
Foto: "Lleymab "
La primera vez me acompañó Antonia, dijo que ella entendía de voces de ultratumba, de sofrología y de psicofonías más que nadie. Que era lo suyo, su gracia, vamos. Y yo la dejé hacer. Al fin y al cabo fue ella la que me presentó a Sebastián, y la que estaba un poco en el ajo.
Me acompañó y colocó la grabadora en un sitio estratégico de la casa. Me habló de energías y demás zarandajas que no entendí. Luego, un poco antes de las doce del medio día, regresamos a Madrid.
Qué nervios pasé aquella noche. Se me quemó el lenguado, tiré a la basura los deberes de Pablito, y abrasé a Miguel en la ducha.
-Cada día estás más tonta -dijo Tomás cuando sus hijos se lo contaron. Pero no me importaron ni siquiera las broncas que tuve que soportar. Mi cabeza y mi corazón se encontraban muy lejos, en Becerril de la sierra.
Todo tenía que suceder por la noche, en el silencio, en la soledad de una noche de invierno. Sebastián, el de Ponferrada, iba a hablar y se iba a desvelar el misterio de su sonido, la cadencia de su voz, su ritmo. Me iba a decir palabras de amor y yo las iba a escuchar. Sebastián, cariño.
La primera vez me acompañó Antonia, dijo que ella entendía de voces de ultratumba, de sofrología y de psicofonías más que nadie. Que era lo suyo, su gracia, vamos. Y yo la dejé hacer. Al fin y al cabo fue ella la que me presentó a Sebastián, y la que estaba un poco en el ajo.
Me acompañó y colocó la grabadora en un sitio estratégico de la casa. Me habló de energías y demás zarandajas que no entendí. Luego, un poco antes de las doce del medio día, regresamos a Madrid.
Qué nervios pasé aquella noche. Se me quemó el lenguado, tiré a la basura los deberes de Pablito, y abrasé a Miguel en la ducha.
-Cada día estás más tonta -dijo Tomás cuando sus hijos se lo contaron. Pero no me importaron ni siquiera las broncas que tuve que soportar. Mi cabeza y mi corazón se encontraban muy lejos, en Becerril de la sierra.
Todo tenía que suceder por la noche, en el silencio, en la soledad de una noche de invierno. Sebastián, el de Ponferrada, iba a hablar y se iba a desvelar el misterio de su sonido, la cadencia de su voz, su ritmo. Me iba a decir palabras de amor y yo las iba a escuchar. Sebastián, cariño.





