Textos

jueves, 8 de diciembre de 2016

ÓDIAME POR PIEDAD YO TE LO PIDO



                                              









El resentimiento que se está viviendo en España es para mí escalofriante. No sé si nos lo están introduciendo los medios de comunicación, los políticos, las redes sociales o todos a la vez. Ayer fui a Mercadona para hacer un pedido. No había carros grandes por alguna razón que todavía desconozco. Pedí uno que no tenía moneda y me dijeron que era para los empleados. Esperé, pasó tiempo y continuaba sin haber carros, ni siquiera los clientes que llegaban a caja con su compra llevaban alguno, todos eran pequeños. Tenía prisa y la compra iba a llevarme tiempo. Le volví  a pedir al cajero que me dejara coger uno de empleados. El cajero preguntó por el teléfono interior si podría ser, ya que según parece, no habían ni en el almacén. Todo funcionaba de forma correcta porque el empleado  era amable y trataba de resolver el problema, cuando un hombre que se encontraba pagando en caja, me miró y, con cara de pocos amigos, me preguntó si yo ya había desayunado. Como soy de espoleta retardada, le contesté que sí. Y él me dijo con desprecio que los empleados a lo mejor todavía no. Le pregunté interesadísima si es que la costumbre era acudir a desayunar con el carro a cuestas (a lo mejor lo puso de moda Cañamero y yo no me había enterado). El hombre me fulminó con la mirada. Me hizo sentir como si vistiese abrigo de visón, pañuelo de Loewe, capa de armiño, bolso de Hermés y látigo para los lacayos. El cajero, viendo que la cosa se encendía, me permitió llevarme el carro de empleados y yo me marché la mar de intrigada.
Me encontraba frente a los lácteos cuando de pronto se hizo la luz. El programa de Jordi Évole la noche anterior pretendía desprestigiar a Mercadona por tratar mal a sus empleados y proveedores. No sé si es cierto o no, pero sé que en un país en el que no funcionan las reclamaciones, las paginas web  se cuelgan,  que hasta para pedir una cita te tienes que eternizar en un 902, que en la oficina de defensa al consumidor te avisan de que ellos no tienen peritos, estaríamos bueno, y que debemos conformarnos con la capacidad de autoreconocimiento y honradez del fabricante, que un comercio atienda las peticiones con respeto, restituyan los errores sin darle vueltas a si tienes la culpa o no, que te acompañan al lugar cuando no encuentras un producto. En fin, una empresa cuyo trato es impecable, la pongan a caer de un burro y le echen la culpa a los clientes por burgueses y despectivos, pues qué quieren que les diga, que estamos haciendo un pan como unas tortas.
 Cada día tengo más miedo a encontrarme a Thais Villas por la calle Goya y que me pregunte si mi bolso es de piel o de plástico chino, si sé lo que pago de agua y luz, o lo desconozco porque lo controla Bautista, el mayordomo, y si estoy extorsionando a todo Vallecas y Villaverde alto por llegar a fin de mes.
Luego se quejan de que haya gente que no acuda a las salas de cine a ver a la película de Trueba o de que haya conspiraciones vengativas de baja estopa, pues lo están creando entre unos y otros:
¿Tan difícil es convivir sin agredirse y sin etiquetar?
Menudo odio nos están inyectando en vena, de verdad.


No hay comentarios: