"No envidies a quien adquiere su honor en detrimendo de la vida." Séneca
miércoles, 8 de octubre de 2008
viernes, 26 de septiembre de 2008
IDENTIDAD

Imagen: Perez Morales
No siempre lo que duele nos perjudica.
El rechazo, por ejemplo, nos define, nos da una identidad más allá del otro, y graba una raya negra que perfila nuestro ser único.
Es doloroso ser rechazado, incomprendido y apartado, sí. Pero al mismo tiempo nos pone límites respecto a los demás.
Una película de Woody Allen, “Zelig”, trata de una persona que quiere ser amada y comprendida por todos, y para conseguirlo se mimetiza con el otro, hasta el extremo de convertirse en él. Es boxeador y saxofonista, rabino o líder político, todo dependiendo de con quién esté. Como todas las películas de Woody Allen, como todo humor, tras la mofa se advierte un fondo amargo.
Si fuéramos queridos y aceptados por todo el mundo, desaparecerían nuestros límites y no seríamos nada. O por lo menos, no llegaríamos a saber jamás quiénes somos.
El rechazo que nos duele, nos define.
Entre los amigos fluye una energía que interactúa, se diluyen los perfiles. Esos perfiles que ellos no nos pueden dar porque comparten.
Es fantástico tener amigos, por supuesto. Ya dijo Aristóteles que es la manifestación más perfecta del hombre, lo que nos humaniza.
Pero también es cierto que el que no haya sufrido rechazos, patadas, zancadillas, está sin definir.
Por tanto, bienvenidos los que nos niegan.
Bienvenidos por sus incomprensiones, por las fronteras que nos dibujan, por definir nuestra identidad y resaltarla con sus rayas negras.
Duele, pero no perjudica.
lunes, 22 de septiembre de 2008
DESTINO. FIN
Foto: Cocke
Era de nuevo la voz de esa mujer. Esa desgraciada continuaba pidiéndole a Tomás que siguiera, dirigiéndolo por los vericuetos del amor. No pude más. Me agarré a Antonia y me puse a llorar. No podía soportar esa tensión. La voz de esa mujer me perseguiría por todas partes. Se había convertido en una obsesión.
-Es mi tormento -le grité a Antonia.
-Shsssss –dijo ella. Y se puso a levantar muebles.
-Es su venganza –grité.
-No, es el GPS –dijo ella con una especie de movil en la mano- Lo ha dejado cargando y se ha enganchado.
Y fue entonces cuando observé detenidamente ese horrible aparato que no hacía más que repetir; siga, siga. Quise apagarlo, hacerlo añicos, arrojarlo contra la pared, destrozarlo en mil pedazos. Pero esta vez Antonia me lo impidió. La voz continuó con su perorata:
-Después de la primera rotonda, gire a la izquierda. Y después, siga, siga, siga.
Se lo arranqué de las manos a Antonia por fin y lo arroje contra el suelo. Fue antes de caer, antes de destruirse en mil pedazos, cuando escuché la voz por última vez.
-HA LLEGADO USTED A SU DESTINO.
-Es mi tormento -le grité a Antonia.
-Shsssss –dijo ella. Y se puso a levantar muebles.
-Es su venganza –grité.
-No, es el GPS –dijo ella con una especie de movil en la mano- Lo ha dejado cargando y se ha enganchado.
Y fue entonces cuando observé detenidamente ese horrible aparato que no hacía más que repetir; siga, siga. Quise apagarlo, hacerlo añicos, arrojarlo contra la pared, destrozarlo en mil pedazos. Pero esta vez Antonia me lo impidió. La voz continuó con su perorata:
-Después de la primera rotonda, gire a la izquierda. Y después, siga, siga, siga.
Se lo arranqué de las manos a Antonia por fin y lo arroje contra el suelo. Fue antes de caer, antes de destruirse en mil pedazos, cuando escuché la voz por última vez.
-HA LLEGADO USTED A SU DESTINO.
domingo, 21 de septiembre de 2008
DESTINO 8
Imagen: Hopper8
Cuando entré en casa, me recibió como siempre, es decir, ni me miró. Tan solo dijo:
-La cena –como si acabaran de entrar las patatas a la jardinera por la puerta.
No le dije nada. ¿Para qué? Lo iba a negar. Iba a mentir. ¿Y yo? ¿Qué iba a ser de mí? No sabía a quién acudir. Y Sebastián, el pobre Sebastián, no era más que un descarnado que no podría hacerse cargo de mi dolor. Debía pensar deprisa, muy deprisa. La realidad se me echaba encima como una losa. Era una realidad pegajosa y densa, como si un murciélago se hubiera posado encima de mi cabeza y no lo pudiese arrancar. Sus horribles alas, su chirriar espeluznante.
-Está noche regresaré tarde –dijo Tomás-. Tengo que revisar el balance con el contable.
Y lo dijo con la mentira grabada en sus ojos y la traición en los labios como si interpretara un tango.
Cuando entré en casa, me recibió como siempre, es decir, ni me miró. Tan solo dijo:
-La cena –como si acabaran de entrar las patatas a la jardinera por la puerta.
No le dije nada. ¿Para qué? Lo iba a negar. Iba a mentir. ¿Y yo? ¿Qué iba a ser de mí? No sabía a quién acudir. Y Sebastián, el pobre Sebastián, no era más que un descarnado que no podría hacerse cargo de mi dolor. Debía pensar deprisa, muy deprisa. La realidad se me echaba encima como una losa. Era una realidad pegajosa y densa, como si un murciélago se hubiera posado encima de mi cabeza y no lo pudiese arrancar. Sus horribles alas, su chirriar espeluznante.
-Está noche regresaré tarde –dijo Tomás-. Tengo que revisar el balance con el contable.
Y lo dijo con la mentira grabada en sus ojos y la traición en los labios como si interpretara un tango.
Lo abandoné un martes. Lo dejé con su fútbol, con sus desprecios, con sus patatas a la jardinera, con su sosería.
Le pedí a Antonia que me acompañara a la casa de la sierra. Quería despedirme de Sebastián, de su consuelo.
-Solo será esta noche-le dije.
Dejamos la grabadora encendida toda la noche, y por la mañana nos acercamos a Becerril.
El corazón se me salía del pecho al encenderla.
Le pedí a Antonia que me acompañara a la casa de la sierra. Quería despedirme de Sebastián, de su consuelo.
-Solo será esta noche-le dije.
Dejamos la grabadora encendida toda la noche, y por la mañana nos acercamos a Becerril.
El corazón se me salía del pecho al encenderla.
Se escuchaba solamente la honda respiración de Antonia. Estaba a punto de escuchar esa voz. Por fin llegaba lo que había esperado tanto tiempo. Esperaba que dijera algo para sacarme de mi soledad, de mi desesperanza, de mi miedo a seguir. Pero no era la voz que yo esperaba, el tono varonil y bajo de Lee Marvin en La leyenda de la ciudad sin nombre. No, era una voz sensual, sugerente, sí, pero…
miércoles, 17 de septiembre de 2008
DESTINO 7
Imgen: Margarita Diaz Leal
7
Lo que escuché fue la voz de una mujer.
-Sebastián es gay –grité desconsolada-. No podrá amarme nunca. No sabía cómo decírmelo y ha utilizado ese método.
-Shhhhhs –dijo Antonia.
La voz sensual dirigía a su amante en las vicisitudes del sexo. Le proponía que siguiera que no se detuviese que continuara un poco más.
-Es la voz de una mujer –confirmó Antonia- Hazme caso, yo entiendo de esto. No está descarnada.
-¿Una mujer?
-Una mujer de carne y hueso que estuvo aquí anoche.
-¿Y si se ha metido otra descarnada?
- Nada de eso. Aquí ha estado alguien mientras la grabadora funcionaba. Piensa un poco ¿Quién llegó tarde a tu casa anoche?
- ¡Tomás!
-Tomás te la pega.
La voz continuaba dirigiendo sensuales consejos.
-Dios mío. Y con una extraña.
-Puede ser una de la oficina. Quién sabe.
-Mi Tomás es un infiel –grité apagando la grabadora- No necesito oír más. Volvamos a casa.
El camino de regreso se convirtió en una contradicción continua. Puede ser una interferencia, puede ser que entraran ladrones, puede ser…
Lo que escuché fue la voz de una mujer.
-Sebastián es gay –grité desconsolada-. No podrá amarme nunca. No sabía cómo decírmelo y ha utilizado ese método.
-Shhhhhs –dijo Antonia.
La voz sensual dirigía a su amante en las vicisitudes del sexo. Le proponía que siguiera que no se detuviese que continuara un poco más.
-Es la voz de una mujer –confirmó Antonia- Hazme caso, yo entiendo de esto. No está descarnada.
-¿Una mujer?
-Una mujer de carne y hueso que estuvo aquí anoche.
-¿Y si se ha metido otra descarnada?
- Nada de eso. Aquí ha estado alguien mientras la grabadora funcionaba. Piensa un poco ¿Quién llegó tarde a tu casa anoche?
- ¡Tomás!
-Tomás te la pega.
La voz continuaba dirigiendo sensuales consejos.
-Dios mío. Y con una extraña.
-Puede ser una de la oficina. Quién sabe.
-Mi Tomás es un infiel –grité apagando la grabadora- No necesito oír más. Volvamos a casa.
El camino de regreso se convirtió en una contradicción continua. Puede ser una interferencia, puede ser que entraran ladrones, puede ser…
Era Tomás el que había estado en casa con esa. No cabía la menor duda. Él había llegado muy tarde la noche anterior. Dijo que se había quedado en la empresa haciendo inventario. Eso dijo, el muy cabrón.
lunes, 15 de septiembre de 2008
DESTINO 6
6
Al día siguiente, a primera hora, salí con Antonia hacia la sierra.
-Acelera- le dije-, que no puedo más.
-Tranquila, mujer, que no se va a borrar su voz porque tardemos un poco.
El corazón se me salía del pecho cuando conectamos la grabadora. Fue una gran sorpresa. Una sorpresa inesperada.
No era la voz que yo esperaba, el tono varonil y bajo que me sacaría de mí. Lee Marvin en La leyenda de la ciudad sin nombre. No, era una voz sensual, sugerente, sí. Pero…
Al día siguiente, a primera hora, salí con Antonia hacia la sierra.
-Acelera- le dije-, que no puedo más.
-Tranquila, mujer, que no se va a borrar su voz porque tardemos un poco.
El corazón se me salía del pecho cuando conectamos la grabadora. Fue una gran sorpresa. Una sorpresa inesperada.
No era la voz que yo esperaba, el tono varonil y bajo que me sacaría de mí. Lee Marvin en La leyenda de la ciudad sin nombre. No, era una voz sensual, sugerente, sí. Pero…
sábado, 13 de septiembre de 2008
DESTINO 5

Foto: "Lleymab "
La primera vez me acompañó Antonia, dijo que ella entendía de voces de ultratumba, de sofrología y de psicofonías más que nadie. Que era lo suyo, su gracia, vamos. Y yo la dejé hacer. Al fin y al cabo fue ella la que me presentó a Sebastián, y la que estaba un poco en el ajo.
Me acompañó y colocó la grabadora en un sitio estratégico de la casa. Me habló de energías y demás zarandajas que no entendí. Luego, un poco antes de las doce del medio día, regresamos a Madrid.
Qué nervios pasé aquella noche. Se me quemó el lenguado, tiré a la basura los deberes de Pablito, y abrasé a Miguel en la ducha.
-Cada día estás más tonta -dijo Tomás cuando sus hijos se lo contaron. Pero no me importaron ni siquiera las broncas que tuve que soportar. Mi cabeza y mi corazón se encontraban muy lejos, en Becerril de la sierra.
Todo tenía que suceder por la noche, en el silencio, en la soledad de una noche de invierno. Sebastián, el de Ponferrada, iba a hablar y se iba a desvelar el misterio de su sonido, la cadencia de su voz, su ritmo. Me iba a decir palabras de amor y yo las iba a escuchar. Sebastián, cariño.
La primera vez me acompañó Antonia, dijo que ella entendía de voces de ultratumba, de sofrología y de psicofonías más que nadie. Que era lo suyo, su gracia, vamos. Y yo la dejé hacer. Al fin y al cabo fue ella la que me presentó a Sebastián, y la que estaba un poco en el ajo.
Me acompañó y colocó la grabadora en un sitio estratégico de la casa. Me habló de energías y demás zarandajas que no entendí. Luego, un poco antes de las doce del medio día, regresamos a Madrid.
Qué nervios pasé aquella noche. Se me quemó el lenguado, tiré a la basura los deberes de Pablito, y abrasé a Miguel en la ducha.
-Cada día estás más tonta -dijo Tomás cuando sus hijos se lo contaron. Pero no me importaron ni siquiera las broncas que tuve que soportar. Mi cabeza y mi corazón se encontraban muy lejos, en Becerril de la sierra.
Todo tenía que suceder por la noche, en el silencio, en la soledad de una noche de invierno. Sebastián, el de Ponferrada, iba a hablar y se iba a desvelar el misterio de su sonido, la cadencia de su voz, su ritmo. Me iba a decir palabras de amor y yo las iba a escuchar. Sebastián, cariño.
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