Textos

domingo, 23 de octubre de 2016

ZAPATERO A TUS ZAPATOS



                                   





Es difícil cambiar nuestros talentos. Recuerdo que a mi calle llegaba todas las mañanas “el melonet”, un frutero que vendía melones.  Mi padre lo adoraba porque le guardaba los más pasados, los que estaban a punto de perderse. Él decía que eran los más dulces y, como mi padre era goloso, no había quién comprara en mi casa melones que no fueran de “el melonet”. Su llegada se anunciaba a bombo y platillo con una pequeña trompeta, como la del afilador. Nos asomábamos ilusionados, y allí estaba él, subido a su  furgoneta del año de maricastañas con los cristales rotos y un destornillador que le permitía atrancar las ventanillas si refrescaba.
Un día no vino. Nos enteramos de que le había tocado un buen pellizco en la lotería y pensamos que ya nunca más lo volveríamos a ver. La verdad es que lo echábamos mucho de menos, sobre todo mi padre, que se pasó a la sandía en señal de duelo.
Pero no habían pasado ni dos meses cuando escuchamos de nuevo la trompeta que anunciaba la llegada de “el melonet” Cuando salimos al balcón, vimos al frutero subido en un BMV de gama alta, conducido por un chofer uniformado que le abrió la puerta, mientras él, ceremonioso, abrió el maletero y sacó los melones pochos con un gesto que fue aplaudido por el vecindario. Mi padre volvió a ser feliz y “el melonet” continuó ejerciendo su profesión con entrega y dedicación, aunque eso sí, en BMV.
Y hoy, cuando he visto a las masas en la Autónoma arengadas por líderes con representación parlamentaria, cuando he visto no una protesta estudiantil sino unos revienta actos, promovida precisamente por profesores que deberían fomentar el intercambio de ideas y el respeto a expresarse, cuando los he visto dejando papelitos tipo pancartas en el parlamento, he recordado a “el melonet” con mucha nostalgia. Porque así como el frutero era un hombre hecho a la fruta y su venta, algunos lideres políticos actuales están hechos a la calle, a los acosos, a las multitudes, a la rebeldía, a encadenarse en ministerios. No pintan nada en un parlamento, no tiene ni idea de cómo se produce un debate, cómo se respeta el turno o las ideas de otros, ni cómo se comportan en las democracias sus líderes. Qué van a hacer en un lugar donde hay que currarse los presupuestos, quitar de aquí y poner de allá, escuchar, pactar, pero, sobre todo, hacer proposiciones de ley y no levantar pancartas ni arengas, porque ya no están en la calle. Ahora pueden hacer algo, pero no es lo suyo, lo suyo es llamar corrupto a todo el que pasa por allí, levantar pancartas y volver a casa con (el chofer y el BMV versus acta de diputado), que le ha otorgado el destino y no tienen ni idea de cómo se hace.
Ya lo dice el refrán: “zapatero a tus zapatos”


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