Textos

domingo, 10 de mayo de 2015

ENCUESTAS

                                  






                                  






Esto de la globalización está trayendo muchos disgustos a mi vida. No es que me entere a tiempo real de cuando un conductor nipón se sale de la carretera y choca contra la mediana, que eso ya es impactante, sino que también conozco las preferencias audiovisuales de los españoles día tras día, hora tras hora. ¡Qué agobio! El jueves vi “Refugiados” una nueva serie que, según me cuentan, la han emitido en varios canales y sin anuncios para ver la repercusión que tiene en los espectadores. Si la cosa no funciona, la quitan y santas pascuas. Menudo disgusto para el que lo sigue con ilusión, como yo, que ya puestos, me enganché.
Si comienza un programa sobre la no migración de los pájaros carpinteros y la audiencia pasa, lo cambian por un programa de enseñanza de macramé acelerado, y si ese tampoco funciona, nos colocan una peli de tiros y sexo. En fin, que una llega a casa y pregunta: ¿Qué tenemos esta noche en la tele? Vete tú a saber, responde alguien. Pues me voy a la cama a jugar unas partiditas al Candy Crush y jorobar a mis amigos pidiéndoles vidas por el facebook, o lo que es peor, contándoles lo que acabo de cenar.
El problema ya no es que los directores, realizadores, presentadores y demás, estén de los nervios para conseguir audiencia. El problema es que ahora también lo están los políticos. Porque resulta que hay encuestas sobre elecciones generales y autonómicas todos los días, y cuando digo todos, me quedo corta. La asiduidad va ganando terreno y cada vez se acortan distancias hasta que lleguemos a conocer las preferencias electorales, no ya por días, sino por horas. Por ese motivo a los políticos no les llega la camisa al cuerpo cambiando programas electorales a demanda. Lo cambian con la misma celeridad e ilusión que en la tele cambian el programa sobre  pájaros carpinteros, según los votantes, electores o televidentes.
“Pan para hoy y hambre para mañana”, dicen unos, y bajan las espectativas de voto.
Vale, pues: “Hambre para hoy y pan para mañana”, siguen bajando.
Pongo a menganito de Secretario General, suben las encuestas.
Pues yo a perenganito de Gerente de Urbanismos, bajan.
Ya no lo pongo, suben.
Y así, de esa forma tan tonta, sube o baja el IVA, sube o baja el impuesto sobre sucesiones, incluyen religión o lo cambian por educación para la ciudadanía, regulan o no el aborto, quitan o añaden funcionarios, suben o bajan las pensiones, las prestaciones por desempleo, las amnistías fiscales… Cada día, y muy pronto, cada hora, tendremos un programa electoral nuevo por partido y ad hoc con el electorado. Nadie sabrá ya lo que prometió, los electores acabaremos más liados que las patas de un romano y jugando al Candy Crush el día de las elecciones. Menos Inda, porque tiene las cosas muy claras, siempre dice lo mismo, los sondeos le traen al fresco, la que se nos viene encima a nuestro país, también, él se repite incansablemente sobre sus fobias y filias.
Estoy por votarle, da seguridad, siempre dice lo mismo, llueva, truene o relampaguee.
No me fio, la verdad. Entre otras cosas porque con la cantidad de encuestas y estudios de audiencia que se hacen a diario, jamás me han preguntado a mí ni a nadie que conozca. ¿Por qué saben lo que opino?¿Qué nos van a prometer mañana por la mañana? ¿y por la tarde?

Pues yo, si alguien me pregunta, votaré para que continue “Refugiados”.  
Pero eso, claro está, si alguien me pregunta.

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