sábado, 5 de enero de 2013

MI SOSIAS






Tengo un sosias, se llama Felisa, trabaja conmigo y vive en mi barrio. 
Un sosias es aquella persona que se te parece tanto que la gente confunde contigo. Desde hace un mes no hago más que horas y más horas, sin llegar a completar mi horario de trabajo. "No puede ser," le digo a la de personal. "Que yo he entrado antes, que algo pasa, que esto es una equivocación." Pero ella se encoge de hombros y me enseña el registro. Dice que la máquina no engaña, que la electrónica está muy avanzada, que los ordenadores son infalibles. “Será que te lo parece a ti, que cuando se trata de trabajar, todo se os hace muy largo,” me dice, y luego se suena. Es su forma de decir que ya no habla más y que está ocupada.
Hace días que me tengo que quedar a comer un sándwich de máquina para completar las horas que se escaquea mi sosias. Lo llevo fatal, la verdad, pero como no sé de qué forma desenmascararla,  he decidido investigar por mi cuenta.
Lo de que vive en mi barrio, lo descubrí el sábado cuando fui a la peluquería y me tiñeron de rojo. Pero oiga, que ese no es mi color. Pues qué quiere que yo le diga. Mire su ficha. Y es que no solo se llama como yo, sino que se hace mechas rojo bermellón, la muy buscona. Conduce fatal. Ya he recibido dos  multas de trafico por exceso de velocidad en la carretera de la Coruña, a las once de la noche, a las tres de la madrugada. Y es que ahora tráfico ha puesto un radar que detecta la media aritmética de velocidad calculando los kilómetros transcurridos desde que entras hasta que sales del túnel. Me lo ha explicado un hombre que parece constipado. “Que no es mi coche, que yo a esas horas duermo,” le explico. “¿Lo puede probar?,” me pregunta. "Pues…, verá, es que yo cuando duermo carezco de testigos." "Explíqueme entonces cómo lo va a demostrar." “Es por lo del sosias, sabe usted,” le cuento. Pero lo noto escéptico, como irónico. “Voy a reclamar, le grito fuera de mí.” “Reclame,” me dice con retintín. “Que aquí en cuanto uno se descuida, ya ni conduce su coche, ni se responsabiliza de sus fechorías.” Luego me cuelga
Estoy muy afectada, me persiguen del banco porque dicen que no hago más que transferencias y que debo un sin fin de comisiones, la SGAE, porque no apago la radio ni de noche, los de Hacienda porque no he declarado una supuesta vivienda en Torrelodones. Y lo que es peor, el lunes me llamó un hombre con voz sugerente para decirme que no le importaba mi edad, que lo único que buscaba era una mujer hacendosa y de su casa. “Y a mí qué narices me importa lo que usted ande buscando,” le grité. Y es que mi sosias se ha dado de alta en Meeting y busca pareja. Ayer descubrí el anuncio, ponía mi nombre y mi dirección de correo electrónico. Dice que bailo tangos, que canto boleros, que soy pelirroja y de buen conformar, que adoro la fauna y la flora. Dice que me gustan las novelas venezolanas y los hombres con bigote. Que me encanta la plancha y la cocina.  Y el que busca mujer hacendosa, no para de llamarme desde que le colgué. Está encelado. Que yo te amo, me dice en susurros. Que por qué no quedamos, mujer, que mira que eres arisca.
Hoy se lo he contado a mi hermana y dice que lo que pasa es que me gusta engañarme, que bailo tangos y canto boleros, que conduzco de pena y que siempre llego tarde al trabajo. Que soy sonámbula desde que era pequeña. Y que siempre quise escapar de mi misma. Me ha dejado muy preocupada. 
Está sonando  el teléfono, es el hombre que busca mujer hacendosa. ¿Lo cojo?, le pregunto a mi hermana. Qué sí, mujer, que es lo que siempre estuviste buscando. Acuérdate cuando planchabas en la casa de Torrelodones y me contabas ese deseo irrefrenable que sientes por los hombres con bigote.
Me tumbo  en el sofá,  expulso el humo muy, muy lejos, y  cojo el teléfono.
¿Qué otra cosa puedo hacer?








martes, 1 de enero de 2013

LA LARGA CENA DE NAVIDAD



                        


Estas Navidades he ido a ver una obra que me ha gustado mucho aunque ha aumentado mis nostalgias.
Su autor, Thornton Wilderg fue profesor, escritor y guionista. Ganó el premio Pulitzer en 1928, 1938 y 1943, con “El puente de San Luis Rey”, “Nuestra ciudad” y “La piel de nuestros dientes” respectivamente. Uno  de sus relatos que más éxito le reportó fue “La casamentera” que, adaptada, dio origen a “Hello Dolly”.
“La larga cena de Navidad” forma parte de una colección de pequeñas obras teatrales.

Dice mucho porque en vez de diálogos lo que parece haber son estribillos, repeticiones intercaladas que dan estructura a la vida de los personajes, como ocurre con la vida de cualquiera, con la nuestra. Se nos repiten los acontecimientos como si estuviésemos atados a una cuerda invisible, como si nunca acabara de redondearse la escena y hubiera que repetirla una y mil veces.
Es en Navidad cuando se sacan de los armarios la vajilla de la abuela, la cristalería cada vez con más faltas, los cubiertos de alpaca o de plata, o simplemente los de siempre, los de esa noche. Se trasmiten de generación en generación tan solo para ser usados ese día, para perpetuar ese presente que un día nos hizo felices. Tanto la mantelería, como  el pavo, como los padres, y los hijos, y como algún primo o pariente, parecen haber sido sacado de armarios antiguos, acicalados con un plumero para la ocasión. Y la moviola representa la salida de tono del tío tal o la prima cual. Los ausentes son cada vez más numerosos, así como para enfrentar a las nuevas generaciones, los celos, las envidias, las herencias y las profesiones tan diferentes a las que quisieran los padres.
La alusión a la nieve o al tiempo, el recuerdo de aquel suceso.
Pero lo peor de esa noche es que alguna silla se va quedando vacía para ser ocupada por otro miembro.
Una cena que dura noventa años.  No importa los que se vayan ni los que llegan porque siempre se dice lo mismo, y sucede lo mismo, y duele lo mismo.
Unos entran y otros salen mientras los que permanecen sentados van envejeciendo en el escenario, disimuladamente, sin alharacas, casi sin darse cuenta. Se colocan las gafas con disimulo, pasan sus manos impregnadas de polvos de talco por su cabello  y lo van haciendo blanquecino. Sus movimientos se vuelven torpes y por último se marchan. Y es al marchar cuando las luces del escenario se atenúan y una música suave y triste despide a los que se ausentan. Los demás continúan comiendo el pavo, asombrándose de la nieve, relatando las anécdotas de siempre, las afrentas, los abrazos, los brindis, mientras las sillas continúan vaciándose y ocupándose.
Salí del teatro con tristeza, con la sensación de haber vivido esa misma Navidad año tras año. Repetitiva, enganchada al hilo invisible que nos empuja a repetirnos,  a decir lo mismo, a hacer lo mismo, a llorar lo mismo, con la única diferencia de las gafas, el blanquecino pelo, y las sillas que van quedando vacías

sábado, 29 de diciembre de 2012

HAY AMORES QUE MATAN


imagen: Rafal Olbinski


Mi vecina Leo me ha comentado que estas Navidades las ha celebrado exclusivamente con sus hijos. “Ni yernos, ni nueras” me ha dicho la mar de orgullosa. Me ha extrañado esa separación familiar. “Pues verás, cuando se encuentran los hermanos tienen cosas que contarse, risas que compartir, anécdotas y vivencias que no importan más que a ellos. Los extraños siempre traen la discordia a la familia, ponen cara de aburrimiento, no participan. Y lo que es peor, a mi ya se me han divorciado dos hijos por culpa de “los papas” de la parte contraria, tan intrigantes, tan manipuladores.”
Las madres no saben renunciar a sus hijas y las hijas tampoco a sus familias de origen.
He recordado que mi amiga Laura aseguraba que la vida de su suegra se acabó el día que abandonó a su familia para casarse. Que sus vivencias llegaban hasta ahí, y que a veces hasta se olvida de felicitar a un hijo. Que su marido tuvo que vagar solo por el país porque no estaba dispuesta a seguirlo en sus constantes destinos. Su familia de origen era para ella su único asidero. Me contaba que cuando pasaba una Navidad alejada de ellos, ni siquiera abría los regalos que recibía y que se acumulaban en una habitación vacía de una casa grande y triste.
Me pregunto quiénes son los culpables del desafecto de sus hijos hacia la nueva familia, esa posibilidad de acabar siendo abandonados, y esa desgracia que pueden generar en los suyos por mantenerse en el centro, en el poder matriarcal o patriarcal. Y sobre todo, me pregunto qué dependencia y vacío  puede tener una madre o un padre para agarrar a sus hijos de esa forma tan enfermiza y manipuladora.

miércoles, 26 de diciembre de 2012

RESPONSABILIDAD




 imagen. OLEG SHUPLAY

¿Tan difícil e pedir responsabilidades a los gestores, a los políticos, a los periodistas, a los jueces, a los funcionarios, a los médicos que han fallado,  en vez de promulgar leyes que los fastidien a todos?
¿Tanto cuesta investigar, por ejemplo, a los trabajadores y a los médicos que simularon bajas por enfermedad? ¿No es más ético investigar que demonizar a todo empleado porque se pone enfermo? ¿No es más justo pillar a los defraudadores que subir los impuestos? ¿No es más correcto, por ejemplo, pedir responsabilidad al funcionario que firmó y permitió a Dívar cobrar dietas escandalosas y derrochar dinero del Estado (o sea nuestro), que esperar a que el juez renuncie “motu propio” a 208. 240  euros de indemnización?
¿Dónde está el funcionario que arriesga la liquidez de una empresa haciéndole depositar una fianza enorme durante años( que quizá lo empuje a la quiebra) cuando después los jueces le quitan la razón?  ¿Dónde está la responsabilidad del político que promete y promete hasta conseguir el poder, no cumple ni una de sus promesas y además se alía con el demonio para mantenerse en “la poltrona”? 
Es mi voto, oiga, y no estoy dispuesto a regalárselo a nadie.
Vanagloriarse de la cantidad de funcionarios de la Comunidad de Madrid que se encontraban de baja y se reincorporaron cuando salió la ley que permite recortar el sueldo en estos casos, es una obscenidad.  Poner verde a los funcionarios y decir que son unos vagos por parte del ministro del ramo, el encargado de hacerlos trabajar,  es reconocer que se es un incompetente. Hablar de que se sube el IVA para que no pase eso tan común de “las facturas con IVA o sin IVA”  por parte del ministro encargado de la vigilancia del fraude, es vergonzoso, y además demuestra que no se tiene la más mínima intención de investigar, que los vagos son ellos. Y eso sí requiere una bajada de sueldo, el 50% los tres primeros días de soltar leyes generales para atajar problemas individuales, y responsabilidad penal por cobrar un sueldo y no cumplir con la obligación que se le requiere a todo gestor; investigar, imputar  y corregir al que no cumple. 
El otro día Jordi Évole, le preguntó al señor Duran i Lleida, por qué no existe responsabilidad para los que no cumplen promesas, y él, con la prepotencia que da el cargo, contestó. “Lo siento, no hay ley que lo recoja.”
 Toma, claro, ni tampoco había ley para quitar la extra a Navidad a los funcionarios, ni para subir el IVA, ni para rebajar la indemnización por despido. Ya sé que no hay ley, pero se promulga. Para eso está el  parlamento, para ser más justo, para no ampararse en que no hay ley. Y no hay ley porque los que las aprueban son los que no quieren responsabilizarse de sus actos.
Dicen que hay una separación entre el pueblo y los políticos. La hay, si señor, y cada día es más grande y más peligrosa, porque como los políticos éticos no luchen contra esta falta de seriedad, los meteremos también a ellos en el mismo saco.
 El problema es saber cuánto tiempo creen que pueden alargar esta situación. 

jueves, 20 de diciembre de 2012

QUE EL FIN DEL MUNDO TE PILLE BAILANDO




Para la mayoría estás Navidades ya no serán lo mismo(unos sin extra, otros sin trabajo, otros con hipoteca, algunos en la ruina).
Ya tienes la monster high, (dos horas de cola) lo último en juegos para la play (hora y media),  una gargantilla “uno de cincuenta”(encargada por internet), la pulsera Pandora con los últimos colgantes, la malla de carbono para bicicleta (vedette de la colección primavera verano) y el turrón de Alicante (traído desde lo más recóndito del levante español para ti solito).
Has comprado un décimo en doña Manolita (diez horas de cola y cuatro peleas).
Has recibido una cesta llena de Grand Marnier (a la empresa ya no le da para el jamón)
Dentro de un momento saldrás a comprar papel con dibujos de Papá Noel y lazos rojos para envolverlos. 
Mañana es el fin del mundo, quieres que te pille rodado de regalos con lazos y pompones. Si fuera posible con  alguna lucecita intermitente envolviendo tu casa.
Haces bien. Lo mejor es llegar al Más Allá con la misma pinta de “pringao” que se ha tenido en vida.
Feliz Navidad para todos, se acabe o no se acabe el mundo.