Textos

lunes, 8 de septiembre de 2008

DESTINO 3

Foto: Elena Artigues (lleymab)


3


Cuando mi marido me soltaba un grito por cualquier idiotez, yo pensaba en Sebastián y en Ponferrada. Y todo volvía a tener un tono claro, como si saliera el sol en mitad de la cocina, como si iluminara con su luz las lentejas y la tostadora. Daba risa ver a Tomás gritándome porque se me habían pegado los garbanzos, o por cualquier otra nimiedad, mientras yo imaginaba lo que nos íbamos a reír cuando se lo contara a Sebastián. Era como empezar a trivializar la vida, a verla desde otra perspectiva.
Cuando tendía la ropa, me quedaba un rato mirando el pequeño espacio de cielo que se atisbaba por la galería, y me imaginaba el sol, y las nubes, y algún pajarito en el cielo. Y me empezó a dar lo mismo todo. Si mis hijos traían malas notas, o se metían conmigo, o me daban un disgusto, yo pensaba en Sebastián el de Ponferrada, y todo adquiría un sabor nuevo, como a helado de pistacho.
-¿Por qué no está la comida nunca a su hora? –me preguntaba Tomás.
- Pues hazla tú. No te fastidia- le contestaba con descaro.
-Tú estás muy rara últimamente -me decía él. Pero yo no le hacía demasiado caso. Era feliz, con esa felicidad hecha del día a día, de sesión a sesión. Un aquí y ahora intenso.
La verdad, cada día me costaba más echar a Sebastián cuando llegaba mi marido del fútbol, o los niños del colegio. Y es que se había convertido en un chorro de aire fresco para mi vida.
-Vete, Sebastián, hombre, que me van a pillar.-le decía. Y él dibujaba un corazón en el mantel antes de abandonar el vaso e irse a quién sabe dónde.
Me sentía mal, un poco culpable, como infiel. Pero tan acompañada, tan querida, tan respetada. Miraba el pedazo de cielo desde el tendedero y me sentía poderosa como si observara la vida desde la cumbre del Himalaya o del Machu Pichu.

3 comentarios:

amor es libertad dijo...

sin ninguna duda en muchas ocasiones la infidelidad es sana y liberadora

bs

leo dijo...

Me tienes en ascuassss. Un fantasma de Ponferrada, jejeje.
A ver en qué queda la cosa...

Carmen dijo...

Amor en libertad. Tienes razón, pero con un descarnado parece que no es infidelidad. ¿Cuántos descarnados habrá por el mundo resolviendo soledades?
BS

Leeeeeo, qué alegría. Tengo ganas de echarte el ojo. Espero que tu rigidez haya desaparecido. Y si no, ya sabes, al profe de fluir.
Bsote