Carrefour
me engaña. Descubrí que dos peras dentro de una bandejita y envueltas en
plástico costaban 1 euro. Vale. Y lo ponía dentro de un círculo rojo como si te
las estuvieran regalando, como si te diesen un golpecito en el hombro y te
dijeran: Fíjese, compradora mía, de lo que somos capaces los de Carrefour. Pero
desde que los consejeros de la CAM, de Bankia, Blesa, Fernández Ordoñez, Bárcenas,
las preferentes y demás hierbas, han timado a media España sin que se haya despeinado ni la justicia, ni los políticos, ni nadie, pues lo compruebo todo, hasta la letra pequeña de los chupa chups. No
salgo de casa sin una maquina calculadora, ni siquiera sin el Boletín Oficial de la Provincia
por si en el ínterin salgo publicada y me embargan(necesitan tanto dinero). Cogí dos peras del montón
de igual tamaño y textura y las pesé. El posit con el precio de ambas salió de
la ranura para confirmar mis sospechas, salían a 0,60 céntimos. O sea que la
oferta era un timo. La obsesión comprobatoria me dirigió a las ofertas de cerveza. Dos cajas de doce
latas salían a 14,88 euros, que divididas por veinticuatro daban a 0,62 céntimos
la lata. Pero si las compraba sueltas salían a 0,57 céntimos. De nuevo me
estaban timando. Entré en una vorágine comprobatoria con maquina de calcular en ristre que me hizo recorrer las estanterías descubriendo patrañas aquí y allá. Acabé desmelenada y furiosa
pidiendo el libro de reclamaciones a todo el que me encontraba por los pasillos. Los empleados me miraban con sorna, pero no
me amilané. Pedí las sartenes de cerámica que me habían ofrecido por comprar
dos jamones la semana anterior, me explicaron que ya no quedaban.
Pedí las medias descanso por la compra de siete docenas de huevos pochos. Se
habían terminado unos minutos antes. Exigí la Nívea Milk y dos cajas de
Lacasitos a 2 euros por ser jueves. Me
exigieron cantar dos sardanas y una chirigota de Cadiz pero no me las dieron.
Desperté sudorosa y agotada. Gracias a Dios todo había sido un sueño. Bueno,
todo no, porque lo de Blesa, Barcenas, las preferentes, los sueldos de los
consejeros y las pensiones millonarias todavía estaban allí cuando me desperté,
como el dinosaurio de Monterroso.
sábado, 29 de marzo de 2014
jueves, 27 de febrero de 2014
LOS INGENUOS, EL 23F, LA MARCHA VERDE...
Sería
interesante saber en qué momento del programa de Jordi Évole sobre el 23F
empezamos a oler a chamusquina.
Reconozco
que debí ser una de las más ingenuas pues me mosqueé solo cuando contaron que
reunieron a los diputados en el Colegio Médico para el ensayo general. Ni
siquiera Garci, dirigiendo el asunto, consiguió sacarme de mi error.
Menos
mal que para el gasolinero de mi
barrio todavía fue peor, porque aguantó hasta el final. Y que conste que eso me
consoló bastante, no porque fuese un honoris causa de la gasolina, sino porque fue el primero que me lo
reconoció.
Luego
me enteré de los atolondramientos en Twitter. Que hay algunos que no se paran a
pensar ni un momento con tal de salir en los medios y opinar antes que nadie.
Hay
que ver lo que algunos se rieron de mí. “Mira que creerte eso”.
Sin
embargo, los que tenemos ya algunos añitos, recordamos que un día hubo una
Marcha Verde programada a nuestras espaldas, muchísimo más increíble y sin
embargo cierta. Nos hicieron creer que entrabamos en una guerra (en esa época
hacía la mili todo el mundo y podían ser movilizados muchos jóvenes). Todo
estaba pactado con Marruecos, y sin embargo nos vendieron la historia de una
marcha dispuesta a todo, que avanzaba contra el Sahara español y que nuestros soldados,
profesionales o no, debían defender. Nos engañaron a los españoles, a los
saharauis y a todo el mundo. Y lo más duro es que entonces era verdad, Garci no fue el artífice pero algún iluminado debió proponerlo.
No
nos llegaba la camisa al cuerpo porque la guerra y esas zarandajas nos daban
miedo: somos así. No nos reunieron en ningún colegio médico porque no
hubiéramos cabido, pero no nos ahorraron ni un solo susto. Entonces sí hubo
ingenuos, pero a patadas. Y además nadie salió al final a contarnos que todo era
una broma, que estaba pactado, que era una forma como otra cualquiera de salir
del Sahara con la frente alta.
Cuántas
cosas nos quedarán todavía por saber y además ciertas.
No
me llaméis ingenua, ni a mí ni al gasolinero,
que hay más que motivos para tener la mosca detrás de la oreja.
martes, 25 de febrero de 2014
LO QUE ELLOS QUIERAN
Paz
acudió a renovarse el carné de identidad y, al entregarlo para la firma, comprobó horrorizada que no estaba su fotografía
sino la de su tía Antonia.
-Oiga,
que yo no soy esa. Que han puesto la de mi tía –dijo indignada.
La
funcionaria la miró durante un rato, luego miró la foto y se la enseñó a su
compañero.
-Pascual,
que dice la señora que no es la de la foto.
Ambos
soltaron una carcajada y luego el compañero, moviendo el cuello de un lado
para otro, continuó apretando el dedo de una mujer contra la tinta.
La funcionaria,
recuperando su seriedad, dijo:
-No
tenemos todo el día, firme y deje pasar al siguiente.
Después
de sentir que todo el mundo la miraba, se dirigió a la tienda de un chino y le
he pidió que le hiciera un montón de fotos, de frente, de perfil, riendo y muy
seria. Cuando se las enseñó, solo vio a su tía Antonia en diferentes posturas.
Se
enfureció tanto que cogió al chino por la solapa y le recriminó estar
conchabado con los de la policía.
El
chino la echó a la calle de malos modos y ella se marchó muy confundida.
En su casa siempre se había dicho que se
parecía a la tía Antonia. No era agradable para ella, la verdad. Tenía fama de atolondrada por lo que si un día Paz tiraba un
vaso y mojaba a todos, su madre decía: “Lo ves, es que eres igual que la tía
Antonia.” Si llegaba a casa con un calcetín comido, era porque se parecía a la
tía Antonia. Si se le había rizado el pelo por la humedad, “hay que ver el
parecido tan enorme que tienes hoy con la tía Antonia.”
El
día que murió dejaron de compararlas, y quizá por ese respeto que se les debe a
los muertos no volvió a sufrir el acoso del parecido hasta que la policía, el
chino y sus padres, se conchabaron para desequilibrarla de nuevo.
Llegó
a casa hecha polvo. Su madre abrió la puerta y se mantuvo un momento quieta, como
calibrando qué hacer, y luego se marchó al salón.
Desde
su habitación la escuchó.
-Es
igual, Eliseo.
-Sabíamos
que antes o después sucedería –dijo su padre.
Se
sentaron a comer en silencio. A Paz se le cayó el vaso de agua encima del
mantel, tiró la bandeja de los macarrones y comprobó horrorizada que se había comido
los calcetines por completo.
Sus
padres se miraron cómplices pero no hicieron
alusión. Su madre tan solo se levantó a por un paño para recoger el estropicio
como si fuera de lo más natural.
Ella
no tenía ni idea de cómo había sucedido, pero lo cierto es a partir de ese momento
ya no lo iba a poder evitar.
Quizá
sea difícil evitar ser lo que siempre vaticinaron que acabarías siendo.
sábado, 22 de febrero de 2014
BAILE DE HUESOS
¿Qué
ocurriría si la muerte perdiera los papeles y no supiera a quién llevarse?
¿Cómo lograríamos convencerla de que nuestra vida está lo suficientemente
llena, es tan enriquecedora y sabemos disfrutarla tanto, que es mejor
que nos deje vivir unos añitos más?
Quizá
nos costaría mucho convencerla, y a lo mejor, a partir de ese momento,
aprenderíamos a tomarnos los años que nos regala de otra forma.
Habría
que hacer una retrospección de la propia vida para saber qué ha valido la pena,
lo que se ha disfrutado, lo que se ha sufrido. Qué se ha hecho y qué queda por
hacer.
Esa
es la propuesta que hace Elena Belmonte en su obra “Baile de huesos” que se
representa en Estudio2. Manuel Galiana. Calle Moratines 11 de Madrid.
Esta
obra recibió el premio Lázaro Carreter de literatura dramática, 2010.
Cuatro
personajes aguardan la llegada de la muerte, todos tienen sus historias, su
justificación para seguir viviendo o incluso para dejar de hacerlo.
Con
unos diálogos a veces tristes, a veces muy divertidos, y la mayoría de las
veces magistrales, iremos viendo las razones o las sinrazones que los
personajes dan o se dan a sí mismos.
Cuando
terminó la obra escuché a mis espaldas “¡Bravo!” Y sentí el deseo de gritar
también “¡Bravo!”. Bravo, Elena porque hacía mucho tiempo que no disfrutaba
tanto, por tu buen hacer, por los actores, por el genial Manuel Galiana interpretando
a una muerte, despistada y curiosa, dispuesta a escuchar razones y más razones.
miércoles, 12 de febrero de 2014
SORPRESAS
Esta mañana tengo el correo a rebosar, y como no
escarmiento, me entra una ilusión enorme. Pienso que en veintitrés correos
nocturnos puede estar él, el correo que cambie mi vida, el correo que anuncia
el fin de mis pesares o el cumplimiento de mis anhelos. Un reconocimiento
largamente esperado o una música romántica y sugerente que diga algo, aunque no
entienda qué.
Es la misma
ilusión que siento al abrir un regalo. Tener en mis manos un paquetito envuelto
en papel de dibujos, rodeado de un lazo o un pompón, me vuelve loca. Lo miro, lo
remiro, imagino algo estrambótico. Me levanto, sonrío y lo dejo a un lado de la mesa, luego a otro. En fin,
que aburro a las moscas. Pero como los míos
ya me conocen, pasan de mí olímpicamente, mientras yo disfruto con mi
ritual imaginativo.
Siempre me encantaron las sorpresas.
Y como iba diciendo, con los correos me pasa lo mismo.
“Hoy veintitrés, nada menos”, y los voy abriendo.
El primero. Hibiscus. “Escapada romántica de tres días
en Anaya con jacuzzi incluido” descuento 51% (le queda poco, dese prisa) Un
agobio, y además, ¿qué pinto yo en Anaya dentro de un Jacuzzi si todavía no he
terminado de pagar la hipoteca? Luego dicen que vivimos por encima de nuestras
posibilidades. Si es que nos ponen el caramelo en la boca a toda hora.
Pongo a tostar el pan y continuo abriendo correos.
“Aprenda el arte de sumiller en Chamberí, con un 44%
de descuento”. Pero si no bebo, tío, ¿por qué me mareas?, ¿para luego proponerme
una terapia de grupo anti alcohol en la
Latina? Os tengo muy fichados a todos.
“Motociclismo
en Jerez, 17% de descuento”. Ni tengo moto ni me queda un mísero moscoso para
despendolarme.
Me va entrando un malhumor enorme y empiezo a hacer
tonterías. Pongo la capsula del descafeinado en vez de la capsula sabor India
aromatizada con castañas del Cáucaso, que es la que más me espabila. Continúo
abriendo correos.
Me animan a que vaya al circo americano, a que haga un
curso de secretariado “on line”, a que ponga a Ethiopia en mi mesa. Se me
queman las tostadas.
BuyVip Amazón Me pide que compre, pero cuanto antes
porque ya casi no quedan gafas, cremas, edredones, zapatos, ollas rápidas, y ollas
lentas, ropa de Pedro del hierro y cosejas de Dolce & Gabana.
Los correos se suceden y no doy abasto.
Corto un trozo de bizcocho, porque se me está echando el
tiempo encima pero no puedo parar.
Twiter: Juliana Pérez y otros mas tienen tweets para
ti.
Ni idea quién puede ser la tal Juliana y por qué se
empeña en twitear conmigo a estas horas tan intempestivas.
No me da tiempo a preparar el zumo.
Groupón: Depilación laser unisex, menú en abrasador Gran vía, paseo a caballo,
curso intensivo de fotografía. Amor fortuna y regalos desde 4,50
Paloma de la Vega. Vente- Privee: Victorio &
Lucchino, “en exclusiva para ti”. ¿Para mí?, me vengo arriba, pero me acuerdo
de la hipoteca y vuelvo a bajar.
Atrápalo: Vuelos desde 17 euros si sale ya. Quiere
decir que, o salgo en camisón para Ibiza, o me pierdo el descuento.
Estoy agotada, llego tarde al trabajo, pero, sobre
todo, me siento muy dispersa.
Bajo a toda velocidad las escaleras del metro para que
no se me escape el de las siete y media. Cuando ya estoy a punto de entrar, el
conductor cierra las puertas. Lo ha
hecho adrede. Me siento fatal, estoy segura de que se ha dado cuenta de que ni
me depilo en plan unisex, ni me visto de Dolce& Gabanna, ni monto a caballo,
ni pongo a Ethiopía en mi mesa
¿Cómo no me va a cerrar la puerta en las narices?
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