miércoles, 7 de septiembre de 2016

PRESCRIPCIONES, INDULTOS, LIBRES DESIGNACIONES...


 

                                             

 
imagen: Rafal Olbinski
 

Una de las cosas que más me molestan de este país es la falta de información que dan los medios de comunicación. Puedo entender que los votantes del PP se sienten respondidos satisfactoriamente (porque es lo que buscan)  si les cuentan que el ministro Soria al pertenecer al cuerpo de Técnicos Comerciales del Estado, puede optar a un alto cargo en el Banco Mundial. Bueno, no solo puede, sino que sería “ilegal” no ocupar ese cargo.  Es como si un inspector de Hacienda pueda optar a ser Delegado de la oficina contra el Fraude Fiscal. Por supuesto. Si por poder, puede. Son nombramientos que se producen entre los miembros de un cuerpo por libre designación. Vale. Pero eso no significa que no haya un buen número de Técnicos Comerciales limpios de papeles en Panamá  que también puedan optar a ese puesto, ni que se nombrase, pongo por caso, Delegado de Oficina de Fraude a un implicado en algún caso de ocultación en paraíso fiscal (sería el colmo). También puede ser que cómo ha prescrito el delito, o sea que ya no está imputado, se haya convertido en un ser sin mezcla de mal alguno  que merece una libre designación como cualquier otro de sus compañeros. ¿Acaso no está prescrito? ¿Acaso no está también cumplida la condena de Otegui? Pues si nos ponemos así, oye; Lendakari.

Algunos de los responsables de los ERES de Andalucía cuya condena prescribió por dejadez o falta de medios…, no solo no tienen ya la culpa de nada, sino que pueden volver a nombrar a semejantes personajes para puestos que conlleven la administración de bienes de la inocente población o de los inocentes parados. También ha prescrito el delito por el que la concejala Tania Sánchez  y su padre aprobaron la concesión de unos contratos a una empresa de su hermano e hijo por valor de 1,4 millones. Por eso la vemos en el hemiciclo como diputada por Podemos, sin mácula.

 No, si por prescribir, en este país está casi todo prescrito, y si no lo está, lo estará.  

Al registrador que tenía que inscribir un embargo, se le olvidó hacerlo. Fíjate tú qué despiste tan tonto. Y el supuesto embargado hace mangas y capirotes con sus bienes en nuestras narices, sin que el presunto funcionario responsable tenga nada de qué responder.  

Y así hasta ciento: Los implicados en el caso GAL fueron objeto de indulto por parte del equipo contrario; Aznar.  Por lo menos eso es lo que contó Alfonso Guerra en la tele al preguntarle al respecto.

En el caso del vicepresidente y Consejero Delegado del Banco de Santander Alfredo Saenz, el indulto lo firmó  el capitán del equipo contrario; Zapatero. Oye, hoy por ti  y mañana por mí. 

¿Se tratará todo de ineficacia? Eso quiero pensar, porque después de ver cómo en Colombia, los sicarios de de Pablo Iglesias amenazaban a las familias de los funcionarios y de los jueces, los mataban, los secuestraban  o los torturaban, me pregunto lo poquito que se necesita en este país para convencer.

 Desaparecen, prescriben, indultan y demás, sin necesitar amenazas de narcotraficantes. 

Bueno, que a lo mejor todo prescribe, que a lo mejor todo pasa y todo queda, pero por favor no nos toméis por lerdos que aquí hay gente seria y nos quieren hacer comulgar con ruedas de  molino. Ni Sánchez es el único culpable de que el país se vaya a pique, ni los demás son tan honrados como nos quieren hacer ver.

 Funcionarios, jefes, policías, jueces y periodistas honrados, por favor, saquen de una vez por todas las verdades.

Propongo una cosa muy sencillita para una tarde lluviosa y fría de invierno. Métanse en google y pregunten, pregunten quienes ocupan cargos importantes después de haber sido en su momento apartados de sus cargos por irregularidades. Algunos han sido borrados pero todavía quedan un montón.

Pregunten a Google y verán lo precarios que nos podemos llegar a sentir.

 

jueves, 25 de agosto de 2016

EL PROTOCOLO SANITARIO


 

                                              

 




 
 



imagen: Chema Madoz
 
 
 
 
La medicina ha debido cambiar mucho últimamente. Quiero decir, que si un médico va en coche y presencia un accidente, no se debe detener a socorrer a las víctimas si no son de su especialidad. “Se consideraría intrusismo”. De eso me enteré el otro día, en el ambulatorio para desplazados. Me lo contó una señora parlanchina que esperaba ser atendida. “No puede ser”, le dije incrédula “Existe el deber de auxilio”. “Nos pasó a mi marido y a mí. Vimos un accidente, le propuse que se detuviese para ver si había heridos y dijo que ya había gente para atenderle y que no era de su competencia". Por lo que se ve el hombre es urólogo y pensaba que el problema de los accidentados no debía rondar esos derroteros por lo que aceleró y se metió en la autopista de la playa tan campante.

 Recordé entonces que mi hermano, también médico, cuidados intensivos, para más datos, siempre me decía que lo peor que te puede pasar en la calle es tener un percance sanitario, un jamacuco, vamos. Según él, salen de todos los rincones, caminos, callejones y portales los más tontos a dar su opinión sobre lo que se le debe hacer al enfermo. Lo primero que hacen es concentrarse a su alrededor para quitarle el aire, y ya más tranquilos, dar opiniones contradictorias y absurdas. Como mi hermano no era urólogo, debía tener capacitación suficiente para intentar ayudar al lesionado y lo hizo. “Si llegan a hacerle lo que proponían lo desnucan y se lo cargan ahí mismo, sin bendiciones apostólicas ni nada por estilo”, me explicó dejándome un ligero regustillo a precariedad.

Entonces, me refiero a hace algunos años, si decías que eras médico y tratabas de ayudar, la gente se hacía a un lado y cumplía a rajatabla las ordenes que el facultativo tuviera a bien ordenar. De esa forma el enfermo salía mejor, o por lo menos, no rematado.

Ahora, por lo que se ve, las competencias están muy definidas, y si te caes redonda en la puerta de un Hospital General de la Seguridad Social, pongo por caso, y no pilla una furgoneta del Samur a mano, no puede atenderte nadie hasta que esta no llega. Y si tarda, pues el abanico de médicos y médicas,  enfermeros y enfermeras que pasan por su lado, se limitan  a hacer una porra a ver si aguantará el enfermo o no. Eso, por lo menos, fue lo que me estaba contando la señora parlanchina en el ambulatorio cuando se abrió una puerta y un médico empezó a nombrar a paciente, que se debían haber echado la siesta y no estaban para acudir a consulta. Cuando llevaba siete nombrados sin que nadie diese razón, se dirigió a nosotras y se quejó de la falta de seriedad de los pacientes. Como nosotras, además de pacientes, llevábamos más de tres cuartos de hora esperando a que nuestro facultativo asignado se dignara a aparecer por la consulta,  nos prestamos gustosas a llenar su vacío, pero dijo que no, que cada uno con lo suyo. Le explicamos que llevábamos mucho tiempo esperando y que no teníamos inconveniente en hacer un cambio de parejas sanitario y subrepticio. Al fin y al cabo no conocíamos a ninguno de los dos ya que pertenecíamos al ambulatorio de desplazados, que quizá no es el mismo que el de cojos o el de foráneos.  Pero le salió la vena corporativa y nos dijo indignado que ellos también tienen derecho a veinte minutos de asueto.

“Si todavía no ha llegado, ¿cómo va a necesitar asueto?" pregunté imbuida por mi corporativismo de paciente cabreada. “Lo siento”, dijo, y se metió en su despacho a barruntar la falta de responsabilidad de los enfermos.

Los teléfonos sonaban sin parar pero las chicas de recepción no los cogían. ¿Serán los pacientes del médico indignado?, pregunté. ¿Por qué no cogen el teléfono? Sí, sí que lo cogemos” dijeron, y continuaron a lo suyo y sin descolgar.

Por fin llegó nuestro asignado, una hora más tarde y sin darnos ninguna explicación, se metió en el despacho a llamar por el móvil con la puerta abierta, que ya ni de eso se cubría, le echó otros quince minutos a un familiar parloteo y quizá  también al Candy Crush.

 ¿Serán también normas que impone el protocolo sanitario?

domingo, 14 de agosto de 2016

LAS ADICCIONES SON CUESTIÓN DE EDAD


 

                                              

 

 

 

 

Tengo un vecino en la playa, es de Guadalajara y año tras año lo reencuentro en el ascensor el día uno de agosto. Tiene un cierto aire equino, pero eso no importa porque es un anciano culto y enormemente educado. Al abrirse las puertas sonríe suavemente, eleva su mano derecha, se quita la gorra de Asisa, y dice ceremonioso: “Celebro”.

El año pasado me dijo que no sabía cuánto tiempo iba a permanecer en la playa porque su suegra estaba muy mal y esperaban el óbito de un momento a otro. El óbito ni se produjo ni se espera en breve, a pesar de sus más de cien años.

Este verano las cosas ya no son iguales. Han cambiado los ascensores y nos han instalado una pequeña pantalla de TV que tras una musiquita suave e insinuante no deja de dar información incoherente, supongo que  para mitigar el calor, las conversaciones absurdas,  y el aburrimiento del ascenso y el descenso. Como ambos vivimos en el piso veinticinco, nos hemos hecho adictos a la información periférica que nos muestra la pantalla, igual que otros se han hecho a cazar Pokemóns (es cuestión de edad).

 La pequeña TV no solo nos informa de que Los caballos corren 40 km por hora y podrían llegar a correr 80, sino que explica con todo lujo de detalles cuántos huevos ponen las mariquitas, en qué año Rommel fue nombrado director de la Gestapo, que nacen un 50% menos de leones que antes, y hasta intercala máximas profundas para evitar que nos trivialicemos mientras subimos de la playa. Dice que la vida sino es para darla por los demás, no merece la pena ser vivida. Observo a mi vecino por el rabillo del ojo y veo como se le desprende una lágrima. Supongo que estará pensando en su suegra que no da la vida ni a los cien años. Le preguntó por el óbito para desdramatizar un poco, pero no responde porque está muy interesado en la nueva información. “Mira, qué casualidad”, me dice ilusionado. “Tal día como hoy en 1521 el imperio azteca es vencido por los españoles”. Es 14 de agosto y comprendo el calado de la información, por lo que le propongo volver a bajar y subir los veinticinco pisos en honor a nuestros ancestros conquistadores. “Celebro”, me contesta con su sonrisa equina y su gorra ladeada, e iniciamos el descenso.

viernes, 5 de agosto de 2016

LAS COSAS


 

                                                             

 

 

Siempre me han obsesionado las cosas, entendiendo por cosas las pertenencias personales. Quizá sea porque cuando murió mi abuelo me pasaron inmediatamente a su habitación. Fue un poco traumático, la verdad, porque ni siquiera me habían comprado mis propios muebles  y tenía que compartir su escritorio, su sillón en el que dormitaba por las tardes,  sus libros, su olor. Sobre todo, su olor. Era un poco como si no se hubiese muerto del todo, como si deambulara de aquí para allá en una dimensión que yo percibía pero no era capaz de ver.

Día tras día se iban llevando sus muebles, su sillón, sus gafas. Cada tarde, cuando volvía del colegio, encontraba un nuevo hueco en mi habitación y una nueva posibilidad de poner lo mío; mis juguetes, mis cuentos, mis lápices de colores. A pesar de ilusionarme con los nuevos espacios, siempre acababa topándome de golpe con algo que se parecía mucho a la melancolía.

Una mañana encontré a mi madre arrastrando un baúl por el pasillo, dijo que era para vaciar el armario del abuelo y meter su ropa, dijo también que se lo iba a enviar  a mi tío, a Madrid.

Cuando regresé del colegio, el baúl ya no se encontraba en la puerta, su armario estaba vacío. Creo que fue aquella noche cuando tuve el sueño. Se trataba del abuelo, deambulaba por el pasillo de la casa en calzones, buscaba su ropa. No le quise decir que se la habían llevado a Madrid para mi tío, porque no quería que se diese cuenta de que ya no la iba a necesitar nunca más. No sabía cómo explicarle que se había muerto y que las camisas no le iban a servir, ni los libros, ni siquiera su sillón

Desde entonces, cada vez que alguien fallece en mi familia, sueño que regresa a por sus cosas y que yo disimulo para no tener que explicarle que es que se ha muerto y que ya para qué.

 Quizá es por eso que cada día me gustan menos las compras, las rebajas, los recuerdos de los viajes, las figuritas o los abalorios. Y cuando llegan las ofertas o me entero de que tal o cual persona se ha corrompido por tener cien trajes de Armani en su armario, o me enseñan su mansión llena de comedores y salones incapaces de albergar la confortable sala de estar en la que se lee o se comparte lo pequeño, lo imagino en el futuro, por los pasillos de su mansión, buscando las trescientas camisas de diferentes colores, o la colección de coches, tan atareados ellos en sus cosas,  y es entonces cuando recuerdo al abuelo y su baúl, y las rebajas, y las mansiones enormes en las que parece que vivas en un hotel.

Es posible que todo este agobio que me producen las cosas se deba a que me trasladaron demasiado pronto, o demasiado deprisa, o demasiado niña, a la habitación de mi abuelo.

sábado, 30 de julio de 2016

LA MUÑECA PARLANTE


 
 
Cuando escucho manifestaciones de políticos en la televisión, me entra una angustia tremenda.

 No voy a  señalar a ninguno en concreto porque todos actúan más o menos con la  misma perorata, la misma seguridad aprendida. Me recuerdan a la primera muñeca habladora que me regalaron de niña. No podías hacer nada para que cambiara esa palabrería repetitiva que mantenía al darle cuerda. Recuerdo que un día la tiré a la basura y le dije a mi madre que nunca más me volviera a regalar una muñeca que hablara, que prefería imaginar yo la conversación. Ahora me gustaría hacer lo mismo con nuestros políticos.

 Todos ellos entran en un bucle absurdo que repiten sin parar y que demuestran, sin ningún género de dudas,  que estamos gobernados por seres mediocres, vanidoso, pagados de su imagen y con muy pocos escrúpulos. Cómo voy  a creer que esos políticos, que ni siquiera son capaces de ponerse de acuerdo, se vayan a preocupar por gestionar bien los intereses de los ciudadanos.
Menos mal que las urnas los suelen poner en su sitio. Y supongo que cuando esto ocurre se preguntan ¿por qué?, ¿qué he hecho yo o mi partido para no merecer el reconocimiento a mi encomiable labor?” Pues, mire usted”, les diríamos los votantes. “En primer lugar, porque si no han conseguido mayoría para gobernar no han ganado las elecciones por mucho que se abracen, salten o silben”. En segundo lugar, y para los segundos,  porque si cada día pierden más votos, seguramente será porque lo hacen de pena, porque fueron tan corruptos como los primeros y callaron tanto como ellos. En tercero, y para los terceros, porque tienen ustedes un batiburrillo de ideas, actitudes y posiciones tan intercambiables que parecen el traje de un payaso. Si además  a esto le añadimos que van de rompedores pero no de actitudes sino de “postureo”, pues eso, que ya nos hemos reído lo que era necesario y ahora toca ponerse serios y gobernar, que nos jugamos mucho. En cuarto lugar y para los cuartos, porque si no deciden de una vez por todas  de dónde vienen y a dónde van, y nos lo cuentan sin ambagajes, no nos fiamos.

 Ya ven ustedes, somos incrédulos por naturaleza y por experiencia.

Y ahí tenemos nuestro elenco político. “No votaremos a favor pero no queremos elecciones”, dicen, y se quedan tan panchos, como si dijesen “dos más dos deben sumar cinco y eso les corresponde conseguirlo a los demás”. Y lo dicen así, como si los  ciudadanos fuésemos idiotas.

 No muestran sus cartas porque para ellos no se trata de ciudadanos reales  sino de su juego particular, un Monopily lleno de billetes  en el que gana el más listo.

Mi paro, mi pensión, mi puesto de trabajo, mi vivienda, mi salud y el porvenir de mis hijos, está en manos de unos hombres o mujeres que desaparecen o parlotean sin sentido como aquella muñeca de mi infancia.

 

 

domingo, 24 de julio de 2016

DEFENSA AL CONSUMIDOR


                                             

 

 

El día uno de julio compré un bañador de la marca Andres Sarda en la tienda de Alicante “Freschezza”, y a los pocos días descubrí que el bañador se deshilachaba, me había costado 103 euros gracias a las rebajas, ya que su precio original era de 200. Lo llevé a  tienda para que me diesen una solución y me dijeron, ahora supongo que aguantándose la risa,  que lo mandarían a fábrica para que los peritos analizaran el motivo del deshilachado y que, dado que la fábrica estaba en Bélgica, tardarían en darme una respuesta. ¿Pero qué satisfacción me dan a mí para este verano?, pregunté. “Son nuestras normas”, respondieron.

Se me ocurrió pedir la hoja de reclamaciones y casi les da a las empleadas un soponcio, o mejor la risa floja. No nos había pasado esto en la vida, dijeron como si yo fuese un raro espécimen sin calidad ni elegancia para adquirir una prenda en su establecimiento. Era cierto, no suelo gastarme esa cantidad en un bañador, pero eso no evita que conociese  o creyese conocer mis derechos, e insistiera en rellenar la dichosa hoja de reclamaciones.

Y hasta aquí el talante de la tienda. A partir de aquí, el talante de los encargados de velar por tus derechos:

De la oficina de consumo Ayuntamiento de la calle Mayor, me enviaron a la oficina de la Generalitat valenciana de la calle Churruca, de allí, me volvieron a enviar a la de la calle Mayor. Alicante de un lado  a otro. No sé si porque les acabé dando pena  o por otra razón, recogieron al fin mi reclamación en la calle Churruca.  El técnico escuchó mi queja porque se lo pidió una compañera. Me dijo que la actuación de la tienda era impecable, que están acostumbrados a que los móviles que se rompen nada más ser adquiridos, también sean enviados  a fábrica para evaluar,  y que si la fábrica tiene “una buena capacidad de autocrítica” acepta el defecto, pero que no suele ser lo normal. Lo normal es decir que el usuario lo ha mojado o pisado  y dejar a los usuarios con dos palmos de narices. ¿Y ustedes?, pregunto intrigada ¿qué hacen con el consumidor? Ah, nosotros no podemos hacer nada. ¿Pero no tienen peritos para comprobar? No, no tenemos. No le pregunté para qué estaban, ni qué pintaban en la oficina de defensa al consumidor por no faltar  ya que tenía todas las de perder, pero me entró un desasosiego tremendo.

Acabo de recibir una carta en la que me comunican que envían mi expediente a la oficina de la calle Mayor porque ese trámite corresponde al Ayuntamiento. El Ayuntamiento me dice que corresponde a Madrid porque yo resido en Madrid. He regresado a Freschezza, he pedido el bañador despeluchado  y he entrado en un bucle que me incita a pasearme todas las mañanas de la calle  Churruca, Generalitat  valenciana, a la calle Mayor, Ayuntamiento  y viceversa, con un bañador deshilachado en la mano y pidiendo justicia.  

Me llaman la loca del bañador ¿pero tengo razón o no?

 

lunes, 4 de julio de 2016

LA VIDA SECRETA DE LA MENTE


                                              

 
imagen: Julie Mallad

Estoy leyendo un libro muy interesante: “La vida secreta de la mente” de Mariano Sigman. Me gusta porque traduce de forma científica ese antiguo refrán de los indios Sioux que dice: “No juzgues a nadie antes de haber caminado dos lunas con sus zapatos”

El estudio científico demuestra que muchas reacciones humanas responden a conformaciones de nuestro  cerebro. Por  ejemplo, si la corteza frontal  se adelgaza se pierde lo que vulgarmente se llama filtro, es decir, que hablas sin pensar, pero no porque quieras, sino porque no puedes evitarlo. Él mismo hizo un experimento que  consistía en que por un sistema de bobinas, se aplicaba una corriente muy tenue pero capaz de activar o inhibir partes del cerebro. Se sometió a la prueba en la que se desactivaba la corteza frontal temporalmente. El experimento duró treinta minutos. Veía una letra y tenía que pensar palabras que empezaran por ella, y luego, pronunciarlas algunos segundos después. Esa espera depende del sistema ejecutivo. Según explica, con la corteza cerebral inhibida era imposible esperar, nombraba las palabras compulsivamente, en el mismo momento que las pensaba. Sabía que tenía que esperar pero no podía. Ese experimento le permitió saber los límites de lo que podemos hacer más allá del deseo y de la voluntad en dominios cognitivos en apariencia muy simples. Es muy difícil si uno lo experimenta ponerse en el lugar del que no puede hacer lo que los demás hacen con naturalidad y sencillez.

POEMA ANÓNIMO

Te ruego que no encuentres errores en un hombre que cae o tropieza en el camino a menos que hayas caminado con sus zapatos o soportado su carga. El zapato bien puede esconder de la vista un clavo que cause dolor o quizá la carga que el soporte, puesta en tus espaldas,  bien puede hacerte tropezar a ti también.

 No desacredites al hombre que hoy está caído a menos que hayas sentido el revés que ocasionó su caída o que hayas sentido lo mismo que solo los caídos conocen.

Tú puedes ser fuerte pero si te enfrentaras con lo mismo que lo hizo caer a él,  en la misma forma y en el mismo lugar,  podría causar que tú también te tambalearas

No seas severo con el hombre que se equivoca ni lo apedrees con palabras ni con rocas a menos que estés seguro, sí, absolutamente seguro, de que tú nunca te has equivocado. Entiende que si acaso la voz del  genio te murmurara con la misma suavidad  con la que habló a ese hombre cuando se perdió, te haría tambalear a ti también.

De nuevo la ciencia va de la mano de la estética.

“Una cultura sin grandes creaciones estéticas es una cultura empobrecida” George Steiner, filosofo y ensayista.