lunes, 17 de diciembre de 2012

CATALANES





Ahora resulta que tenemos que tener manía a los catalanes, y la verdad, a mí, así de golpe, no me sale. Para tener manía, para odiar, se necesitan años de machaque. Se necesita que alguien te haya estado dando la vara sobre esto o aquello, como pasaba con la tía Felisa. “Estábamos muertos de hambre y no fue ni para abrirnos las puertas de su casa.” “Fue por su culpa que se cayó el abuelo y se quedó cojo para los restos”. “Ella nunca nos miraba a la cara…”
Son cosas que contadas así, poco a poco, van haciendo mella, creándote un resentimiento. Pero a mí, que jamás se me había ocurrido pensar en los catalanes como seres perversos dispuestos a hablarme raro para que no los entienda, enemigos del alma, no se me puede poner a mal tan de hoy para mañana.
Nunca he visto en ningún super un letrero: “productos catalanes, no compre” Ni me habían dicho que gritara enarbolando la Bandera de España: “Fueraaaa” .
Y qué quiere que les diga, se me hace cuesta arriba menospreciarlos.
Ahora no solo tenemos que ir al super con lupa para que no nos cuelen productos caducados, sino que también debemos tener claro si son catalanes, si los distribuye un catalán o si los envasa un tío de Tarrasa. De verdad ¿es necesario que nos enfrenten de esa forma? La pregunta no es por qué, sino para qué. ¿Quién gana con eso?
Ojala un día desaparezcan los manipuladores y podamos mirarnos a la cara con respeto, ojala podamos caminar de la mano, ojala nos ayudemos en vez de darnos de bofetadas, ojala la enseñanza no sea un arma arrojadiza para desunirnos, para crear adictos a su causa, para doblegarnos. Ojala sirva para abrir nuestra mente, dejarnos pensar por nosotros mismos. Ojala dejen de crear consignas que nos posicionan y etiquetan. Ojala la escuela nos enseña a caminar y opinar, con nuestro raciocinio. “Imagine”

domingo, 2 de diciembre de 2012

ÚLTIMOS VIERNES DE MES





He pensado en ir a visitar a Paquito. Hace mucho que no lo veo, y a lo mejor ni siquiera se acuerda de mí. Imagino que debe haber cambiado mucho. Como yo, que ya no rompo las suelas de los zapatos jugando al fútbol, ni me como las uñas, ni llevo flequillo. Y además, se me ha oscurecido el pelo.
Nuestros padres deseaban que fuésemos amigos pero nosotros no queríamos. Recuerdo su mirada torva tras las gafas, esa mirada que ponía cada vez que mi padre se empeñaba en invitarle a merendar. Y mi rabia cuando le sacaba unas galletas largas con sabor a canela y azúcar que guardaba en una caja de latón para las ocasiones.
Seguramente fueron ellos, nuestros padres, los que tuvieron la culpa de que nos negásemos a ser amigos.
Mi padre siempre me lo decía. Me lo decía continuamente, pero sobre todo los últimos viernes de cada mes. Ese día tenía miedo de volver a casa. No importaban las notas que hubiese sacado porque sabía que me lo iba a repetir una y otra vez: que Paquito, el del segundo derecha, el hijo de don Bartolomé, había sido el primero de la clase, que había vuelto del colegio antes que los demás niños para poder darle esa alegría a su padre. Y que le había pedido a don Bartolomé que le comprara una enciclopedia de la tierra donde se hablara de la fotosíntesis y del carbono y de volar, sobre todo de volar. Porque a Paquito lo que más le gustaba en el mundo eran los aviones. Y por eso de mayor iba a ser ingeniero aeronáutico, para diseñar aviones.
 Jo, qué difícil debe ser eso, pensaba yo cuando me lo contaba mi padre. Y volvía a pensarlo cada vez que veía el cielo dividido por  una estela, la que dejaba un avión tan lejano que sólo podía dejar a su paso eso, una estela.
-Mira hijo. Ha  atravesado la barrera del sonido –decía al escucharse un estallido.
Y Paquito iba a lograr que todo eso  continuara sucediendo, o quizás mucho más. Que el hombre llegara a Marte, o diera  vueltas y más vueltas por la galaxia Andrómeda, o por todas, quién sabe.  “Porque Paquito va a ser ingeniero. Mientras que tú, hijo, tú sólo jugarás al fútbol”.
Recuerdo el día que metí aquel  gol que le dio el triunfo a mi equipo. Porque a mí lo que mejor se me daba era jugar al fútbol, y ese día metí un gol fantástico, el mejor gol del colegio. Por lo menos eso fue lo que dijo el entrenador. Y gracias a eso el colegio se clasificó y representamos a la provincia. Todo el mundo me felicitaba, y yo sólo tenía una idea en la cabeza,  volver a casa para contárselo a mi padre.
No he olvidado aquel día, último viernes de mes. Llegué a casa antes que Paquito, subí las escaleras de dos en dos,  me lancé a su cuello y lo abracé. Abracé a mi padre como nunca lo había hecho. Él me preguntó satisfecho si había sido el primero de la clase ya, si iba a diseñar aviones, si por fin había superado a Paquito.
Me acuerdo muy bien de aquel día. No le contesté. Me di la vuelta y bajé lentamente las escaleras. Ya en la calle no sabía  dónde ir y acabé en los billares, pero no jugué, tan sólo estuve allí mucho tiempo. Fue Evaristo, el dueño, el que me acompañó a casa porque se había hecho muy tarde. Me dijo que tenía que cerrar y que no podía quedarme allí toda la noche, sentado en una banqueta y con la cabeza apoyada en  un póster de Maradona.

Luego me hice mayor, probablemente fue cuando me dejaron de gustar esos palos de regaliz que vendía un hombre sin dientes. O cuando dejé de coleccionar cromos de la selección y de ponerles nombres de jugadores a los botones de nácar que me regalaba la abuela. He terminado la carrera y ahora diseño aviones. Soy ingeniero aeronáutico, aunque jamás miro al cielo cuando veo una estela que lo cruza, porque ya he visto muchas, y porque cada vez me fijo menos en eso.
He dejado de vivir con mis padres y me he ido del barrio. Han quitado los billares y han puesto una tienda de chinos en la que venden de todo. Siempre pensé que quitarían esos billares, y que no volvería a ver a Evaristo ni a Maradona. Tal vez porque me gustaba Evaristo, y porque hubo demasiadas tardes en las que me refugiaba en los billares y me apoyaba en ese póster para no volver a casa.
Y he recordado a Paquito porque alguien me ha hablado de él y me ha contado que es jugador de fútbol, que su padre siempre le animó a que lo hiciese, que le decía que no estaba en forma y que debía entrenar hasta conseguirlo. Que Paquito entrenó mucho y que al fin lo consiguió. Que ahora juega en un equipo de tercera, y que siempre está en el banquillo.
He pensado en ir a verle a su casa, frotar los zapatos en el felpudo, entrar, y sentarme a su lado con una enciclopedia que hable de fotosíntesis, y de carbono, y de volar. Porque supongo que todavía le sigue gustando, y porque es eso sólo lo que quiero, sentarme a su lado, en el sofá y ojear la enciclopedia junto a él.
Y es que es ahora cuando me he enterado de que cada último viernes de mes, cuando Paquito volvía a casa con las notas y le decía a don Bartolomé que quería ser ingeniero,  él le preguntaba si al fin  ya lo habían seleccionado para formar parte del equipo de fútbol, como a mí y que gracias a eso el colegio se había clasificado e iba a representar a la provincia.                      

domingo, 25 de noviembre de 2012

TEMOR

 Temor a perder el trabajo, a que me avasallen, a no poder defenderme.
 Temor a los contestadores automáticos, robots que te dejan indefenso.
 Temor a los números 900, a pagar por informarme, a las equivocaciones.
 Temor a las facturas que no son mías, a las multas de otro.
 Temor a que me embarguen la cuenta y nadie se responsabilice.
 Temor a que se llevan mis ahorros.
 Temor a llamar a urgencias y que me contesten que lo sienten porque como yo hay miles.
 Temor a las cartas de desahucio, a que me agredan por la calle y nadie me proteja.
 Temor a la avaricia, al abuso.
 Temor a la indigencia, a que me pateen, al hambre, a perder la dignidad.
 Temor a venderme, a claudicar.
 Temor a la impunidad de quienes nos roban.
  Temor a ver marchar a mis hijos muy lejos en busca de un porvenir.
  Temor a la noche, a los pensamientos negros.
  Temor a la dejadez, a la ineptitud de los que han dejado que nos hundamos.
  Temor a la justicia lenta y rutinaria, a las tasas, a las multas injustas.
 Temor a la indefensión, a la impotencia.
 Temor a la enseñanza manipuladora.
 Temor a perder la cordura.
 Temor a dejar de ser humano, a ser utilizado, a la vejez sin recursos.
 Temor a la injusticia, a la soledad.
 Temor a dejar de temer el temor de los demás.

viernes, 23 de noviembre de 2012

ADIOS




No soy partidaria de guardar cosas, las cosas esclavizan, agobian, ocupan espacio, te ponen melancólica y paralizan. 
 Me encanta tirar, desprenderme, pensar que cada mañana nazco de nuevo. 
Me gusta mirar a mis amigos como si no los conociera, como si tuviese que descubrirlos cada día. 
 Pero hoy, precisamente hoy que me marcho, que me prejubilo y dejo el trabajo, hoy que debía limpiar el despacho con un plumero en la mano y una copla en los labios, me he llenado de morriña. 
Hoy que me marcho a casa a escribir, a leer, a pasear, a practicar tai chi o a lo que se tercie, me ha dado por acumular, como si todo lo que hubiese vivido en ese despacho, pequeño y sin luz, fuese vital para mi supervivencia. 
Guardo los correos de mis compañeros, los divertidos y los cursis, los beatos y los atrevidos. 
Guardo la Ley General Tributaria, los libros de Iva, de Renta, de Sociedades.
 Me llevaría a hurtadillas las fotocopiadoras que he ido atascando inexorablemente y sin dejar huella, los escritos de los ascensores anunciando loterías que no han tocado jamás, el cártel de completo en la puerta del garaje, los fríos tornos custodiados por Pilar, los archivadores de expedientes “añolatana”. Me llevaría los desayunos en el despacho de Chelo y Esther, las manzanas de Tere, la infusión de Gloria, la papelera en la que se sienta Juju. 
Me llevaría esta “Ventana digital” que tanto me ha apoyado, a Luis de Luis Otero y a José Miguel Panizo por creer en mí, al foro de Teo, a Constantino y sus divertidas historia. 
 Me llevaría el extraño lenguaje de los informáticos, a Milagros, al expediente electrónico, la puesta de manifiesto y los informes sin comas. 
Me llevaría a Auspicio y sus carpetas tricolores
Me llevaría a tanta gente y tantas cosas que me han hecho reír  o simplemente  feliz, tantas que me resultaría imposible enumerarlas. 
Me llevaría todo lo bueno que he vivido,  porque lo malo ya lo olvidé. 
 Un beso muy fuerte a todos y todas por haber estado en mi vida durante 33 años, y sobre todo, a los “Sujetos pasivos” por haber inspirado mi primera novela. 
Y es que ahora sí, ahora sí tengo el síndrome de Diógenes.

sábado, 27 de octubre de 2012

AMANCIO ORTEGA

No me pienso meter hoy con Amancio Ortega porque haya donado a Caritas veinte millones de euros. Y no lo voy a hacer aunque dicen que paga un 1% de impuestos aprovechando la SICAV. Ha donado los veinte millones porque le apetece. Y en un país donde se protege tanto a los defraudadores, a los consejeros de los bancos, a los que sacan el dinero y lo llevan a paraísos fiscales. En un país en donde nos corrigen hasta los europeos, donar porque sí tiene mucho mérito. Hay muchas personas que acuden a Caritas desesperadas y que lo van a agradecer. Si no paga lo que debería no es cosa suya sino de los políticos, los gobernantes, los parlamentarios, que no saben o no quieren acabar con el fraude. Si han tenido que venir la UE para que los consejeros de Caja Madrid devuelvan lo que se les pagó (porque ahora nos hemos enterado de que al final se pagó a personas que fueron responsables de la caída de las cajas y de la ruina de tanta gente.) Si donan los ricos porque nadie les hace pagar. Si se ponen de huelga los presos porque quieren ser como el etarra Bolinaga. Si tienen que salir a la calle los “perroflautas” y “los yayoflautas” es porque estamos muy requetemal, porque se actúa injustamente o porque quizá haya muchos favores que devolver. Pero no queremos ni un gobierno ni una oposición cautiva de nada ni de nadie. No, no pienso desprestigiar a Amancio Ortega porque, si es cierto que no paga lo que le corresponde, es porque le dejan. Y si le dejan hacer mangas y capirotes con su dinero, todavía tiene mérito por donar algo. Otros, ni eso. Así que si Bolinaga en un acto de deferencia hacia las víctimas, se vuelve a meter en la cárcel de “motu propio”, o los consejeros devuelven sus emolumentos, o los bancos dejan de embargar a los hipotecados como cortesía por los 1.847 euros que cada español ha pagado al sector financiero para tapar agujeros, pues eso que nos encontramos. Si no hay justicia tendremos que conformarnos con agradecer los detalles de los que nadie persigue. Solo me queda pedir a los “perroflautas”, a los europeos, a la troika, a los periodistas, y a todo el que tenga un poco de decencia y poder, que por favor pongan orden en este país para que gente como Jose Luis Domingo no tenga que poner fin a una vida deshecha por otros.

domingo, 14 de octubre de 2012

¿ESTO ES SERIO?

Yo es que hay cosas que no acabo de comprender. Hace años, en la boda del príncipe Felipe, robaron a uno de los invitados en la plaza mayor. Y mira tú por donde, apareció el bolso con todas las pertenencias dentro en cuestión de horas. Fue algo maratoniano, un verlo y no verlo. Yo me mosqueé y escribí una carta al periódico que titularon: “Señor ladrón, devuelva el bolso, que estamos hablando de la realeza”, o algo por el estilo. Ahora, tantos años después, me surge de nuevo la duda. Mario Conde se presenta a las elecciones gallegas. Y así, por arte de birlibirloque, aparecen de la nada los testaferros que tienen la titularidad de sus bienes: cinco fincas, nada menos, que ahora, y solo ahora, se ha demostrado que le pertenecen y que su familia disfrutaba desde hace años. No un día antes de presentarse a las elecciones, ni unos años antes, no. Justo ahora. Y yo me pregunto; ¿pasará los mismo con Roldan?, ¿pasará los mismo con los miles y miles de personas que se han quedado con dinero publico o privado, que han robado y que después de pasar por la cárcel no han devuelto ni un duro por declararse insolventes? ¿Será que están esperando a que sean malos para sacar la fortuna que robaron a relucir y devolverla a quién corresponda? Será como aquellos descuideros de la plaza mayor que robaron a quién no debían y tuvieron que devolverlo, más que nada porque hasta ahí podíamos llegar. Robar a un noble. Abrase visto. Pero ahora en serio; ¿esto es serio?

sábado, 6 de octubre de 2012

LOS TÓPICOS Y EL CHIKEOSAURUS

Hay gente para todo, desde los que no se sientan a pensar ni un minuto y hablan a base de tópicos, hasta los que tienen una mente tan fluida que cuestionan absolutamente todo y no se pueden conformar sin montarla. A mí los tópicos me molestan bastante. Cada día sale uno nuevo. Al principio te sorprenden, pero enseguida te hastían. Hace tiempo comenzó el famoso; “niego la mayor”. Supongo que se referirán a la premisa mayor, pero el que dice algo así, algo que repite todo el mundo, no puede saber ni lo que es una premisa, ni cual es la mayor, ni un argumento, ni nada de nada. De no ser así, no diría algo que está en el fragor popular. Luego vino lo de que “te lo tienes que mirar” Se supone que por un psiquiatra, porque se suele referir a algo muy personal, algún mal gesto que no conviene, o algo por el estilo. Una forma de “faltar” impresionante, pero que como está en la boca de todos, pues como que parece menos ofensivo. No digamos ya lo del “vuelvo a repetirte.” o el ¿vale?” al final de la exposición. Equivalente al ¿te enteraste al fin, so zopenco? El último que pulula por ahí es el de “Lo que pasa es que no se lo han explicado bien”. Conozco a uno que piensa que no se lo han explicado bien a los magistrados: los peritos, los propios conocimientos que se le suponen a la judicatura, los asesores, y el dosier de la causa. Todo, absolutamente todo lo que no le conviene es porque se lo han explicado mal. Si le hubieran dejado al susodicho aclarar, si le dejaran sentarse frente al tribunal con una pizarra de las de antes y tiza de la que te deja perdido, lograría con básicos dibujitos hacer un certero planteamiento de la situación, y las sentencias serían otra cosa, mucho más beneficiosas. Tamaña prepotencia, tamaña falta de respeto, tamaña zafiedad, solo se explica por la dichosa obsesión por soltar tópicos. Si pensáramos un poquito antes de hablar, solo un poquito, lo suficiente para emplear nuestros propios términos, seguro que seríamos más creativos, más originales y más respetuosos. Aunque sin llegar a el otro extremo, claro, los que no dejen de darle al “coco” ni un minuto, como el paleontólogo Jack Horner, que a base de imaginar, de darle vueltas a todo, y de no querer conformarse con lo que le dan hecho, ha decidido lograr a través de un proceso de activación atávico (encendido de las características evolutivas anteriores) crear un pollo de varios dedos, dientes y cola larga que llama el Chikeosaurus. Y estoy ilusionadísima porque si además de lo guapo que le va a salir, le inserta un detector de tópicos y topiqueros para aniquilar a esa especie, estamos salvados.