Textos

domingo, 9 de octubre de 2016

ROLDAN Y EL CHINO






Todavía recuerdo cuando un locutor de TV informaba sobre la búsqueda de Roldan al desaparecer con el dinero de los huérfanos de la guardia civil y de los fondos reservados. Se iniciaban los años noventa: “Spottorno, lastima de hijo”, decía una voz en off, “buscando a Roldan en el aeropuerto de Laos con los papeles” mientras la imagen del telediario nos mostraba a un desalentado embajador entonces y familia de Spottorno (imputado tarjetas black), deambulaba por aeropuertos con un  portafolios.  
Me encontraba en Londres pasando un fin de semana por aquellas fechas, y me impresionó muchísimo cuando me dieron el periódico en el avión con la noticia. La fuga del director de la guardia civil, sus mentiras, su enriquecimiento desmesurado, sus miles de títulos universitarios de los más variopintos y contradictorios, su desenfrenada vida tapándose con un osito de peluche o algo parecido, mientras compartía orgías con vete tú a saber quién, hicieron que ni siquiera notara las turbulencias del vuelo.
Han pasado los años y de la misma forma que cuando asesinaron a Kennedy estaba segura de que algún día me iba a enterar de la verdad porque tenía toda una vida por delante, y con el 23F, y con otros asuntillos, parece ser que con Roldán al fin todo está nítido, y esa nitidez ha causado un revuelo en mi cordura tal que ahora veo tramas oscuras hasta en los contenedores de basura.
Según escuché en la tele la otra noche, durante aquellos días en los que Spotorno recorría aeropuertos; Roldán, Paesa y otro que iba de poli, viajaban en un avión privado que pagaba Roldan, consumiendo caviar y Champán, para dar el pego de que lo habían pillado en Laos gracias a un policía chino que ni era policía, ni chino, ni tenía nada que ver con el caso.
Paesa se quedó con el dinero que había conseguido Roldan en su aplicadita vida de político corrupto, y se montó una esquela para que nadie le volviese a hacer la cusqui buscándolo por loa aeropuertos vestido de chino o etíope, que puesto a disfrazarse da igual.
Ahora resulta que Paesa vendió armas a la ETA con chips incluidos para tenerlos vigilados, (no es mala idea, lo reconozco).  Paesa ayudó en el asunto de los Gal, Paesa murió y resucitó,  se quedó con todo el dinero y ahora ha escrito  un libro en el que lo cuenta todo con pelos y señales.
La verdad es que lo agradezco porque eso de no enterarte de nada de lo que ocurre a tu alrededor deja un regustillo a manipulación, novela negra, tramas enrevesadas y falta de información, que te hace sentirte engañado desde que naces hasta que te llega la hora, vamos, que mueres de verdad, no como Paesa.
El problema ahora es que desde que conozco todo el entramado de Roldan, Spottorno, Paesa y el chino, ya no me fió de nadie. Tengo una especie de manía persecutoria y creo que todo es mentira, hasta los semáforos.
Si la marcha verde fue un timo para poder entregar el Sahara, si Arabia Saudí financió la caída de las torres gemelas, si el hombre no llegó nunca a la luna, si se pueden vender armas con chips incluidos y no sabemos dónde están todos los yihadistas que montan masacres en el mundo.
 ¿Qué está pasando aquí? 

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