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sábado, 12 de septiembre de 2015

MOMENTOS ESTELARES DE LA HUMANIDAD



   

 

 

 

Hace tiempo me enviaron un vídeo por facebook que me llamó mucho la atención. Se trataba de un grupo de leones y leonas comiéndose a un ñu en la sabana, al sur de Kenia, y mientras se afanaban con la presa, tres indígenas, extremadamente delgados y de 65 años,  los miraban desde una prudente distancia. En un momento determinado, como si un resorte los hubiera puesto en marcha, se lanzaron como un solo hombre hacia la pieza que devoraban los leones, y lo hicieron con decisión, sin dudas. Éstos, al verlos llegar, se fueron apartando de la presa poco a poco. Y los indígenas, sin perder tiempo, cortaron una pata del animal con un machete y se la llevaron. Los leones que observaban no muy lejos, al verlos marchar volvieron a su presa sin atacarles. Era la máxima manifestación de lo que puede generar el desconcierto. La fuerza de la decisión y el inmenso poder de la sorpresa.

Desde entonces no he dejado de pensar en el vídeo, y cuando la otra noche estuve viendo un documental sobre la segunda guerra mundial, confirmé mis sospechas. Hitler fue invadiendo territorios sin encomendarse a dios ni al diablo. En primer lugar,  los territorios que él consideraba alemanes. El resto de europeos contemplaban la decisión de sus hazañas, tan perplejos como los leones a los indígenas. “Bueno”, pensaron, “al fin y al cabo son territorios a los que él cree tener derecho, no merece la pena inmiscuirse.” Los datos que  se  daban en el documental era que si en ese instante se le hubieran parado los pies, los alemanes hubieran tenido que desistir porque no estaban preparados ni militarmente ni económicamente para el enfrentamiento con Europa. Pero pareció una nimiedad, un desgaste inútil, una falta de temple. Luego invadieron Polonia, y el susto fue morrocotudo, pero ya no había nada qué hacer. Los pactos estaban firmados por detrás, y los alemanes también estaban mucho más pertrechados. Después…, bueno, lo que vino después ya lo conocemos todos. Murieron entre 55 y 60 millones de personas en la guerra, hubo mutilados y hambre durante muchísimos años. Y todo por el poder de la sorpresa,  la inactividad y la dejadez de los que observan cobardes sin tomar medidas a tiempo.

De hechos como ese está plagada la historia. Hernán Cortes invadió el imperio azteca con unos cuantos soldados y marineros. Invadió a un PAÏS entero, que se dice pronto. ¿Cómo se explica eso?, pues por el dichoso poder del desconcierto, por la sorpresa, por la falta de arrojo en los momentos precisos.

“Momentos estelares de la humanidad: catorce miniaturas históricas”, un libro de Stefan Zweig, nos habla de cómo se ha ido  conformando la historia, y nos cuenta hechos sorprendentes de pérdidas por despistes, casualidades, sorpresas e indecisión.

 Siempre igual, unos leones sin arrojo que se ven sorprendidos por cuatro  indígenas temerarios. Un hombre temerario y sin escrúpulos se enfrenta a un blando que se lo piensa todo tanto, que cuando va a actuar se le ha echado el tiempo encima.

Dictadores que convulsionaros a la humanidad ante pánfilos de catalogo y la pifia consumada.

No viene nada mal leer este libro y repasar la historia  en estos momentos tan delicados para el futuro.  

(Os dejo el vídeo)

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