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domingo, 28 de febrero de 2016

NO ES TAN BONITO COMO PARECÍA

IMAGEN: JULIEN MALLAND
Tengo la sensación de que los españoles nos hemos jugado el porvenir al ajedrez. Cuando surgió el movimiento 15 M, miles de ciudadanos estábamos esperanzados. Ya está bien, decíamos. No puede quedar impune tanta corrupción de un lado y de otro. Y surgieron movimientos revolucionarios que pugnaban por acabar con ese desmadre, y hablaban de la casta, de los aforados, de la imposibilidad de acabar con la avaricia de los poderosos. En fin, una esperanza. Pero llegaron los salvadores y descubrimos que, al igual que unas piezas de ajedrez, su lugar era el que habían ocupado hasta ese momento, el de la protesta, la rebeldía y el escandalo. Protestaron por la mentira de las armas de Irak y nos gustó. Utilizaron cacerolas para hacerse escuchar y nos gustó, se vistieron de superman para evitar desahucios de viviendas hipotecadas por un valor muy superior al real, y nos gustó. El pueblo ilusionado cambió su voto, y llegaron al poder en muchos ayuntamientos, en comunidades autónomas. Fue entonces cuando descubrimos que no sabían hacer otra cosa que caceroladas, escraches, encadenarse al Ministerio de Defensa y protestar. Acabar con las fronteras en el mundo, declararse pacifistas para con los que tienen sus mismas ideas e implacables con los que no las tienen. Denunciaron que hubiese lugares de culto en recintos públicos, pero en vez de hacerlo con argumentos, de forma pacifica, lo hicieron, como lo habían hecho todo hasta entonces, a las bravas. Y ahora que una parte del pueblo les ha pedido que sean ellos los que gestionen todos esos temas que en su día criticaron tanto, resulta que no saben hacerlo de otra forma que como lo habían hecho siempre, insultando, escandalizando, agrediendo. No deberían haber olvidado que iban a tener que gobernar para otros que no piensan igual que ellos, y en vez de acercar posturas, que es lo que se le pide a cualquier gobernante, como no saben hacerlo, se atrincheran más en lo suyo. Siguen como entonces, con sus consignas antisistemas. El pueblo no está compuesto de imberbes exaltados que quieren reventar el mundo. No quieren gritos ni posturas, quieren paz y pactos. Quieren justicia y cesiones. Ha pasado para ellos el tiempo de agredir a la policía y de encadenarse a los barrotes de ministerios, los que pueden decidir las leyes de educación sin escandalizar con posturas extremas, porque ahora son ellos los que pueden dirigir al ejercito y a los policías, aquellos a los que tantas veces apedrearon en las manifestaciones. Hay que sentarse y coordinar a todo ese pueblo que tanto les ha pedido. Ha llegado el tiempo de la madurez política. Y lo único que se les ocurre es continuar con su vestimenta de revolucionarios adolescentes, con sus insultos y bravuconadas, con sus ofensas a creencias. Ahora se dicen que son jóvenes y como jóvenes deben escandalizar y oponerse. ¿Pero ellos qué saben de asambleas, de leyes, de elaboración de presupuestos, de pobreza, y de la huida de capitales? Ellos están demostrando que solo saben montar Semanas Santas paralela, Reyes Magos paralelos, cambiar el nombre de las calles a boleo y dar carnaza a las bases. Es como si pusiéramos a los peones del ajedrez (con sus rítmicos movimientos hacia delante y comiendo de lado) como dueños del tablero. No saben hacer nada más, y nada más se puede esperar de ellos. Por la corrupción y el desenfreno de muchos políticos de este país, nos hemos quedado sin reina, alfiles, torres y caballos. Todos afanados en poner líneas rojas que los paralizan, que exaltan sus egos. Y como no se pongan de acuerdo, esos peones con movimientos tan repetitivos, nos darán el jaque mate a todo un país, patria o conjunto de naciones. porque ya no sé ni quienes somos.

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