Textos

sábado, 10 de enero de 2015

CONCIENCIA COLECTIVA

                                 
 




Ha coincidido el atentado en el semanario Charlie Hebdo con lo que estaba leyendo estos días. Se trata de un libro de David Coleman que se titula “El punto ciego”,  y en uno de sus capítulos habla de la conciencia colectiva que se forma a través de un grupo. Siempre me ha llamado la atención que haya gente capaz de pertenecer a algo que se denomina bloque  y perder su propia personalidad. Las sectas, los grupos religiosos extremistas, los ideales políticos llevados al límite, los bloque familiares, profesionales o empresariales, los grupos en el colegio y tantos movimientos en los que el individuo pierde su personalidad para asumir la del grupo. Actúan de forma diferente, no se plantean los objetivos ni los medios y son capaces de actuar como no actuarían por separado. Y lo que más me llama la atención es que no nos encontramos ante personas imbéciles, a veces son inteligentes y valiosas. ¿Qué les mueve a delegar su voluntad en nombre del grupo, de dejarse llevar por un patriarca y seguir sus directrices sin plantearse siquiera un momento qué le está pasando?
Hace tiempo leí en un libro que los magos, antes de hacer sus pruebas de hipnotismo, tratan de comprobar dentro del público, quienes son los de mentalidad más débil. Primero hacen algunas pruebas generales, y a la luz de los resultados van entresacando a los sugestionables, hasta que se quedan con los que les interesan, que no son otros que aquellos dispuestos a integrar un bloque y dejar su opinión o su criterio en manos del líder.
La locura, decía Nietzszsche, es la excepción en los individuos pero la norma en los grupos, una afirmación que también compartía Freud “El grupo es impulsivo veleidoso e irritable”. Decía que cuando las personas pasan a formar parte de un grupo sufren algún tipo de regresión a un estadio infantil. Cuando un grupo de personas se reúnen en torno a un líder manifiestan un tipo de mente colectiva que los hace sentir, pensar y actuar de un modo muy distinto a como lo harían de encontrarse solos. La multitud es extraordinariamente influenciable y crédula, carece de sentido critico, y lo inverosímil no existe para ella. Los sentimientos de la multitud son siempre simples y exaltados. No tiene dudas ni incertidumbres.
Freud utilizó el término grupo tanto para muchedumbres como para pequeños grupos.
El rasgo fundamental de la persona que forma parte de un grupo consiste en la sustitución de su propio yo por el yo del grupo. Preponderancia de esquemas compartidos sobre esquemas individuales.
Quizá esa sea la causa de tantas muertes y sinsentidos, de agresiones gratuitas, de la justificación de los  propios actos y sus consecuencias. Un auténtico punto ciego.


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