martes, 27 de febrero de 2018

LA GLOBALIZACIÓN DE LA NARIZ


                                   








La ultima vez que quise operarme de desviación de tabique, intentaron convencerme de que me retocara de paso el tabique nasal y me cambiara la nariz. Bueno, la verdad, intentarlo lo han intentado muchas veces. He pasado por la oferta de nariz respingona muy a la moda de los ochenta, a todo tipo de variantes. Cada vez que me acerco a un cirujano para poder respirar sin hacerme hueco con las manos, mira mi nariz y opina.
La última vez fue de las más impactantes. El cirujano quería, ya no que me retocara el tabique nasal, sino que me afinara la punta, la dejara lisa y tiesa desde el origen  a su desembocadura. Algo que no acababa de ver. Lo cierto es que era mejor que la nariz respingona y hundida por el centro ochentera, pero  lo de el afilamiento... No sé. La verdad es que decidí pensármelo. Y menos mal que lo hice, porque unos días más tarde llegó la primavera al Corte ingles y con ella cuatro modelos que ocupaban todo el panel del edificio de Castellana con sus vestidos primaverales e iguales narices, las cuales coincidía con el modelo que me proponía el cirujano.
Me asusté y alegré a un tiempo. Me hubiese sentido muy descolocada si hubiera entrado en el trabajo con la nariz de las cuatro modelos que anunciaban la llegada de la primavera y claramente observables desde todas las ventanas exteriores del nuestro edificio. Porque, aunque hubiésemos compartido nariz, no habríamos compartido estética, mas que todo por la diferencia de edad,  años,  kilos, estatura e impronta. Hubiese sido como un Mister Potato con nariz colectiva y globalizada.
Ha pasado bastante tiempo desde entonces, y cada vez respiro peor. Le he comprado en los chinos un artilugio que me separa los orificios nasales para permitirme la entrada y salida del aire por las noches. He vuelto a pensar en operarme, pero es que ahora ya no se lleva tener nariz recta, ni respingona, ni aplanada por los polos, ahora se lleva un pegotito inverosímil en el centro de la cara. En cuanto te pones de lado, es como si desapareciese o como si solo tuvieras un grano enquistado desde la adolescencia.
La verdad es que como estoy perdiendo el olfato podría prescindir de ella, el único problema es el de respirar que es el que me tiene a mal traer de toda la vida. Estoy esperando que desaparezcan de un plumazo la moda de llevar nariz  para hacerme una especie de lifting colectivo y esperar a que llegue la primavera. A lo mejor así consigo recuperar el olfato; mal asunto para viajar en metro pero bueno para evitar que se me queme el cocido.

Toda una vida empantanada con la nariz,  y todo por las modas. ¡Qué mala suerte! 

viernes, 16 de febrero de 2018

“JUICIOS TENGAS Y LOS GANES”

                      









Mi prima Marga lleva once años en espera de que se ejecute una sentencia que dice que le tienen que cambiar el parqué por defectuoso. El Juez que llevaba el caso ya se jubiló, el abogado, ha fallecido, el procurador está de baja definitiva  y el edificio dónde se dictó la sentencia es ahora sede de una casa okupa adornada con grafitis.
Sin embargo Marga continua luchando para que se ejecute la sentencia. Ella es así; pertinaz y luchadora dónde las haya.
Hace unos días acudió a su casa el tío del parqué, que todavía vive y persiste. Encontró mirando el suelo al nuevo abogado de Marga por pura casualidad y éste le preguntó con alborozo si por fin iba a cambiarlo, a lo que respondió que ni hablar, que acudía con notario para ver si aún no lo habían cambiado por su cuenta.  No contaba con la firmeza de carácter de Marga, ni esperaba que hubiese vivido once años con el cemento original bajo una liviana moqueta que se levanta al pasar. Marga es difícil de doblegar pero el de la moqueta también.
Ayer acudí a la reunión de la comunidad y por milésima vez se trató el tema de un aparato de aire acondicionado que han colocado los dueños de un local en el mismo centro del patio de luces. El ruido es infernal y se le pidió que lo resolvieran hace tres años. Esta vez los representó un abogado de buenas formas y palabras incendiarias. “Pienso declarar nulo de pleno derecho la decisión de la junta por agravio comparativo", dijo como si no hubiera matado un amosca en la vida. Me levante y le manifesté que en ese caso ya no había más que hablar, que nuestro abogado se encargaría de su denuncia. A mi vecina, de pronto, le cambió el color de la cara. ·"Ni se te ocurra meternos en juicio. Eso es lo último. Mejor escuchar el ruido eternamente que escucharlo de la misma forma y pagar costas". Me contó entonces que su ex marido estaba condenado a devolverle un chalé de su familia y que ha llegado  a plantar mariguana a escondidas para denunciarla. La sentencia no se ejecuta y ella está día sí día no en los juzgados. Recordé a Marga y asentí. Es cierto, casi mejor dejar el ruido.
Es muy triste saber que la frase feliz de “Tengas juicios y los ganes” todavía es real, que no importa ganarlos, que lo importante es lograr que se ejecuten. Quizá por eso se han enfadado tanto en Cataluña cuando al Ministro de Educación se le ha ocurrido amenazar a los catalanes con ejecutar una sentencia de 2010 sobre inmersión lingüística en los colegios. Ha dicho que si no se ponen de acuerdo para lograr un gobierno en la Generalitat, ejecutan. ¡Qué susto! Y yo me pregunto, ¿si se pusieran de acuerdo y lograran un gobierno, no ejecutarán la sentencia de 2010?  ¿Le  pasará como a Marga, los del local, mi amiga la de la mariguana y tantos más?

¡Qué mal rollo!

sábado, 3 de febrero de 2018

CONDUCTORES INTRÉPIDOS



                                    


Siempre he pensado que el carné de conducir debería estar restringido para personas mayores. Hace ya tiempo estuve a punto de ser arrollada por un coche que se subió a la acera, culpando a esta y al ayuntamiento de mi casi atropello. Me he aturrullado, reconoció cuando llegó un policía para levantar el atestado correspondiente. Era un anciano un poco despistado.
Respeto mucho a los ancianos y reconozco que no todos tienen problemas para conducir, pero ante la falta de autorreflexión que tienen algunos,  es mejor evitarlo. Lo sé de buena tinta. Tampoco es lo mismo conducir siendo mayor pero con un carné de toda la vida, que habérselo sacado con más años que un camino,  como le ocurrió a mi padre.
Se compró un seiscientos y se sacó el carné con sesenta y cinco años. No digo que no estuviese espabilado, pero no es buena idea empezar con esa edad. Por lo menos no lo era para él. Conducía fatal, aunque no se lo decíamos para no herir su sensibilidad, lo que no evitaba que sufriéramos un montón cuando lo sabíamos al volante. Una de sus mayores hazañas consistía en cambiar de marcha, por lo que apuraba la primera hasta límites insospechados. El ruido que hacía para salir del garaje era infernal, hasta el extremo de que mis hermanos y yo sabíamos que se hallaba cerca por el sonido atronador del tubo de escape. Algunas veces cuando escuchaba su inconfundible rumor, corría tras él para acompañarlo en su intrépida carrera por la ciudad. Lo solía alcanzar sin problemas, por muy lejos que se encontrara. Era tan fácil detectar su presencia...

Me he acordado de él cuando he leído en el periódico que una anciana que se acababa de sacar el carné a los 84 años ha caído por un barranco. Se salió de la carretera y tuvo que ser rescatada. Fuentes del consorcio provincial de Bomberos de Valencia confirmaron que la mujer sufrió heridas leves, que la han subido del barranco con cuerdas y una escalera, y que ha sido llevada a un hospital para ser atendida. Ella alegó que la culpa era del coche que venía de frente porque invadió el carril contrario y la empujó hacia el barranco. Lo cierto es que el coche había caído de culo, o sea que iba marcha atrás. La mujer asegura que si hace falta se compra otro coche, pero que no piensa dejar de conducir. Se siente libre de poder ir a la compra, a misa y al cine con sus amigas del pueblo. Su velocidad era de 15 Km por hora. En eso era como mi padre, lo que le hacía tardar 15 minutos en recorrer tres Km. En su defensa alega que se sacó el carné a la primera y que se sabe de carrerilla las normas de circulación. Menos mal que su carné es solo para conducir coches eléctricos y transitar por carreteras secundarias. Pero aún así, da un poco de miedo saber que por los alrededores de Alginet (Valencia) transita una mujer capaz de hacer marcha atrás en las proximidades de un barranco.

jueves, 18 de enero de 2018

LAS LEYES QUE ME PROTEGEN


                                  






Las leyes en España son, cuanto menos, raras. Hoy he escuchado en la radio que si entrara Puigdemont en España disfrazado de lagarterano, se metiera en el parlamento catalán y firmara su acta de presidente, la habíamos liado parda. Vamos, que no se podría hacer ya nada; ni detenerle, ni evitar que le nombraran presidente, ni pedirle cuentas por los delitos de sedición, malversación..., un sin vivir. O sea, sería un presidente sedicioso donde los haya, pero en posesión de la verdad, o de la ley, o de vete tú a saber qué.
En eso es un poco como los okupas. Si se mete alguien en tu casa aprovechando que te has ido a la playa o a visitar a tu tía Leo, pongo por caso, y se hace fuerte dentro, ya no se puede hacer nada. Y se hace fuerte si tardas 48 horas en denunciar y el okupa ha cambiado la cerradura, porque entonces la policía ya necesita orden judicial para entrar. Y eso se consigue con una demanda de desahucio. Desalojar dura de nueve meses a dos años, por las técnicas de dilación que utilizan los okupas. Los gastos del juicio correrán a tu cargo, porque ellos se declararán insolventes y eso suele costar de 600 a 3000 euros. Si es tu vivienda habitual, tienes suerte, porque los puedes denunciar por allanamiento de morada y eso es más liado para ellos. Por eso se informan antes de si estás alquilado o es segunda vivienda. La solución la ha aprovechado una empresa que se llama DesoKupa que se encarga de tratar de negociar con ellos y conseguirte un desalojo menos costoso. Hay otra solución, que es denunciar que están robando en tu casa, pero creo que eso ya se lo saben y tienen sus triquiñuelas. Así que tienes que entregar la vivienda al ocupante y marcharte con lo puesto, sin poder recoger siquiera tu ropa interior. Ya no se considera ese acto como un allanamiento de morada, sino una ocupación en toda regla y con todas las consecuencias.
Lo mismo pasaría con Puigdemont si entra, firma el acta de diputado y es nombrado presidente con nocturnidad y alevosía. ¿Quién puede sacar a un presidente electo y bendecido de la cámara? Es inevitable; Carles y los okupas están al acecho, y a nosotros, pobres ciudadanos, tan solo nos queda vigilar día y noche que no entren por la puerta falsa, que no entren mientras bajamos la basura, que Carles no cambie su estética para poder detectarlo a tiempo. Nos cabe también la posibilidad de contratar guardas de seguridad para que no nos desamparen ni de noche ni de día, que si no nos perderíamos.
La verdad, no entiendo cómo les extraña tanto perder votos, demasiados consiguen con esa forma de legislar y de gobernar tan para la galería.  




domingo, 7 de enero de 2018

"Gus contra Strogonov"




Estáis invitados a la presentación de "Gus contra Strogonov".
Todos aquellos que tengáis entre  9 y 99 años entráis en la franja de edad.
 Os gustará.







sábado, 6 de enero de 2018

LOS JUGUETES








Una de las actividades que más me atraen en Navidad es acudir a un centro comercial para descubrir los últimos inventos en juguetería. Fue mi madre la que me inculcó esa costumbre en fechas navideñas. Nos gustaba acercarnos a las jugueterías para preguntar por el último grito de la temporada. Recuerdo a un oso que hablaba. Apretabas su barriga, y el tío te contaba; lugar de nacimiento, quienes eran sus padres, su primera pierna rota y su último partido de beisbol. Era del estado de Illinois y arrastraba ciertas cargas emocionales que arrancaba lagrimas al más forjado. Resultaba un poco cansino, pero muy entrañable. Le pedimos al vendedor que nos librara del parloteo del oso, y este nos preguntó si queríamos escuchar a los ornitorrincos. Si son más concretos, sí. dijo mi madre. El vendedor enchufó a unas aves que emitía sonidos guturales y gritos espeluznantes. No entiendo, dije. Claro, señora, es que les están hablando en el idioma de los ornitorrincos. Jugábamos todos a la fantasía. Conocíamos las reglas y las acatábamos. Para no dar más conversación a los especímenes que poblaban la tienda, nos dirigimos a una pequeña casa encantada. Al abrir la puerta se escuchaban alaridos lastimeros de fantasmas y aleteo de murciélagos que parecían vivir en un periodo de apareamiento intensivo. Nos dirigíamos después a ver el espectáculo de Cortylandia, con los muñecos en movimiento y los saludos mecánicos. Y así, ya cargadas de Navidad,  regresábamos a casa.
Han pasado muchos años de aquello. Mi madre ya no está con nosotros, ni tengo hijos pequeños para enseñarles murciélagos enamorados. Mis nietos solo quieren juegos de ordenador o de la Play. Si intentara abrir la puerta del porche de una casa encantada, desaparecerían inmediatamente porque no tienen la paciencia de escuchar el chirrido de una puerta al abrirse lentamente. Sus deseos son inmediatos y fugaces. Todo es diferente, y lo es porque los niños se comunican menos, juegan menos, y se esfuerzan menos.  A los mayores nos está pasando algo parecido, ya no hablamos ni con osos ni con amigos más que por WhatsApp, y da lo mismo lo que sientas porque lo vas a solventar con un emoticón más o menos acertado. Mi teléfono fijo no suena jamás. Ni siquiera lo hizo el día de fin de año. Me llegaron mensajes, muchos, y la mayoría repetidos, graciosos al principio, cansinos después de tanto insistir.
La verdad es que ahora los amigos te quieren más, muchísimo, una barbaridad, o por lo menos eso te cuentan, aunque no sepas quienes son. Sin ir más lejos, la compañera de Acuagym me mandó un mensaje diciéndome que soy su amiga del alma y que me quiere lo que no está escrito. Yo, la verdad, no recuerdo haber hablado con ella más que dos brazadas seguidas y porque se metía en mi calle.  Pero le envié un emoticón de esos que mandan besos con la boca colorada de tanto querer. Como no se los tengo que dar “in situ”, me da igual. Tengo muchos más amigos que antes, dónde se va a comparar. Sobre todo en facebook. Ellos saben en todo momento dónde me encuentro, qué me gusta, la canción que me pone triste y lo lustrosa que se mantiene mi tía Macarena con 91 años. Pero  yo prefería aquellos cuatro amigos que me llamaban para salir, charlar y reírnos de verdad, sin emoticones, a mandíbula batiente. Y también prefería a aquellos malditos osos que hablaban del estado de Illinois y de sus problemas. Y a los ornitorrincos, a los que no había quién les entendiera porque tenían un idioma propio y autóctono  que trataban de trasmitirte.
Ayer me topé en la juguetería con un mago que quería venderme un juego de magia. Me hizo ilusión porque me acordé de mi infancia y la famosa “Magia Borras”, de la paciencia que exigía para poder conseguir algún truco, de cómo te debías esforzar practicando para lograr esconder una moneda en la manga. El vendedor me explicó que no, que eso ya no se llevaba, que menudo esfuerzo inútil,  que ahora no hacia falta ensayar. Metió un cartoncito cuyo dibujo era una mujer, lo partió en dos y apareció la mujer mutilada,  lo volvió a unir y salió indemne. Me preguntó si quería conocer el truco, pero no quise. No quiero conocer trucos de magia para hacer amigos que te quieran en un abrir y cerrar de ojos, ni conocer ornitorrincos que hablan otro idioma sin esforzarme para comprenderlos, ni felicitaciones envasadas, ni amistados de cartón piedra. No quiero microscopios para contemplar arañas de plástico, ni mujeres que se parten en dos y se recomponen sin ningún esfuerzo
Quiero ver arañas de verdad, quiero amigos a los que tardas en conocer tanto que cuando te vienes a dar cuenta se te han metido en el corazón para siempre. Quiero pasarme las horas escuchando historias de gente, aunque sean del estado de Illinois. Quiero ensayar muchas horas para lograr sacar una moneda de mi manga  sin que los demás lo noten. Quiero tiempo para que lo mío, por lo menos lo mío, no sea obsolescente.