miércoles, 12 de octubre de 2011

Un sencillo búcaro


Lo bueno que tienen los ricos es que conocen artículos lujosos de lo más variopintos. Es como una señal de identidad, un código secreto que utilizan y que el resto desconoce. Se miran con recelo por llevar o poner elementos en su casa que al resto nos dejarían fríos.
Hombre, no digo yo que no seamos capaces de admirar el Palacio de Dueñas, porque hasta ahí llegamos. Pero las meticulosidades, los pequeños detalles, las nimiedades que a ellos vuelven locos, ni las percibimos.
A veces ojeo el “Hola” en la pelu. Me refiero a que miro las fotos. Pero reconozco que otras veces, en vez de ojear, leo. Sobre todo si me toca tinte. Y fue así como descubrí que el altar de la iglesia en la que se casó la Duquesa de Alba estaba adornado con búcaros a base de guisophilas y rosas de David Austin, traídas exclusivamente de Inglaterra.
La verdad, ahora comprendo por qué el funcionario pidió la excedencia, se echó la manta a la cabeza, y se casó. Él sí debía comprender el lenguaje de los ricos. Porque sus rosas son otras, y sus búcaros, y sus guisophilas.
A mí, sin ir más lejos, me ponen esas flores el día de mi boda, y pienso: Mira qué detalle, florecillas en el altar, como siempre. Pero no, so cenutria, como siempre no. Y es que ya me dirán a mí para qué sirve ser rico si no te conoces todo aquello que te distingue del resto, que te eleva, que te individualiza, que te sube a los cielos en cuerpo y alma.
Si yo hubiera sido la duquesa de Alba, hubiera traído los búcaros allende el mar. Más que nada para que vieran todos que además de arrancarme por bulerías yo no soy como todas, yo… “Soy la que soy”.
Los que tenemos que ir a trabajar todos los días, los que no nos llega la camisa al cuerpo por si la economía nos deja con una mano delante y otra atrás. El resto de la humanidad, me refiero, ni conocemos esos detalles, ni nos importan. Solo algún snob se informa de las variopintas características de lo que nunca será suyo.
Es que su vida, la de ellos, transcurre entre nubes de colores. No les suena el despertador, es el ángel de la guarda el que toca el arpa en su oído cada mañana. Por eso los lobos feroces, que sí saben de la vida, se meten entre sus sábanas con cierta soltura y arrasan con su inocencia.
Conozco a una marquesa que quiso traer a pasar el verano a un niño saharaui para que viese que existe otra vida, otros mundos. Para que disfrutara de un verano diferente. Y lo contaba con la cara de inocencia de esos angelotes que pintaba Murillo.
Yo imaginaba al saharaui desayunando en bandeja de plata, disfrutando de todos los juguetes que se le antojara, corriendo sobre ponis alrededor de fuentes versallescas hasta que el otoño lo volviese a colocar en su Haima, agarrado a un mendrugo de pan, y hecho un lío.
¿Era mala la señora? Seguramente no, seguramente estaba en su nube pensando en el búcaro de guisophilas y rosas David Austin que iba a poner esa tarde de té y pastas. Sin saber que muy lejos, allá, en el Sahara, un niño famélico y con mocos en las mejillas, se encontraría afilando una navaja por puro resentimiento.

lunes, 10 de octubre de 2011

UN ANTES Y UN DESPUÉS




El martes entró en el metro un hombre de unos cuarenta y pocos años. No escuché lo que dijo pues llevaba los cascos puesto. Me llamó la atención que se dirigiera a los pasajeros y me los quité. Pedía dinero. Por su aspecto no lo esperaba.
Recogió algunas monedas y salió en la misma parada que yo. Subimos las escaleras a la vez. Al torcer a la derecha me di cuenta de que se ocultaba, estaba llorando.
Sentí su llanto como mío. Sentí una rabia tan enorme que deseé pegar un puñetazo en algún lugar. Lo hubiera pegado en la junta de alguna Caja de Ahorros, donde se resuelve quién se va a quedar con el poco dinero que han dejado los administradores. Lo hubiera pegado en la sede de la auditoría que ha dado el visto bueno a las cuentas amañadas, las que han llevado la Caja a la quiebra. Lo hubiera pegado en el Banco de España, en la de todos los responsables que han permitido esos gastos, esos sueldos, esas atrocidades. En los que debían de haber sabido y en la de los que lo sabían. Lo hubiera pegado en la mesa de los políticos que no han tomado medidas a tiempo, que no han cortado el despilfarro para que eso no sucediera. Lo hubiera pegado en las redacciones de los periódicos dónde se ha mantenido ese silencio cómplice.
Hubiera pegado miles y miles de puñetazos en todas las mesas que encontrara para no ver a un hombre llorar de impotencia, de desesperación, para no ver como se cierran comercios, para no ver desahucios. Para no ver a aquellos que valoraron el piso por el doble de lo que valía esperando pingues beneficios, y ahora no se conforman con lo recibido en prenda.
Quieren abocar a la pobreza a todo aquel que les pidió un préstamo.
Un hombre llora en el metro, cuántos lo harán en su casa, en los parqués, en las esquinas de cualquier sucursal. Cuántas ilusiones rotas, cuántos jóvenes sin futuro.
Solo escucho una pregunta en la calle. ¿Por qué no hay nadie en la cárcel?
También escucho una afirmación.
Esto va a tener que cambiar.
“Un antes y un después”.
Eso espero.
“Un antes y un después”.

domingo, 25 de septiembre de 2011

CRISIS


La verdad es que me cuesta entender todo este caos económico que nos envuelve. Me levanto por la mañana pensando en los griegos. Enciendo la radio y escucho a un locutor que sin aspavientos, con el mismo tono que nos da el parte meteorológico, nos cuenta que el gobierno griego no va a poder pagar las nóminas de los funcionarios, ni de los pensionistas el mes que viene. Me entra un frío que me tengo que echar un edredón a pesar de que el termómetro marca treinta grados. Imagino a padres de familia, ancianos, enfermos. Todos ellos sin paga, deambulando por las calles. Toda una vida trabajando para eso. No se pagarán los alquileres, ni las hipotecas, no se fiará en el súper. Pero el locutor lo dice así, sin más, como si nos contará el partido del domingo.
Me asomo a la ventana, la gente se dirige a su trabajo como todos los días. Todo continúa igual. Las emisoras no emiten música sacra. Nos hablan del tráfico en la carretera de La Coruña, del calor tan enorme que va a hacer a medio día, de la llegada del otoño. Nos cuentan lo indignados que están los catalanes con las corridas de toros, con el tribunal constitucional, los maestros con el recorte. No se han enterado todavía de que nos vamos a pique en catalán, en castellano y en euskera, que no importa las horas que trabaje un maestro porque no le piensan pagar. No importa lo que deban a un laboratorio farmacéutico, ni a un profesional, porque tampoco le piensan pagar.
No hay dinero, oiga, que nos lo hemos gastado, nos dicen. Y se fuman un puro.
Nos gusta pensar que Grecia es otra cosa, algo lejano, como Mozambique.
Me pregunto si todavía estoy dormida, si estoy soñando que vivo en un juego de ordenador, algo virtual en el que pasan cosas horribles pero que puedes apagarlo cuando quieras. Y en mi sueño virtual escucho una voz en off que sale de una empresa de calificación, una Moodys cualquiera, y dice que la prima de riesgo en España va de ala. Y como consecuencia de esa frasecita, se desploma la bolsa. ¿Por qué no hacen callar a esos “gaforros”, esos calificadores de pacotilla que no hablaron cuando debieron hacerlo?
Nos riñe Merkel, nos riñe Obama, pero no pasa nada porque parece ser que nos van a ayudar los chinos. Dicen que para qué quieren fabricar tanto si no va a quedar nadie para consumir.
Tiene que haber un culpable, miles, millones. Personas que no tomaron las medidas adecuadas en el momento adecuado, seres responsables de la que se nos viene encima.
Entro en el metro, miro las caras de la gente; unos leen, otros juegan con el móvil, otros duermen.
Pocos miran las caras de la gente, pocos piensan en Grecia. Es mejor no pensar.

martes, 6 de septiembre de 2011

EL FINAL DEL VERANO


El viernes le llegó la factura del teléfono veraniega.
Sabía que era mejor no leerla. La vida son dos días, se dijo. Pero no lo pudo evitar. Le habían cobrado la movilidad que nunca funcionó.
Llamó a Vodafone y le contestó un hombre que, por el acento y la lejanía de su voz, ubicó allá por el Machu Pichu. Le explicó su caso. Él le dijo que iba a comprobarlo Doña María del Carmen Remedios (en adelante DMDCR) no se retire.
Ellos son así, se acogen al nombre que figura en el DNI aunque haya sido fruto de un arrebato pío de tus padres.
-No se retire. Lo siento, el programa no me permite darla de baja DMDCR. Continúa usted con la movilidad.
-Pero si no la tengo
-Aquí consta que sí DMDCR
-¿Entonces me la van a seguir cobrando?
-Así es DMDCR.
-No la quiero
-Lo siento, el sistema no me deja desactivarla.
--No hay derecho. No la he podido utilizar en todo el verano.
El del Machu Pichu se sintió atacado y colgó.
Una voz a continuación le pidió que lo evaluase. Ella lo puso a parir y colgó también.
Se tomó una Valeriana y volvió a llamar. Esta vez, por el acento intuyó que le hablaban desde el Perito Moreno. Después de pedirle el santo y seña, la saludó cordial.
-Buenas tardes DMDCR.
Ella le explicó el caso de nuevo. El del Perito Moreno le contó que ni tenía la movilidad activada ni Cristo que la fundó.
-Pues me la han cobrado en el recibo.
-Lo mejor va a ser que coja el pen drive que viene en el router y se lo lleve de vacaciones.
Ella le explicó que ya había regresado de las vacaciones y que solo quería que le diesen de baja en la movilidad y en la factura. Le pusieron música guanche y le pidieron que esperase. Luego, cuando ya se había hecho al estribillo, colgaron.
Llamó de nuevo y dijo que quería poner una reclamación, explicó lo de la movilidad por tercera vez, y le dijeron que no les constaba.
-Usted en lo que está dada de alta es en llamadas transoceánicas DMDCR
Ella notó como un fuego intenso subía por su cuerpo y gritó:
-¡Quiero que esta conversación sea gravada!
Le colgaron.
-Evalúe al técnico que le ha atendido –dijo una grabación.
Ella respiró hondo y se tomó un Lexatín, pero ya era demasiado tarde porque se le había necrosado el metatarsiano, el escafoides, un orzuelo y la muela del juicio.
Porque lo que no sabían en Vodafone es que DMDCR somatizaba

viernes, 12 de agosto de 2011

¿Puedo prometer?

Parece ser que vamos a tener elecciones generales en noviembre. Parece ser que nos hundimos y que todas las esperanzas se concentran en el cambio.
Los indignados arrastran tras de sí una lista de peticiones de colectivos o ciudadanos. Ellos las recogen y luego las votan.
Pues yo tengo una proposición. Es sencilla.
Si en el Codigo de Comercio se recoge la figura de la "Competencia desleal" y de la "Publicidad engañosa" con sus correspondientes sanciones, ¿Por qué no se recoge para los politicos una figura similar?
Si un partido promete, por ejemplo, unas determinadas ayudas a la dependencia, no bajar las pensiones, etc, etc, etc. Si mediante esas promesas consigue mi voto y el de un porcentaje tan alto que gana las elecciones, y luego no cumple con las promesas. Desde mi punto de vista y desde la legalidad vigente, está cometiendo un incumplimiento de contrato (verbal,como la publicidad engañosa) De su promesa queda constancia en todos los medios. Se puede demostrar. Está defraudando a sus votantes, a su pueblo, a sus electores. Merece un castigo ejemplar. Que no me hablen en ese caso de responsabilidad política, esa que se solventa cuatro años más tarde en las urnas. Eso es muy tarde.
Propongo desde este blog pequeñito, desde este recondito lugar, que se exija el cumplimiento de las promesas electorales hasta sus últimas consecuencias. Y si no se cumplen se de sobradas explicaciones del por qué no se llevaron a cabo.
Y de no ser suficiente las explicaciones, se aplique una pena pecuniaria por obtener un puesto de gran trascendencia con engaño y manipulación.
Si no se puede prometer que no se prometa. Ya está bien.

domingo, 10 de julio de 2011

EL SUEÑO DE UN MEDIOCRE



Recuerdo un cuento de Cortazar cuyo protagonista es un músico genial, tanto, que a veces, cuando interpreta, se escapa de sí mismo, y pierde el control. Le atormenta saber que no es dueño de su obra, que algo que va más allá de él lo envuelve y supera. Y el hecho de saberse traspasado lo coloca el borde de un precipicio.
Lo idolatra el público por ser capaz de hacer lo que hace, pero él sabe que lo que hace no es suyo, que en cualquier momento la magia desaparecerá, y él volverá a ser normalito, un ser humano como todos.
El mundo se arrodilla ante su obra, pero él lo único que pretende es que lo quieran tal y como es, vulnerable y mediocre. Y no como el genio que toma su cuerpo. Lo único que sabe es que ese momento desaparecerá, y eso lo lleva a emborracharse de puro miedo.

Cualquier creador, sea en el campo que sea, si no se dedica a copiar, si se atreve a ser él mismo, ha vivido esa experiencia. Por unos instantes, o por un tiempo.
De pronto algo se apodera de él, y habla por otra boca. Siente que, como en los sueños, no controla su obra. Que el protagonista, su pareja, su enemigo, o algun otro personaje, se cuela dentro de su texto y dice cosas que dan escalofrios. Y es que no quiere admitir que eso lo está escribiendo él o su subconsciente.
Una pintora me dijo que espera a que el cuadro le hable, porque si no lo hace, tiene que abandonar.
¿Quién no ha vivido la experiencia de comnprobar que su obra se le escapa de las manos? Por eso no entiendo cómo puede envanecerse un creador por algo que está fuera de él, que no le pertenece, que viene y va, que quizá ya nunca regrese. Por eso tantos han utilizado drogas o alucinogenos. Quieren encontrar de nuevo ese rayo que un día brilló y que quizá nunca más regrese.
Mediocres en pleno sueño, solo eso.

sábado, 25 de junio de 2011

PEROGRULLO





A mi hay cosas que me parecen de Perogrullo.
Por ejemplo, el hecho de que un banco preste una cantidad de dinero para la adquisición de una vivienda, pida como garantía la vivienda, la valore como Dios le da a entender, y cuando el deudor no puede pagar, va y le cuenta que de lo dicho nada, que la vivienda valía mucho menos de lo pactado en aquel tiempo, y que además de quedarse con ella, se queda con el deudor, con su vida, y con su hacienda para los restos.
La verdad, no lo veo de recibo.
Así que el deudor, que la mayoría de las veces no puede pagar por haberse quedado sin trabajo, se encuentra sin casa, sin dinero, sin la posibilidad de alquilar otra, y si te descuidas, con una multa de la Agencia Tributaria por no haber mantenido la vivienda habitual durante los tres años que marca la ley, y haberse desgravado en su momento.
Además de todo eso se encuentra también con un embargo de bienes, porque… “usted pague y luego recurra, que ya veremos su caso”.
Y ese es el momento en el que la víctima llama desesperado para decir que no la vendió antes de tiempo, que se la quitaron, que oiga usted, por favor. Pero una fría y robótica grabación dice: Si su consulta es sobre un cambio de domicilio, marque el uno, si lo que desea es que le envíen el borrador por correo, marque el dos, si…
Yo es que hay casos en los que entiendo que uno coja un trabuco y se eche al monte.
Y como ahora ya no se venden trabucos en condiciones, ni hay montes cercanos, lo que hacen es irse a Sol y montar un 15 M al que, por cierto, intentan subirse todos aquellos que han consentido que se haya montado este pollo marinero.
Pero qué cinismo ¿no?