Textos

domingo, 12 de febrero de 2017

INSOMNIO


                                              


 imagen: Asaf Hanuka


Soy tan insomne que hasta cuando duermo sueño que no puedo dormir. Es una especie de bucle del que no logro sustraerme y que me causa un infinito desasosiego.
Anoche lo volví a soñar, soñé que si unos niños jugaban gritando a mi alrededor y tenía que cambiarme de habitación, pero como tampoco lograba dormir porque los vecinos de arriba habían montado una fiesta por todo lo alto, me tuve que marchar a dar un paseo para ver si cansándome lograba caer rendida. Lo único que conseguí fue acabar en una playa desierta a las tantas de la noche y muerta de miedo. No tenía más remedio que regresar a mi habitación, con los niños y los vecinos. De pronto desperté y me di cuenta de que lo había soñado todo con tanta verosimilitud que estaba para el arrastre.
A veces me pongo audios de control mental para relajarme, son audios  en los que me cuentan que estoy relajadísima, vamos, que aunque quiera no puedo ni mover las piernas, es mentira pero yo hago como si me lo creyera, y hasta simulo que se me cierran los ojos y se me agarrotan las piernas, más que todo para no hacer el feo a la voz que me habla. Luego invade la habitación un sonido a lluvia torrencial o a olas que parecen tsunamis. Cuando ya mis  ojos parecen bolas de pimpón por si me cae un rayo encima, es el momento en el que sueño que no me duermo. Aunque, bien pensado ¿para qué me voy a dormir si en cuanto lo logro  los vecinos comienzan la fanfarria y me tengo que tapar la cabeza con la almohada?
Luego, cuando me despierto agotada y ojerosa, ya no suena en la radio el chapoteo rítmico de la lluvia, ni me obligan a imaginar un bosque idílico plagado de rododendros y mariposas, sino que mientras soñaba que tenía insomnio, las noticias había sustituido la voz repetitiva del tío que se empeña en que se me cierran los ojo, para sustituirlo por un locutor que me habla de la realidad más real. Me cuenta las primeras noticias de la jornada, las cuales  coinciden con las últimas de EEUU y su mandatario. Como hay diferencia horaria, mi despertar coincide con el apogeo de su sinsentido antes de irse a la cama. Quizá sea ese el motivo de que no descanse, de que sueñe que no duermo y de que me despierte contraída y greñuda.
Esta mañana he despertado con la noticia de la tele/tienda que ha montado en la Casa Blanca la hija de Trump, aderezado con las amenazas a los hispanos, a los periodistas, a los actores y actrices, a los locutores y jueces, a Europa y al sursum corda. Y ya no tengo muy claro si quiero dormir o soñar que duermo. Si quiero despertar escuchando las originalidades de Donald o la lluvia y los rododendros.