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domingo, 8 de noviembre de 2015

ECHADORAS DE CARTAS





Anoche, aunque estaba derrengada, no pude evitar quedarme a ver “La Sexta Noche”. Estos políticos sufren la mar. Me recuerdan a las echadoras de cartas. Estoy enganchada, lo reconozco. En cuanto veo a una señora barajando, con el pelo rizado, velas en la mesa y parloteando sin parar, lo dejo todo.
Me gusta ver cómo salen del lío en los que les meten los consultores. ¿Tienes novio, cariño? Pues no. “¿Pero hay  alguien que te gusta?” “Pues no” La echadora se contrae nerviosa, el pelo rizado se le va alisando por la contaminación atmosférica que sufre su cerebro al enfadarse. Le gustaría gritarle: “Y tú ¿para qué, narices, has llamado..., cariño? Pero se contiene. Y así, con habilidad, cara dura,  artimañas, desaciertos y hallazgos, va emitiendo un veredicto de lo más osado porque no va a volver a ver al susodicho/a en la vida, y ella ya ha recibido su paga.
Ayer me acordé de esas marrulleras por la similitud con los políticos y sus respuestas. El CIS lleva a los líderes a mal traer porque les obliga a posicionarse permanentemente: uno se hace el simpático, otra baila, otro ficha militares, el de más allá promete sueldos p´a tos. Lo que se tercie por subir las expectativas de voto. Pero en estas elecciones, todos, absolutamente todos,  tienen ante sí un hueso duro de roer y lo saben: la secesión de Cataluña. Han descubierto que las tarjetas black, los Pujols, el tres por ciento, Bárcenas, las preferentes, los fondos buitres, los ERES y la enorme pobreza de este país son “pecata minuta” frente al independentismo catalán.
Si manifiestan su total adhesión a la proclamación de la Republica Catalana, se quedan sin votantes en las generales. Eso lo sabe hasta el más tonto. Y si dicen que de eso nada, se monta en Cataluña la marimorena. Te llaman facha, carpetovetónico, mamut…  Algunos, cual bruja de la tele, tantean el terreno. Dicen que están en contra de  la independencia catalana pero abogan por el referéndum, otros dicen que si los dejan a ellos intervenir, convencen a los catalanes para que se queden en España para siempre jamás. Otros hablan de “el corredor mediterráneo”, dejando a los que viven en el corredor mediterráneo con los pelos de punta. Porque así, de golpe, sin adiestramiento escolar ni odios africanos, salir de Europa, del euro, poner fronteras hasta más allá de Orihuela, que es lo menos valenciana que conozco, pues les coge a desmano. Un lío.
 ¿A ver cómo sale éste del charco?, me pregunto en las entrevistas, y se me quita el sueño. “¿A quién apoyaría usted llegado el caso?” pregunta un periodistas. “Yo salgo a ganar…, cariño” “Ya, pero si no ocurriera?” “Pues ya ve usted, ni me lo planteo…, cariño”. 
Yo les aconsejaría a los candidatos que se suscribieran a la página: “echadores de cartas punto com”, y aprendieran a moverse en la ambigüedad hasta dejar atontolinado al entrevistador y a los votantes, porque, al igual que los consultores de brujas, si ellos quieren creer, van a aceptar la mayor barbaridad que se les conteste. El problema son los no entregados, los que cambian el panorama político sin despeinarse, los que no viven el síndrome de Estocolmo por sus siglas de toda la vida.  Y a esos, precisamente, son a los que tienen que convencer, por lo menos de aquí a las elecciones. Porque una vez haya pasado todo y con el voto en la mano; ya pueden pactar, desimputar, limpiar currículos, azuzar a los catalanes, convencerles de que quién les roba son los españoles, no ellos. Porque eso es muy antiguo: Roma la quemaron los cristianos, no Nerón ¡so incultos!


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