con una caja de cartón repleta de facturas de gastos de su cliente. Supongo que estaba seguro de que yo no iba a tener la paciencia de revisar ese maremágnum de papeles  amontonados y sucios, tal es la imagen que tienen algunos de los funcionarios. Pero abrí la caja y la revisé sorprendida, hasta que llegué a una carta del cliente a su asesor en la que le decía que le enviaba esos papeles sin valor, sin orden y con fechas prescritas, para ver si lograba cansar a la inspección, como él mismo (su representante) le había propuesto Efectivamente, entre las facturas había entradas del cine de siete años atrás, el recibo de una lavadora Zanussi, la lista de la compra, collar para el perro, un  pésame muy sentido por el fallecimiento de su abuela… La verdad es que el asesor podría, por lo menos, haber filtrado la caja de las facturas antes de llevarla a Inspección, retirar la carta inculpatoria del cliente y comportarse de un modo más profesional, pero le dio pereza. Le mostré la carta al contribuyente para no perder tiempo con los gastos inventados, y él, en vez de enfadarse con el asesor, la emprendió contra mí porque el poli bueno era el asesor y yo el poli malo por pretender quitarle la venda de los ojos.
Con esto quiero decir que el que no lo quiere ver, no lo va a ver aunque sea un toro. Por eso, cuando esos angelitos se mueren, llevan colgando una ristra de acciones perversas. Aunque, eso sí, sin intención de pecar.

Lo dicho: el cielo hasta la bandera y en la tierra, todos jorobados.

1 comentario:

Carmina Botella dijo...

Ja,ja,ja, muy bueno Carmen, es que no hay más ciego que el que no quiere ver y está visto que hay una gran mayoría que cuando se mira en el espejo está "encantado de haberse conocido" y no se cuestionan ni por un momento sus acciones u omisiones.
Por eso el Cielo está tan desacreditado. Con semejante gentuza allí yo prefiero ir al Infierno que por lo menos vas porque "pecas a sabiendas" Un besazo.