Textos

miércoles, 8 de abril de 2015

DELITOS CONTINUADOS

                                   






Tenía un profesor de Derecho Penal que era un auténtico comunicador. Nos mantenía al borde de la silla desde que empezaba la clase hasta que se marchaba.  Todavía recuerdo cómo nos hablaba de los delitos  y las penas mientras paseaba de un lado para otro del aula. Lo hacía con altibajos de voz y elevación de brazos para crear más impacto. “Piensen ustedes en el caso de la asistenta que hoy roba una cuenta de collar; mañana, otra, pasado, otra… hasta acabar quedándose con el collar entero.” “¿Qué tenemos?” preguntaba, y proseguía su deambular por el aula sin esperar respuesta. “Un delito continuado tipificado en el artículo 74 del Código penal.” “¿Y que pena se aplica?” Entonces se hacía el silencio, solo se escuchaban sus pasos lentos, algún estornudo, nuestra respiración expectante, hasta que de pronto se paraba en seco, miraba a su alrededor y gritaba como si acabara de descubrir la piedra filosofal: “¡La pena máxima en su grado mínimo!”
Es absolutamente imposible olvidar el delito continuado cuando te lo explican de una forma tan didáctica. La verdad es que “el penal uno” lo suspendían muy pocos,  no porque el catedrático fuese un blandengue, sino porque no nos perdíamos ni una sola de sus clases. Y al terminar el curso éramos unos auténticos expertos en valorar las penas según los delitos o faltas cometidas.
Hoy, después de tantos años, y no habiéndome dedicado al Derecho Penal, todavía me aventuro a valorar el tratamiento dado a algunos delitos, los que continúan, claro.
Por eso, cuando leí en la prensa lo de las tarjetas black, recordé a mi profe paseándose de un lado para otro del aula, su brazo levantado, sus silencios, pensé; hoy una cena, mañana, otra, pasado, un coche, al otro, un viaje… Ya está, grité emocionada: como la asistenta y el collar. ¡La pena máxima en su grado mínimo!
Pero en estos tiempos ha debido cambiar mucho el Código penal porque no solo no han aplicado la pena, sino que casi meten en la cárcel al juez que quiso tomar cartas en el asunto. Por de pronto, lo apartaron de la carrera judicial. Luego dijeron que era una mala persona y un dictador y un … pero lo cierto es que hasta que no se cometió el delito continuado, nadie había movido un dedo contra el mala persona, y dictador, y mal juez, y…
 Por otro lado, en vez de dedicarme al penal, me dediqué al fiscal. Y no recuerdo en todos los años que pasé por la carrera, que las asignaturas estuviesen tan unidas como para que la asistenta que robaba una cuenta de collar, mañana otra…, además tuviera que pagar impuestos por habérsela llevado. ¿A qué tipo iría la cuenta?, ¿al reducido o al normal? Menudo lío tienen ahora los ladrones, no se les condena por el delito cometido sino por el IVA e IRPF que debió ingresar en las arcas públicas. Y como una cuenta de collar por sí sola, no alcanza el valor para que sea delito fiscal, pues aquí paz y después gloria.

Que difícil se hace comprender el mundo cuando te vas haciendo mayor. Y luego hablan de lo complicado que es el whatsApp o twitter, o likedin. Si eso es pan comido en comparación a cómo nos venden la moto, ¿digo moto? ¡La motosierra!

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