Textos

domingo, 11 de enero de 2015

LA CONTRASEÑA Y LOS UNIVERSOS PARALELOS







Me he liado, lo reconozco. Mi intención era tener la misma contraseña para facebook, twitter, gmail, yahoo, Paloma de la vega, Google+, youtube…  Pero es imposible porque a penas me  despisto, me sale error y dice que la contraseña no es válida, que lo vuelva a intentar. Lo vuelvo a intentar y dice que ponga otra. Invento una cualquiera. Repítala. La repito. Ya la tiene otro. Pero como ese otro soy yo,  pretendo explicárselo al ordenador tecleando, más que todo porque no hay ser inteligente con el que pelearte. Y es ese el momento más terrible, cuando sale el inglés. Le tengo una manía... La pantalla se llena de palabras en ingles que no entiendo. Busco el traductor de google, pero no lo encuentro. Vuelvo a meter mi contraseña y el ingles me repite que no. Y me explica  algo así como que lo mejor es que la cambie, pero quizá no dice eso, porque como no tengo idea de ingles, en cuanto me sacan de “Summertime”, me pierdo. Cambio la contraseña pero creo que no le gusta, me parece que dice que mezcle números con letras, que a su vez mezcle letras picudas con redondillas, y que intercale alguna mayúscula para despistar. Hago lo que me dice y, para no faltar, añado algunos puntos suspensivos, signos de admiración e interrogaciones. Tampoco le gusta, dice que no puede exceder de eigth caracteres. Escribo algo extraño que no controlo ni yo misma, y me vuelve a chapurrear que esa contraseña ya está cogida. Entonces me emociono, es tan aleatoria que el hecho de que otro la haya tecleado con los mismos signos de admiración, interrogación, mayúsculas y números romanos, no puede ser algo azaroso, tiene que haber un por qué. Creo interpretar que alguien en otra dimensión o en la mía, vete tú a saber, existe y me busca. A partir de ese momento creo. Creo en universos paralelos, el multiverso. Seres descarnados de la cuarta dimensión, qué sé yo. Creo en todo. Me niego a dejar el ordenador porque algo extraterritorial, tridimensional, o medioambiental está a punto de suceder.
Mi hermana ha venido porque dice que me oye jadear. Me aconseja que lo deje, que me ve algo nerviosa, pero no puedo dejarlo. Es como si una brisa helada y al mismo tiempo cálida me empujara a encontrar esa clave que un día dejé y que por arte de magia se ha esfumado.
¿Pero qué más te da a ti Paloma de la Vega o el correo yahoo?, me dice pasando el brazo por mi hombro. ¿Acaso necesitas comprar algo?, porque puedo bajar al chino si eso te tranquiliza.
¿Pero cómo me va a tranquilizar a mí un chino teniendo a un ingles a punto de desentrañar los misterios de la naturaleza? Mi hermana intenta que me incorpore y abandone el ordenador, pero puedo ver  en la pantalla una ultima sugerencia, “Si quiere recuperar su contraseña pulse aquí.” Regreso y pulso, pero me pregunta cual es mi pasodoble favorito y me derrumbo. Anda, vamos, me dice ella, que te voy a enseñar a fluir. Y yo la sigo pero solo veo humo, consonantes,  vocales,  signos de interrogación, un chino y un inglés. Ella llama al servicio de urgencias pero yo le aviso de que la contraseña ya está cogida.

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