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jueves, 16 de enero de 2014

DELITO FISCAL








Últimamente se juzga a los sospechosos de robo, no por el código penal sino por delito fiscal. Debe ser que lo de Al Capone caló hondo. Al mafioso no le podían imputar crímenes porque lo tenía muy bien montado, y al final, en vista de la imposibilidad de pillarlo, optaron por condenarlo por delito fiscal.
En la actualidad todo se ha vuelto mucho más complicado pues ya no hace falta que se cometan crímenes perfectos con miles de testigos, ahora basta con que se robe algo, mucho o regular, para que dejen a la justicia como coja de argumentos. Entra dinero público en una sociedad privada por ejecución de obras o prestación de servicios que no se han realizado, y a los jueces y fiscales los dedos se les hacen huéspedes. ¿Cómo que ha salido dinero de todos los españoles para entrar en una sociedad  por servicios que no se han realizado? Qué lío, madre mía, ¿y cómo instruyo eso? Entonces se acumulan los folios, cantidad de folios, porque se vuelve muy complicado eso de sale de allí, por vete tú a saber qué sistema, y entra acá. Claro, la justicia acaba liándose más que las patas de un romano.
Menos mal que aún nos queda el fisco, dicen al fin, la mar de relajados. Porque, mire usted, no importa que se robe, ni cuánto, ni quién llevaba las cuentas y permitió el pago de esto o lo otro, sino lo verdaderamente importante es que se tenga la osadía de no declararlo.
  Es como si consiguieran meter en la cárcel a las bosnias del metro, no por un delito continuado, sino por no declarar ni el IVA, ni el IRPF, ni siquiera estar dado de alta en actividades económicas, epígrafe: “trincar en el metro”. Creo que si esas pobres chicas se enterasen de que están en la cuerda floja por no llevar al día el libro de facturas emitidas, recibidas y bienes de inversión, se morían del canguelo.
Si es que la Ley General Tributaria debería ser nuestro libro de cabecera.

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