martes, 10 de marzo de 2015

COMPARTO LA ENTREVISTA DE NARVAL EDITORES CON NICOLAS CASTELL, ILUSTRADOR DE ¡VUELA, IVÁN!.





Entrevista Nicolás Castell
Publicado el 9 marzo, 2015 por ELBLOGDENARVAL
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El ilustrador Nicolás Castell tiene una amplia obra en la que cabe destacar las cualidades narrativas, la gama cromática y la fantasía.
Es el autor de las ilustraciones de ¡Vuela, Iván!, novela de aventuras de Carmen García-Roméu. Este trabajo ha quedado finalista en la feria del libro de Sharjah (Emiratos Árabes Unidos).
Hemos querido conocer los entresijos de esta obra. Os dejamos aquí nuestra charla:

Cuéntanos cómo fue el proceso que seguiste para ilustrar ¡Vuela, Iván!
Fueron bastantes partes, todo muy condensado en unas semanas de lo más creativas y activas.
Lo primero fue por supuesto leer toda la aventura que escribió Carmen García-Roméu, conforme iba leyendo estuve marcando las escenas que me sugerían imágenes atractivas para dibujar. Una vez terminé de leerlo hice una criba de las partes interesantes y seleccioné diez.
Tras esto dibujé a los personajes primero, para que Patricia Metola y Mercedes Bouzo pudieran decidir si les gustaba cómo iba a plantearlos. Todo fue bien, entonces me puse con una serie de bocetos trazando las composiciones de página, recuerdo que estaba delante de mi escritorio con música muy marchosa para meterme velocidad, en hora y media planteé todas las ilustraciones del libro. Nada más acabar, fue cuestión de escanear las composiciones y presentárselas a Patricia y a Mercedes para que dieran luz verde a las páginas definitivas. La verdad es que todo fue sobre ruedas y tras eso seguí el proceso con el que suelo trabajar siempre. Esto es lápiz, tinta a la plumilla y color digital. No obstante, quería darle un toque más fantástico, porque a la historia le pegaba un punto psicodélico, ya que habla de viajes astrales. Entonces decidí incorporar la técnica de colorear la línea. Justo acababa de finalizar una ilustración para unos músicos donde había incorporado este paso por vez primera; esto le daba un aspecto más vivo al dibujo y a partir de entonces me he enganchado a este modo de actuar.
Entre otras cosas, estoy agradecido con el proyecto porque me sirvió para experimentar con esta técnica que tanto me gusta ahora.
Has quedado finalista en la Feria Internacional del Libro de Sharjah (Emiratos Árabes Unidos) con la ilustración de este libro. ¡Emocionante! ¿Qué expectativas despierta?
¡Sí, ha sido una alegría! La verdad es que son buenas expectativas, ser finalista implica ser parte del catálogo que editarán este año, aparte de la exposición en la feria. Todo esto dará una buena difusión internacional a mi trabajo y al libro. Además, es un orgullo poder exponer con grandes profesionales (algunos de ellos amigos míos) que también han sido seleccionados.
Eres un mago de las grandes escenas, ¿cómo son tus mundos imaginarios?
¡Muchas gracias! Lo que entiendo por ilustración es la capacidad de narrar con imágenes, y creo que dibujar grandes escenas es uno de los recursos disponibles más sugerentes. Puedes poner todo tipo de cosas, todo tipo de personajes, que interactúan entre sí, y esto hace que su disfrute sea muy placentero. Desde chico me gustó perderme en los clásicos de Martin Handford, el dibujante de ¿Dónde está Wally? Dicen que en general nos gusta ver las grandes escenas por las mismas razones que disfrutamos al ver en el campo los grandes paisajes; es estimulante, los detalles nos atrapan y dejamos volar la imaginación.
Quiero que mis mundos ofrezcan ese viaje al espectador, que pueda liberarse por un momento de la realidad y navegar en otro universo. La manera en que los creo sale de mi inclinación por el juego y por superar mis límites mentales. Creo que en esto he ido mejorando con el tiempo, al principio lo que mayormente creaba eran escenas históricas, ahora cada vez voy integrando más fantasía. De todas formas me queda mucho por alcanzar, ¡y esto es parte de la motivación también!
Desde muy joven has trabajado en el cómic, uno de los principales instrumentos culturales de nuestro tiempo. ¿Tienes proyectos futuros en ese terreno?
Actualmente estoy dibujando una novela gráfica, bastante larga, pero no puedo dar detalles por cuestiones de la política de la editorial. Este proyecto es una oportunidad formidable para mí, porque me está permitiendo pulir mi técnica y disciplina. Cuando la termine seré capaz de elaborar más cosas. Ciertamente, el cómic es un arte que me ha gustado desde siempre, porque es cuando la narración con dibujos llega a su apogeo. Las posibilidades de la secuencia son inmensas y disfruto mucho dibujando y leyendo cómics. Tengo proyectos personales en mis cuadernos de apuntes, pero los sacaré adelante cuando termine la actual novela gráfica.
Nicolás Castell comparte con nosotros el proceso de creación del libro en Behance.


lunes, 9 de marzo de 2015

ESCOLTAS Y VELOCIDAD







Mientras Felisa y yo atravesamos un paso de cebra, se nos echa encima un motorista y nos dice de malos modos que nos apartemos. Inmediatamente se produce el revuelo: suenan sirenas, luces intermitentes iluminan el espacio, policías de paisano y de uniforme deambulan frenéticos. Pitos ensordecedores, coches a velocidades abusivas se aproximan por la Castellana custodiando a una furgoneta que parece llevar dentro a todo el gobierno y parte de la oposición en articulo mortis. Se producen frenazos y un motorista da una patada a las ruedas de un coche que se aparta poco. Es un anciano con pocos reflejos que casi choca contra una farola en plena confusión.
“A lo mejor, como son importantes, deben ir deprisa no sea que hordas de delincuentes les ataquen por la espalda”, le explico a Felisa que se limpia la rodilla llena de polvo al tropezar.
“Si fuera así no subirían en carrozas a los embajadores que van a entregar las cartas credenciales, ni los pasearían con parsimonia y tronío por el centro. Desengáñate, son importantes y empujan.”
Baja la cabeza y admite que siempre deseó ser custodiada por varios coches de policía y tres o cuatro motoristas bien pertrechados. Pero no como detenida sino como personaje trascendente. Quiere ser política para tener protección, una especia de “habeas corpus” pero en versión vial. Su mayor deseo es subirse al coche y que un montón  de guardaespaldas, motoristas, sirenas, luces intermitentes como los que acaban de pasar, la rodeen cual capa de armiño, para poder saltarse semáforos, pasos de cebra, asustar ancianitos renqueantes. Pero, sobre todo, para  poder dejar el coche en medio de la Puerta del Sol, justo debajo del oso y el madroño, y reír a carcajadas frente al prohibido aparcar.  Dice que se va a apuntar a cualquier lista de esos partidos que han salido nuevos para ver si escala puestos, que como necesitan gente, ascenderá pronto.
 “Es la única posibilidad que me queda de cumplir el sueño de atravesar la Castellana cual rayo exterminador.”
Nos sentamos en una cafetería para recuperarnos del sofoco y ella continua con sus reflexiones. Dice que comprende que no quieran dejar el poder, ni el cargo, ni nada de nada. Mira a la pobre Esperanza, que por dejar el coche en medio de la Gran vía la pusieron a caldo. Si es que ha hecho bien en regresar,  por muy importante que sea la empresa en la que le dieron trabajo, es mejor ir custodiada por la policía que perseguida, ¿no crees?  


sábado, 7 de marzo de 2015

Reseña de Fotos en el congelador, de Carmen García-Romeu, escrita por Mario Szichman:


"Se llama Inmaculada Bellido, aunque el nombre completo lo descubrimos recién en la página 132 de la novela Fotos en el congelador (Editorial Verbum, 2014). No importa: en ese momento, la protagonista es para los lectores simplemente Inma. La tarea de su autora, Carmen García-Romeu, radica en armar el rompecabezas de Inma, y enredarla en aventuras –sentimentales, sobrenaturales, con regresiones del pasado o inmersiones en períodos clásicos de la historia– donde es arduo desentrañar las pautas de la ficción, especialmente cuando el humor bordea con sabios pasos el absurdo.
Leer Fotos en el congelador remite a una escena de Tiempos Modernos, de Charles Chaplin. El héroe empieza a trabajar como vigilante nocturno en una gran tienda por departamentos y encuentra un par de patines. A fin de seducir a su amiga exhibiendo su destreza corporal, Chaplin se venda los ojos con un pañuelo y empieza a realizar toda clase de piruetas en el primer piso de la tienda, ignorando que el área carece de baranda. Luego de recorrer la zona siempre al borde del precipicio, la amiga del protagonista le advierte del peligro que corre, y éste, ya librado de las vendas, empieza a trastabillar con los patines puestos, aterrado al descubrir lo cerca que estuvo de romperse el cuello. Esa parece ser la tarea de la narradora: mantener la narrativa en equilibrio inestable y obligar al lector a adentrarse en el texto hasta descubrir su inmersión en un mundo paralelo, donde nada es lo que parece ser.
Fotos en el congelador está apuntalada por una premisa que simula tener la solidez de una viga, aunque casi de inmediato esa premisa es negada por una realidad que viola de manera insistente las reglas del juego. Como el gato de Cheshire (“¡Vaya! - se dijo Alicia -. He visto muchísimas veces un gato sin sonrisa, ¡pero una sonrisa sin gato!”) el texto es un eterno escamoteo.
Esta es la realidad de Inma:
“Ahora vivo con mi abuelo que como se ha quedado viudo y ha perdido vista dice que no se aclara, que se extravía. Se pregunta qué va a ser de él. Francamente, me dio pena. Dijo que debía ser yo la que me trasladara a su casa porque ya estaba hecho a ella, a la disposición de los muebles, a los recovecos y, sobre todo, hija, al negocio. El abuelo tiene un negocio esotérico pero esa es otra historia. Me he traído dos bolsas, una con los triunfos de mi madre y otra con mis novelas rechazadas, ambas pesan, aunque cada una a su manera. Soy escritora pero no escribo ¿para qué?”
Inma es una escritora abrumada por el oficio.
Gore Vidal, en su trabajo The Top Ten Bestsellers According to the Sunday New York Times as of January 7, 1973, disecaba y destruía buena parte de la narrativa moderna norteamericana al señalar las técnicas usadas por los autores para permitir que el lector avizorara el personaje. Estaba “La Escena del Espejo”, “La Escena de la Comida”, “La Escena de la Epidemia”, incluida la traqueotomía, la “Escena en el cual el Analfabeto Descubre la Literatura”, y especialmente “La Escena Núbil” (“Ella siempre se había negado a desnudarse hasta en presencia de otras mujeres, pues la avergonzaban sus senos, que eran alargados, grandes y generosos inclusive para una mujer de su estructura ósea”). De la misma manera, Inma se conoce todos los trucos para capturar al potencial comprador de sus novelas. “Comienzo. La novela va a ser de intriga con saltos en el tiempo. Creo que está en la onda. Es lo que se vende ahora. Comienzo con descripciones del anochecer un poco líricas, para que se vea que soy licenciada en filología y cuido el lenguaje”.
Pero la protagonista está abrumada por su falta de éxito. “Había quedado finalista con una novela que escribí el año pasado. Hoy ha sido el fallo y han dejado el premio desierto. Dice el jurado que las novelas finalistas no tienen calidad suficiente. Ha salido en toda la prensa con letras inmensas. ´Las novelas finalistas no tienen calidad´ y detrás el nombre de los finalistas, el mío entre ellos. Me han dejado hecha polvo”.
Habiendo crecido en el mágico mundo del abuelo, la primera idea que tiene Inma de una narración es el cuento de la mano negra, “uno que me contaba el abuelo de pequeña. Era una historia que no terminaba nunca, o que no iba a ninguna parte, pero que lograba engancharte. Enganchaba una barbaridad”.
Como decía Norman Mailer de J.D. Salinger, García-Romeu muestra la destreza de un violinista manco, y solo su piadosa mirada consiente descubrir la humanidad de sus personajes. Mientras nos narra su historia hay un texto subcutáneo que va remodelando el relato, incorporando o rehusando sinónimos, alterando el ritmo de la aventura, para sortear los puntos muertos. Con el abuelo, quizás su personaje más entrañable, arma la pareja central de Fotos en el congelador. El abuelo, un místico, un vidente, y un embaucador, que termina creyendo en sus poderes taumatúrgicos, en cierta ocasión decide congelar las fotos de los enemigos de Inma, entre ellos los miembros del jurado de alguna de sus novelas, para impedir que la perjudiquen. Y la pareja, gracias a su disparidad, no solo por razones de edad sino de intereses, empieza a generar sus propias comparsas, siempre en el umbral del absurdo. Es difícil imaginar a Inma sin el abuelo, tampoco es posible separarla de la presencia de su madre y de ese bolso cargado de triunfos que pesa casi tanto como el bolso donde la protagonista guarda los manuscritos de sus rechazadas novelas. La madre, presencia fugaz en el texto, es, paralelamente, una figura abrumadora en la deformación profesional y sentimental de Inma, y constituye parte de la taquigrafía de las emociones que ha convertido a la hija en un perpetuo proceso de creación y de destrucción. Esa misma taquigrafía permite a García–Romeu usar escasos trazos para definir a un ser humano, de tres dimensiones. Con varios de ellos construye su comedia humana, de manera primordial en torno al abuelo, pero también, junto a su recuperado amante, Álvaro, la quintaesencia del villano y a Gonzalo, uno de los guardaespaldas de Álvaro, y a los funcionarios que le fastidian la vida en el instituto donde intenta ganar el salario asesorando a una serie de aspirantes a escritores.
La literatura no solo está hecha en base a misterios. Hay un momento, el más arriesgado, el que brinda más recompensas, cuando el narrador extrae un conejo de la galera del mago. En el mundo del cine, de la literatura en lengua inglesa, se lo denomina “pulling a stunt.” Algunos stunts son inadvertidos: hay que atribuirlos a la cronología, como Willliam Faulkner extendiendo el territorio de The Sound and the Fury al añadirle el famoso apéndice que prolonga la perdición de Candance de 1929, fecha de publicación del original, hasta 1945, permitiéndole así convertirse en amante de un oficial nazi. Otros son de entera responsabilidad del escritor: hay que imputarlos a la arbitrariedad, como en The Daughter of Time, de Josephine Tey, donde la novelista logra convencernos, de manera exitosa, que el rostro es el espejo del hombre. De esa manera reivindica la figura de Ricardo Tercero, el villano mayor del teatro de Shakespeare. El tercero puede encontrarse en la narrativa policial: en A Kiss Before Dying, de Ira Levin, o en la escritura de Jim Thompson. El propósito es hacer trastabillar al lector. En A Kiss Before Dying, Levin muestra que hay dos hombres que podrían matar a la protagonista y el lector ignora cual de ellos es el verdadero homicida pues el autor nunca ha incorporado un nombre y apellido al asesino.
García–Romeu trastorna la cronología, prodiga la arbitrariedad, escamotea datos, y emerge triunfadora de su stunt. ¿Dónde está la ficción, hacia donde enfila la realidad transmutada en ficción?
“En más de una ocasión había pensado poner mi vida patas arriba, sacar mi ropa del armario, regalarla a la parroquia e inventarme otra mujer, más seductora, más valiente, más original”, nos dice la narradora. “Una triunfadora como mi madre. Lo que sea con tal de ser célebre y salir en la prensa. Una de esas escritoras famosas que se pasan la vida recibiendo premios y dando consejos a todo el mundo sobre la vida y sus vicisitudes”. Al menos, va por buen camino.
En The Horse in the Baby’s Bathtub, un personaje de Jim Thompson recuerda que hay 32 tramas de novela. “Todas han sido engendradas por la misma madre. Pero existe una sola trama básica: las cosas no son lo que parecen ser: ésa es la madre de las otras 32: las cosas nunca son lo que parecen ser”. Gracias a ese factor persevera la literatura y perduran las buenas narradoras".


lunes, 2 de marzo de 2015

ENTREVISTA ¡Vuela, Iván!





Desde que me operé del ojo no me dejan escribir, ni abrir el ordenador, ni leer, ni ver la tele... Es solo durante una semana y media, pero se me está haciendo eterna. Vivo de audio libros y paseos.
Aunque, sin que nadie se entere y por un momentito, transgredo las normas y copio la entrevista que me han hecho en Narval.
Chssss

 Ilustración de  Nicolás Castell de Vuela, Iván

Escaparate de la librería Le petit lector.


Feria del libro de Madrid con "Gus y la casa voladora" y autores e ilustradores de Narval editores.





ENTREVISTA CARMEN GARCÍA-ROMÉU
¡Vuela, Iván!





En tus obras infantiles y juveniles construyes un universo propio. ¿Tiene algo que ver con tus mundos infantiles?

Claro que sí, mi incursión en la literatura infantil/ juvenil solo la entiendo desde el niño. Jamás escribiría a un niño desde el adulto. No me cuesta nada regresar a la infancia ni a la adolescencia. De pronto me transformo y vuelvo a la niñez. La primera novela que escribí fue para comprender a mi hija adolescente, con sus manías, sus cambios de humor, sus inseguridades. Y entré tanto en la adolescente que fui, que de pronto comprendí muchas cosas que desde mi edad me era imposible aceptar. Fue toda una experiencia.


Estos universos, ¿tendrán continuidad? ¿Sientes la necesidad de seguir escribiendo sobre estos mundos y sus personajes?

Creo que tendrán continuidad porque al niño se le perdona la fantasía y yo estoy deseando que me dejan inventar, llegar muy lejos con ella, tanto como la imaginación me permita. Creo que incluso el adulto disfruta con esa literatura, pero necesita que le digan que es para niños. Es como si de esa forma pudiese justificar que él también sueña, que nunca dejó de hacerlo. Prueba de eso es que la novela infantil no ha dejado de tener seguidores adultos.


Tanto en Gus y la casa voladora como en ¡Vuela, Iván! nos llaman la atención los personajes femeninos muy apegados a la realidad de nuestro tiempo, mujeres audaces y valientes, con una fuerza especial. Háblanos de la abuela de Iván.

Eso me ocurre tanto en las novelas infantiles como en las de adultos. La imagen de la mujer siempre me ha impresionado. Parece débil, necesitada de afecto, de protección, incluso nuestras abuelas dependían para todo de un hombre, pero a la hora de la verdad, eran auténticos pilares de la casa. Si el hombre se derrumbaba o fallecía, ellas sacaban a la familia adelante como si renacieran de sus cenizas. No podría dar ejemplos concretos, pero la fuerza de la mujer siempre se quedó en mi subconsciente. A lo mejor es que la mujer cuando tiene que derrumbarse, se derrumba; cuando tiene que llorar, llora; si necesita comunicarse con amigas lo cuenta todo. Quizá esa verborrea nos haga parecer débiles, vulnerables, cotillas. Pero cuidado, que cuando ya hemos llorado, hablado, y parece que  hemos caído en el precipicio, comenzamos a resurgir para sacar toda la fuerza que llevamos dentro. Entonces nos convertimos en pilares inamovibles.
Recuerdo a un dentista que cuando me estaba quejando porque tenía miedo, me dijo: “Quéjate sin problema, así resistirás mejor. Los hombres que se sientan en este sillón, no mueven ni una ceja, pero muchos se han desmayado al terminar. Mujeres, ni una”
Me parece que me he enrollado demasiado, pero la confesión del dentista aclara mucho sobre la forma de actuar de la mujer.
Me preguntabas por la abuela de Iván. Quizá esa mujer valerosa y con fuerza suficiente la he tenido muy cerca en mi infancia. Se llamaba Rosa y echaba pulsos hasta los setenta años. Era la anciana más sólida que he conocido en mi vida. Trabajaba en mi casa, hacía ganchillo hasta muy tarde para que viera su luz desde  mi habitación porque yo tenía miedo a la oscuridad. Fue mi segunda madre y ahora se pasa la vida pululando por mis novelas, agarrada a su ganchillo, con su pelo blanco y su fuerza descomunal.

¿Qué hizo que te dedicaras a escribir?

Cuando murieron mis padres y Rosa, me quedé huérfana de pasado y necesité recopilar todas aquellas experiencias que había vivido con ellos. Ya era mayor para empezar a escribir, pero me negaba a  dejar en el olvido tantas vivencias.
Empecé a escribir para que ellos no muriesen del todo, y ya no he podido dejar de hacerlo.


¿Cómo se alimentan tus novelas?

De recuerdos, de deseos incumplidos, de historias que de pronto recuerdo, de conversaciones escuchadas al azar, de grandes momentos y de cuentos que leí en mi infancia.