domingo, 28 de diciembre de 2025

DEMASIADAS PALABRAS

 

                                    


 

 

 

A veces perdía palabras. Era algo que me preocupaba bastante, porque cuando ya había cogido carrerilla, de pronto me quedaba en blanco. El problema era que mi plan B era toser, ponerme roja, y aparentar que estaba en articulo mortis.

Decidí acudir a una experta en deterioro cognitivo para ver si me ayudaba a encontrar las palabras que perdía. Me recibió una joven con rizos negros y gafas de concha. Le expliqué mi problema y ella, levantando unas tijeras, me preguntó que si podía decirle que era ese objeto: ¿Me podría decir que es esto?, repitió al ver que me había quedado algo catatónica. Al fin le contesté que sí, que unas tijeras. ¿Y podía decirme para qué sirven? Aquí ya, mucho más espabilada, le dije que para cortar. ¿Lo ve?, usted no tiene problemas cognitivos, váyase tranquila y llamé a las palabras cuando se le pierdan, ellas acudirán a su llamada. Siempre vuelven, querida.

Cogí las tijeras que había dejado sobre la mesa y blandiéndola con agresividad le dije que de allí no me marchaba hasta que me hiciera pruebas más contundentes. Me dijo que estaba bien, que no me pusiera así, que me llamaría para la primera sesión de cognitivo que se formara.

Me llamaron un mes más tarde. Había cuatro mesas redondas y ocupadas por personas de diferentes edades. Nos presentaron a cada una de ellas y nos obligaron a recordar sus nombres, pero de una forma más complicada que repetir tres veces “Felisa”, o asociarlo a alguna característica física. Dijo que debíamos emplear reglas mnemotécnicas, que los nombres se quedarían impregnando nuestro cerebro para siempre. El problema era, que para acordarme de Isabel, por ejemplo, debía recordar a Isabel Pantoja, a Paquirrín y a Chabelita. Para acordarme de Paco, debía recordar las hogueras de Sant Joan, Paquito, el chocolater. Lo de Paquita fue mucho más difícil, pues teníamos que recordar a Paquita Rico que hizo de reina Mercedes en una película con Vicente Parra, allá por los años de maricastañas. No me fueron fáciles las asociaciones de nombres, pero lo que se me atragantó definitivamente fueron los números de teléfono. Había que ubicar cada decena o centena, con acontecimientos importantes de nuestra vida. De tal forma, que para acordarme de nueve números, el esfuerzo de memorización se ampliaba hasta llegar a crear una historia larga e insufrible. La repetía por las noches y no pegaba ojo. Pronto me di cuenta de que las palabras no solo no fluían a mi mente con rapidez, sino que se desparramaban a cada momento. Si me preguntaban que íbamos a comer, comenzaba hablando del campo, de la horticultura, de las reses, sus orígenes y problemática. En fin, que cuando contestaba la pregunta, me había quedado sola.

Ahora he recuperado las palabras, los verbos, los adjetivos, los complementos directos e indirectos, pero hablo tanto que todos huyen de mí.

Ayer tuvimos el examen final y cuando la profesora levantó las tijeras para que le dijera que utensilio era ese, yo me deshice en preámbulos, sobre los orígenes de la costura, sobre las túnicas griegas, los efebos, los peripatéticos y las jabalinas.

Me suspendió. Dice que ahora tengo demasiadas palabras y que debó prescindir de algunas, porque, de no ser así me convertiré en una pesada de tomo y lomo.

No lo puedo evitar, las palabras acuden a mí como mosquitos a la luz. El problema es que ya no tengo a quien dárselas.  


sábado, 22 de noviembre de 2025

COMO ES ARRIBA, ES ABAJO


 


 

 

 

Desde hace un tiempo pierdo objetos. Quiero decir que, de pronto, no tengo ni idea dónde he dejado el monedero, o las gafas, o las llaves…, ese tipo de objetos. Aurelia, mi vecina, que es docta dónde las haya, me reveló que el santo encargado de pérdidas y deterioros, es San Antonio, pero que tenga en cuenta que pide dinero a cambio de encontrar.

Estoy tan acostumbrada a ver en la tele lo asiduo que es pedir mordidas, que no me extrañó. “Cómo es, arriba es abajo” Dijo Aurelia, y me contó que significa que existe una correspondencia entre lo macrocósmico (el universo) y lo microcósmico (el ser humano). Una especia de ley universal que conecta los diferentes planos de la existencia. Ella sabe lo que no está escrito, y continuó: “Es una parafrasis moderna del segundo verso de la tabla de Esmeralda. Un texto alquímico asociado a Hermes Trismegisto”.

Lo cierto es que fue aceptar la mordida, y encontrar el monedero. Un” causa efecto” de lo más logrado. El problema se agravó cuando traté de encontrar una capilla dedicada a San Antonio para dejar mi ofrenda. No es fácil. Las capillas como las iglesias, se abren cuando se celebra una misa o un acto, y siempre me cogía a desmano. A veces coincidía, pero no había capillas para San Antonio.

Había transcurrido un mes y aún no había logrado pagar mi deuda. Aurelia me dijo que tuviera cuidado porque San Antonio no admitía retrasos. Y, efectivamente, una semana más tarde, perdí las llaves del coche. Aumenté la oferta al doble, por los intereses y esas cosas. Apareció el llavero, pero la búsqueda de capilla se hizo más apremiante.

Aproveché un viaje a Roma para buscar iglesias y capillas dedicadas al santo. Allí hay muchas, más que nada porque está el Papa, pero no las encontré, o no las busqué a la hora nona, qué sé yo.

 Perdí las gafas y el anorak. Era una prueba contundente de que, o pagaba o me quedaba en pelotas.

Fui a una iglesia y me dirigí a un altar cualquiera, sin saber siquiera a quién estaba dedicado, lo que me extrañó es que debía pagar en negro. O sea, no admitían bizun, ni tarjetas.

 Lo hice, pagué en negro y el doble de lo acordado. Le rogué a San Antonio que no tuviese a mal haber dejado el dinero en la comuna de santos.  

Lo debió aceptar porque no he vuelto a perder nada, pero el sofocón que me llevé no me lo quita nadie.

“Cómo es arriba, es abajo”  

 

miércoles, 14 de mayo de 2025

AUSENCIAS NECESARIAS


imagen: Rafal Olbinski

 

 

Las ausencias son agujeros que se insertan en tu vida. Pertenecen a otra dimensión, como si un aspirador gigante las absorbiera por la noche,  cuando el guión dice que deben marcharse. Y lo más extraño es que jamás regresan. No sabes qué fue de ellas, si están bien o no. Son como ese polvo rojo que viene del desierto y deja los balcones sucios.

No son amigos que se marchan, añoras y te dejan una tristeza inmensa. No son aquellos que buscas en el recuerdo. No, no son ese tipo de  gente. Las ausencias indoloras, no las buscas, no te importa su destino. Ocuparon un lugar en tu vida, dejaron su veneno y se marcharon o los despediste tú de forma tan tajante que no se atrevieron a volver.

Si te pones a recordarlos, incluso sonríes por la nostalgia del ayer, como recuerdas la lluvia de entonces, las plantas de los parterres o el olor a césped recién cortado, pero jamás por ellas. Su imagen se ha diluido por las inconveniencias, por las traiciones o por los desprecios.

Fueron momentos que iluminaron un ayer idealizado. En algún instante, por algun motivo, una luz iluminó la realidad de sus ataques. Los miraste a la cara y no volvieron. Se fueron despacio, sigilosos y, cuando los recuerdas, te das cuenta de que sin embargo, tu vida sin ellos no hubiese sido lo mismo. Fueron la otra cara de la moneda; amistad / dolor. Sin embargo en el momento de su desaparición fue tan necesaria su ausencia como su presencia en el ayer.  

Paseo por mis recuerdos felices, por las desapariciones que me dejaron paz, sin  extrañeza. Es algo así como si la vida te hubiese avisado de que ya están de más, de que cumplieron su misión y de que si prolongas su estancia sufrirás mucho.

No los vuelves a ver, porque en la dimensión en la que te encuentras, no existen, desaparecieron absorbidas por el aspirador. Pueden vivir cerca de tu casa, de tu trabajo, pero una invisibilidad extraña los envuelve, para que resistas, para que no hagan más daño. Y a pesar de todo, cuando miras hacia atrás comprendes que estuvieron por algún motivo, que si te pusieras a pensar en el motivo de su presencia y de su ausencia lo encontrarías, pero te da pereza.

La vida tiene agujeros por los que transitan seres que dejan huella y seres que dejan desolación, pero que cumplieron su misión como en una obra de teatro para salir por el foro y no regresar. No merecen un aplauso a pesar de haber estado en el momento apropiado. La dimensión a la que se han marchado está ya muy lejos.

Adiós a todas aquellas personas que estuvieron y ya no, porque dejaron la paz que necesitabas, de la misma forma que dejaron su huella cuando era necesarias.


sábado, 3 de mayo de 2025

EL GRAN APAGÓN Y LA SINCRONICIDAD

 

 

                      

 

 

 

 

 

 

Habitualmente no llevo más de cinco euros en la cartera, suelo pagar con tarjeta, pero el lunes, al salir de casa, vi que había en la encimera de la cocina cinco euros y los cogí. Luego vino la perdida de 15 GB por arte de birlibirloque, y pensé coger un taxi para llegar a casa antes de que se complicara el trafico. Hacía tiempo que se hablaba de un kit de supervivencia, de un gran apagón,  y me dio mala espina.

El taxista me dijo que no podría pagar con tarjeta, porque no le funcionaba el datafono y me acordé de que tenía diez euros. Exactamente fue eso lo que me costó llegar a casa. 

Hace tiempo que escucho audios para poder conciliar el sueño, y los que más me gustan son los de psicología, concretamente de Jung. No es que sea “cultureta” es que a los filósofos y psicólogos del siglo pasado, los narran unos lectores que  tienen un no se qué en la voz, que te dejan frita en minutos. El mejor es Artur Mas,  que narra a Schopenhauer, aunque sea independentista uno y agorero el otro. Dice que la vida es cruel y que en cualquier momento lo perdemos todo. Que debemos conformarnos con que no nos duela nada, que con eso vamos que chutamos. “La felicidad es la ausencia del dolor”, dice. Y luego nos cuenta de donde se ha sacado la máxima: (Aristóteles, de “Ética a Nicómaco”) Después  ya me duermo y no he logrado profundizar más. Algunas veces se me olvida apagar el audio y su voz me acompaña en mis sueños. Es algo angustioso. Sueño que me he perdido en el metro Iglesias, pongo por caso, y una voz no deja de hablarme y darme horroroso vaticinios sobre el mal y las perdidas.

Es lo malo de dormir con audios.

Carl Jung, sin embargo, es menos agorero, dice que formamos un todo y que por eso nuestra vida está llena de sincronicidades. Para él no existe la casualidad sino la causalidad. No es que lo entienda muy bien, pero he comprobado que tiene más razón que un santo: haber cogido cinco euros más al salir de casa el lunes, día del apagón, es una de ellas,  así como que se pierdan 15 GB en 5 segundos, que la culpa sea de las empresas eléctricas privadas, y que todavía no sepamos a qué se debió tan triste pérdida, no es incompetencia, es sincronicidad.

Ya lo dijo Jesucristo en el nuevo testamento El que cree moverá montañas. El gobierno las mueve y el pueblo cree.

Fue una suerte que ocurriera en primavera, que hubiese luz hasta muy tarde, que no hiciera ni frio ni calor, que tuviese un transistor y que nos aseguraran que esto no iba a volver a suceder.

Dan tanta seguridad.


sábado, 29 de marzo de 2025

EL KIT DE LA GUERRA

 

                                 


 

 

 

 

 

 

La tía Aurelia me llama para que le diga qué debe meter en el kit de primeros auxilios. Ella es muy de guardar y tiene recopilados periódicos de la guerra civil española. Le he dicho que, mira tú por dónde, son útiles en estos momentos,  y que si los lanza a redes se viralizan. Pero no sabe de qué le hablo y continuamos con el kit.

Por mucho que hayamos evolucionado, como los primeros auxilios de los neandertales, ninguno, le explico. Ellos no hablaban de física cuántica para sobrevivir, ni falta que les hacía. Eran homínidos prácticos. Con dos piedras y paciencia, ya tenían su kit. Nosotros es que necesitamos un montón de cosas.

 Aurelia es una Diógenes ordenada, agrupa los periódicos por años o por sucesos, depende del día. Algunos, incluso por asesinatos, los más cruentos primero, pero mantiene un orden caótico por lo que no puede pretender que yo le aconseje.

Cuelgo el móvil pensando que la he convencido, pero no. insiste. Dice que en la tele ha salido un hombre que aconseja meter en el kit seis vendas. Eso supone que me voy a lesionar seis veces en setenta y dos horas y por tanto, también necesito agua oxigenada, betadine y alcohol.

No creo que te lancen los rusos tanto misil, ya sería mala idea, le animo

Eso digo yo, con una venda  y unas tijeras me apaño.

Agua embotellada, mínimo 5 litros. Yo no bebo tanto, y para la guerra no me pienso dar un baño de espuma, me explica. ¿Y las barritas adelgazantes? las veo  una frivolidad. Ah, y una radio de pilas. Pero si eso ya no lo tienen ni los nonagenarios. Bueno, le digo, pero te sirven para la linterna.

Yo no uso linterna, uso la del móvil, me dice convencida, le explico que no habrá móviles porque no son elementos bélicos y nos los confiscarán. Se enfada. O sea que no podremos hablar mientras llega la invasión. Pienso que no, además eso sí es una frivolidad. Pues, qué quieres que te diga, lo haría mas llevadero. Asegura  que no piensa jugar al Candy Crush, en esos momentos tan luctuosos, pero que sí comprará papel higiénico como en la pandemia... De pronto nos acordamos de la pandemia y cambia nuestro humor. Me pregunta que cuántos se forraron con la nimiedad de las mascarillas. Yo continuo a lo mío a ver si la despisto: combustible, cerillas, un hornillo para hacernos una fabada asturiana. Quizá la fabada desdramatice el instante, le insinúo para sacarla del recuerdo del Covid19 y las ventajas de aislarnos.

Le propongo de pronto que tire a la basura los periódicos del asesinato de Kennedy, que haga hueco para las mochilas de salvamento. Aunque una muda sí, por si te sacan entre los escombros con las bragas agujereadas. Sería una vergüenza familiar. Mientras le hablo, ella continua con las ganancias de los políticos y adláteres en la pandemia. Trato de desviar de nuevo su atención. Le hablo de las latas que debe apilar en la despensa: de espárragos mejor que de anchoas. Las de anchoas dan sed y los barriles de agua se acaban antes.

 Continuo con los avíos para no pasar hambre y ella dice que no, que nos la están colando de nuevo. Que sí, Aurelia, que lo importante es no pasar necesidad mientras nos devastan los drones cargados de proyectiles. Un hornito con botella de gas, dos sartenes, una lupa. por sin se cuela una mosca en la fabada, tijeras, bobina de hilo de varios colores, por si te sale un agujero en el calcetín de pronto. Un libro largo, “En busca del tiempo perdido” de Proust, por ejemplo.

Se le pone la voz triste y dice que es todo mentira, que lo que quieren es asustarnos para que gastemos en defensa lo que necesitamos para salud y educación, y repartírselo ellos, como ya hicieron con la pandemia.

Me quedo pensando y asiento, pero no me ve porque hablamos por el móvil.

Hemos llenado tres paginas de necesidades con letra pequeña e interlineado sencillo y no tenemos ni para empezar.

 


domingo, 9 de marzo de 2025

GENERO FLUIDO Y LA GUERRA



 

 

 

 

Tengo insomnio. Mi terapeuta dice que le doy demasiadas vueltas a todo y que por eso no duermo. Va a tener razón el hombre. Anoche, por ejemplo, me preguntaba quién fue el primero que se le ocurrió que si te sientes mujer siendo hombre o viceversa, tienes derecho a tener un documento que te identifique como tal. No estoy en contra de la homosexualidad, que quede claro, sino de la identificación con sello y firma para cualquier actividad. Y como el organismo del hombre es más fuerte que el de la mujer, pues las competiciones han dejado de ser igualitarias. Un corredor nefasto entre su genero, puede ser un fuera de serie contra el genero femenino.

Eso en el ágora, en plena época de Pericles, hubiese sido suficiente para dejar a Sócrates en paz y liarse a gorrazos contra los promotores de semejante felonía.

Pero sigo preguntándome: ¿Quién fue el primero?, ¿quién fue el alma mater del genero fluido? ¿Cómo se le ocurrió, y en qué momento de su vida se hallaba? ¿Estaba debajo de un árbol como Isaak Newton o dentro de una bañera como Arquímedes y gritó Eureka? Estas cosas no son baladí, necesitan su cómo, su dónde  su cuándo y su por qué.

No sé si fueron los seguidores de tamaña afirmación los que impulsaron el paradigma y decidieron que cada uno es lo que se siente y punto.

A mi eso no me podría pasar porque paso por muchas fases a lo largo del día, no soy permanente, ves tú, y lo peor es que no me siento rara por eso. Ya nos explicó Proust en sus siete tomos de En Busca del tiempo perdido, que cambiamos de estado de ánimo a cada instante, que si estamos hechos polvo porque nos ha ofendido alguien y encontramos a otro que nos abraza porque hace mucho que no nos ve, pues se nos olvida la afrenta y nos ponemos como unas castañuelas.

 No podría decir cuántas cosas me siento a lo largo de un día; gusano inmundo, vedette del Follie Bergere, Aquiles, Mr Hyde...  Jung habla de las sombras que pululan en nuestro interior, pero de eso a dar identidad pasaporte y reconocimiento a cada una de ellas, va un trecho. Y sobre todo que una cosa es estar de mal humor o feliz y otra muy distinta sentirse hombre y mujer indistintamente, a ratos, de nueve a seis.

Quizá semejante patraña venga bien para una guerra, porque si nos hacemos fluidos y femeninas, no va a la guerra ni el lucero del alba.

Si al final al “máquina” que se le ocurrió, lo van a condecorar.

 

 

 


lunes, 10 de febrero de 2025

ANGELES DE SANGRE. de RAFAEL ESTRADA

 

                                 



 

 

 

 

Hace tiempo que le puse una cruz a la novela negra. Fue por una novela en la que resultó que el asesino era uno de los asesinados del comienzo. Me sentí afrentada, disminuida e insultada como lectora.

La novela negra debe tener ese punto detectivesco que el autor comparte con el lector para que se crea capaz de desentrañar el misterio. Es por eso que si el autor te engaña de forma burda, ataca tu ego.

Sin embargo ha caído en mis manos una novela negra de Rafael Estrada, autor que admiro por sus ilustraciones y sus novelas infantiles, pero al que desconocía como autor de este género. Quizá la comencé por el respeto que le tengo, o quizá porque tocó mi debilidad por los novatos. Pocas cosas me interesan tanto como tema literario que las vicisitudes de un principiante en la profesión: la toma de contacto con el primer empleo, la cantidad de tropezones que se soportan y las formas tan ingeniosas que se utilizan para salir del atolladero. 

Pensé escribir sobre ese tema y Rafael Estrada me lo brindó con el inspector Juan Proaza, al que, para mayor escarnio, llaman Juanito. ¿Cuántos de nosotros no hemos sido unos auténticos Juanitos al dar los primeros pasos en nuestra vida laboral?

Así es como me fui introduciendo en la historia, de la mano del ingenuo Juanito, al que la investigación parece venirle grande, del poco ortodoxo inspector Garrido, y del experto forense Luzón.

Una historia que arranca con la aparición del cuerpo decapitado de una adolescente con asesino incluido, y que transcurre en Lo pagan, pedanía de San Pedro del Pinatar, y sus alrededores.

El caso parece tan sencillo que hasta Juanito podría resolverlo.

Y mientras vas leyendo descubres que ni Juanito es tan Juanito, ni el asesino está tan claro, ni las cosas son lo que parecen. Estrada no engaña, nos va llevando a lo largo de la trama con habilidad y ritmo por caminos sinuosos, difíciles, impredecibles. Y aquí sí, aquí el lector se cree que es capaz de desentrañar el misterio aunque de sobra sabe Estrada que no, que la trama es mucho más complicada de lo que a primera vista parece. Y como hilo conductor, el recuerdo de una novela de Nabokov: Lolita.

Rafael Estrada ganó con esta novela el premio “megustaescribir”, que convoca el grupo editorial Peguin Random House  y cuyo jurado son  nada menos que los lectores y que se merece por su ritmo, por su forma de tratar el tema, por sus personajes tiernos y diferente, y porque ha conseguido reconciliarme con la novela negra.

Pienso leer la trilogía de la que forma parte este libro:

 

Ángeles de sangre

Carne de primera y

Marilyn desenCadenada

 

Y a partir de ahora, pelillos a la mar por el asesino asesinado.


domingo, 1 de diciembre de 2024

QUIERO VER AL PUEBLO


 

 

 

No puedo olvidar el video del rescate a un hombre en Albal, Valencia. No puedo olvidar que se refugiaba en una repisa y un coche que flotaba, estuvo a punto de arrollarlo por la fuerza del agua. Es inolvidable que en ese momento aparecieran unos vecinos de un primer piso para arrojar sábanas, para que pudiese escalar. Fue difícil el rescate, pero lo lograron. La imagen permanecerá en mi cerebro para siempre. Un Joven abrazado a sus vecinos mientras le consolaban con golpecitos en la espalda. Era un hombre, era una Dana inexplicable y mortífera, eran simples vecinos, era el pueblo dispuesto a salvar al pueblo.

Y junto a esa imagen, se mezclan la de políticos mezquinos discutiendo culpas, movilizando a un pueblo horrorizado contra el enemigo político. Y junto a esa imagen, los periodistas de uno y otro bando siguiendo consignas, como si los ciudadanos que han depositado en los bolsillos del estado su contribución, no tuviera derecho a defenderse.

Veo al pueblo indignado por la falta de coordinación, por la dejadez, por la avaricia, por echar balones fuera para seguir recibiendo el dinero de ese pueblo que se desangra  de dolor, de impotencia y de asco.

Quizá la catástrofe haya sido excesiva, quizá era difícil reaccionar con prontitud, pero si no hubiesen querido sacar rédito político de la tragedia, la coordinación hubiese sido superior.

Ha llegado el momento de reflexionar: Somos el pueblo y los políticos están en el congreso gracias a nuestro dinero y nuestro apoyo. ¿No es hora de pedir explicaciones y responsabilidades a unos y a otros? ¿No es hora de rebelarse y pedir que se vayan todos los que apoyan por disciplina de voto las atrocidades que se han producido? Pedir que vengan nuevos políticos, responsables de sus votantes no del líder, de pedir responsabilidades a los que no cumplan con la misión que se les ha encomendado. ¿Es que acaso se tiene que ser inmoral por disciplina de voto, por seguir en la poltrona?

Estáis equivocados, aquellos que los sostienen son el pueblo y el pueblo no perdona a estos personajes que manipulan pancartas y voluntades. Es el pueblo el que paga y el pueblo el que debe decidir en manos de quién debe estar el dinero que se recauda, ese dinero que sostiene al país.

No quiero ver en la TV a Aldama, a Koldo, a Sánchez, a Begoña Gómez, a Lobato, Ayuso, Feijoo, etc. Quero ver día tras día, a esos hombres que lo han perdido todo, hasta que recuperen la dignidad que los políticos les han arrebatado. Quiero ver a valencianos cruzando los puentes para ayudar a sus vecinos, quiero ver de nuevo esa foto del abrazo entre hombres asustados, quiero sentir que los malos, por una vez, se van a su casa con el rabo entre las piernas.

 


viernes, 22 de noviembre de 2024

VIAJE A PRAGA








Acabo de visitar Praga. La pena es que el tiempo ha sido infernal, como de menos cero grados y sensación de menos vete tú a saber. Lluvia y ventisca para aburrir. Pero no nos importaba, porque nos abastecimos de ropa abrigada en la plaza de Wenceslao, que es el centro de la Ciudad Nueva o Nove Mesto, con el Museo nacional y un sinfín de tiendas. Entramos en Primark, es lo malo de la globalización, que las tiendas son las mismas que en España. A mi me gustaba como ocurría antes; vestirme de  bávara en Salzburgo o de lagarterana en Toledo. Soy muy mía, y al ver Primark en Praga, se me cayó el alma a los pies. Aunque pronto me di cuenta de que solo se parecía en el nombre, porque en cuanto intenté hacerme entender por una dependienta, me di cuenta de que estábamos en otros lares, que el frío enrabia, y que si te descuidas, te pegan un bofetón al estilo checo que te descompone. Debe ser por la falta de sol. Pero, como iba diciendo, me compré ropa de esquimal gracias al traductor de mi móvil, que como no utilizo casi nunca, tardé en configurarlo y la dependienta me gritó en checo todo los tacos para foráneos existentes. No pasé el traductor, pero los imaginé. Al final logramos salir de Primark abrigados y sin lesiones.

 Luego nos acercamos a Lidl y una cajera nos pegó la bronca porque la tarjeta no reconocía el pin, los de la cola también nos hostigaban. Fue doloroso, pero nos hizo sentirnos extranjeros, sin tener que vestirnos con el Kroj checo. 

Cogimos un minibús para subir al castillo y saludamos al subir, pero el conductor ni nos miró. Se siente uno despreciable, pequeñito, indigno y un poco insecto en esos casos. Comprendí a Kafka, el pobre. 

Decidimos aceptarlos tal y como son, aunque todavía no sabíamos que tienen por costumbre defenestrar desde la torre del castillo a los enemigos. Nos lo explicó el guía; mitad italiano, mitad portugués, y sin pajolera idea de español. Ellos defenestraban mucho. A partir de entonces solo nos relacionamos con italianos o sudamericanos. Aunque eso tiene sus inconvenientes, porque nos encontramos una cola enorme frente a una biblioteca, y a la chica sudamericana que le preguntamos, nos respondió que no sabía qué íbamos a ver, pero que sería lindísimo dada las expectativa. Esperamos y, después de media hora, descubrimos una pila de libros con un espejo en el fondo y otro en el techo, que simulaba una biblioteca infinita. No digo que no fuese interesante, pero a menos cinco grados y vestidos de osos polares no compensaba, la verdad. 

Continuamos comprendiendo a Kafka, y por eso lo buscamos por doquier; en el cementerio judío, en la estatua movible, en una casucha cerca del castillo, que según nos contaron, había pasado por allí. 

El cementerio judío tiene las lápidas apiladas porque no dejaban salir del recinto a los judíos, y cuando morían, debían sepultarlos unos encima de otros. Hasta seis capas de tierras por cadáver. Es muy impresionante. Las lapidas se amontonan y dan un aspecto siniestro. Pobre Kafka, dicen que está ahí enterrado.

Paseamos por el río Moldava en un barco calentito y con velas. Nos riñeron también, aunque ya no me acuerdo por qué, pero lo recibimos de otra forma. 

La visita al castillo estuvo muy acertada porque se puso a llover a cantaros, pero había cambio de guardia; otro espectáculo globalizado que no se pierde un turista que se precie aunque caigan chuzos de punta. Los soldados de la garita estaban más pálidos de lo habitual, pero dieron las zancadas reglamentarias con porte marcial y los grabamos con nuestros móviles.

 Visitamos el castillo de Praga y su espectacular mirador desde donde, como ya he apuntado, defenestraban a los enemigos; la catedral de  San Vito; la basílica de San Jorge; y la plaza de HRadcany. 

Mientras esto ocurría, saqué de mi bolso unas almohaditas que había comprado en Declatton para calentar las manos. Me quemé y todavía tengo un dedo tonto. 

Pero todo esto no tiene ninguna importancia, porque a partir de ahora Praga es mi ciudad preferida, porque es medieval, porque es la ciudad de las cien torres. porque la Ciudad Vieja y el barrio de Mala Strana es digna de recorrerse sin prisas, porque está limpia, porque de sus plazas en penumbra sobresalen las torres de las iglesias, porque sus paseos siempre te deparan sorpresas, porque sus calles se encuentran más llenas de turistas la mar de amables que de locales y eso se agradece.   



lunes, 4 de noviembre de 2024

CULPAS






Si me preguntan quién tiene la culpa de lo sucedido en Paiporta, responderé  sin temor a equivocarme; los que polarizan. Todos aquellos que señalan a los ultras como aquellos que gritaron y atacaron al presidente del gobierno, son culpables además de miopes. Nuestra sociedad, nuestro país, ha colapsado por odio, por falta de respeto. No se puede mantener la corrupción y salir exculpado por los votantes  si no inculca el miedo y el odio al de enfrente. Les dejaran hacer lo que sea, porque lo que puede venir es peor. 

La ministra Montero señala sin pudor que los indignados que insultaron al presidente del gobierno son ... ¿Fachas? ¿Acaso ella lo sabe porque ha conseguido información privilegiada en la Agencia Tributaria? Es que ella, igual que amenaza a los contribuyentes de derechas por saber mucho, tiene información de los jóvenes indignados que persiguieron al presidente? ¿Todos son fachas, ultras y extrema derecha?

 La mujer que sabía demasiado desconoce el secreto profesional. Ni siquiera es legal husmear en las listas de contribuyentes sin control. No, no lo sabe, y ese desconocimiento innato le hace asegurar que los que pitan o insultan al presidente del gobierno son ultras, fachas, extremos. Qué fácil es cargar el muerto a los otros. 

Hasta que no desechemos esa terminología: “fachas” para llamar a la gente que no soporta tanta vileza, y los llamemos con sumo respeto, no dejaremos de deshumanizar, y si deshumanizamos, dejaremos en el lodo a los damnificados para demostrar que el otro es un inútil. 

Qué importa que la gente tenga sed o hambre, que no encuentre a sus seres queridos, si con eso consigo que dejen de votar a la derecha. El problema es que le ha salido el tiro por la culata. 


 


domingo, 3 de noviembre de 2024

HACERSE MAYOR

Hacerse mayor es un problema, eso dice un ginecólogo en la tele. Según él, por mucho que una mujer se quite patas de gayo, arrugas, se ponga pómulo y se atiborre de omega tres, su útero continua el deterioro implacable que dicta la naturaleza, hasta que deja de ser útil para procrear. Aconseja, el hombre, que si la mujer ha decidido que en un futuro lejano le gustaría tener hijos, guarde los óvulos de antes de los treinta y pocos. No es por faltar, dice, pero la genética es la genética y el útero muy suyo. Todas estas cuestiones, por ejemplo, no es algo que preocupara a las de nuestra generación. Lo teníamos claro. Yo a los veintinueve sentía que esto se acababa pronto y que debía decidirme. Quizá me pasé, es cierto, pero la edad de procrear tiene sus tiempos. Hoy se habla de que las generaciones venideras serán longevas. Es decir, que si no la liamos con guerras y desencuentros, podremos vivir muchísimos años y además jovencísimos. Dice otro experto en geriatría, que lo malo será la falta de empatía con las nuevas costumbres y formas de actuar de la generaciones venideras. Me ha dado qué pensar, la verdad. Es cierto, por mucho que me empeño en comprender a los jóvenes no los alcanzo. Ellos decoran su casa como lo haría un cirujano o un maxilofacial, pertenecen a la generación de lo virtual. Es otra cosa. Había pensado regalarle a mi nieto por su santo, un espectáculo virtual en el que matas alienígenas en Cibeles para salvar a la humanidad. Lo que no sé todavía es si los alienígenas desbarrados están ya pasados de moda o todavía tienen tirón. Estoy tan despistada Me llama la atención que los jóvenes declaren su amor con sortija incluida, en campos de futbol, en lo más hondo del mar, vestidos de buzos y ante los miembros de curso de buceo. Nuestra generación era mucho más pudorosa. Ahora todo es para la galería. Te avisan de si van a comer lentejas o bacalao, de si quieren a su marido lo que no está escrito u odian al portero de su finca. Lo graban todo, hasta cuando les pilla un huracán en la autopista. Es como si su vida fuese un espectáculo digno de narrar. Me pregunto qué harán cuando empiecen a repetirse debido al deterioro cognitivo, si grabarán tres o más veces todo lo que hacen. Será espeluznante. Los hay que hasta se graban cometiendo un delito, violando en grupo a un chica, saltándose límites de velocidad o robando víveres en el súper. No les importa ser detenidos, o morir por perder la oportunidad de salvarse. Ahora se llama reel, o history y se sube a Instagram para recibir likes. Me lo ha explicado mi nieta que es la única que tiene paciencia para darme clases de redes sociales. Siempre había admirado a los animales porque antes de morir, se retiran de la manada para hacerlo en solitario. No digo que sean mejores, pero sí más individuales, más respetuosos con el dolor propio y ajeno. Bueno, en resumen, que no me hace ilusión ser longeva con un culo inmenso, una cintura de avispa, pestañas postizas y una nariz respingona para celebrar pre-bodas, bodas, post-bodas y divorcios, con el dinero de los invitados. Es que la naturaleza es sabia y si se nos quitan las ganas de hacer tonterías conforme crecemos, será por algo.

sábado, 28 de septiembre de 2024

 https://www.ondacero.es/emisoras/comunidad-valenciana/alicante/audios-podcast/mas-de-uno/carmen-garciaromeu-presenta-alicante-trol-albufereta-lazo-invisible-abuelos-nietos-que-llena-magia-infancia_2024092566f3de893c87870001eb3a7d.html?fbclid=IwY2xjawFiUidleHRuA2FlbQIxMQABHRvzR_jecntjhYPDqt2JMmICm8lXhPmTeJyxZ8pR-s8dvaxGhIvRCAxmqA_aem_HMT2K-lmmkNKhyC6BcRmIg

sábado, 21 de septiembre de 2024

PRESENTACIÓN DE “UN TROL EN LA ALBUFERETA”

 

 





 

 

 

El miércoles presenté en la librería 80mundos mi último libro de literatura infantil/juvenil: “Un Trol en la Albufereta”. Me lo presentó una nueva amiga, que a la vez me la había presentado una amiga/sobrina. A veces suceden las sincronicidades de las que hablaba Jung: Algo así como cuando piensas en tu amigo Segismundo, que no ves desde hace treinta años, y de pronto lo ves a tu lado en un semáforo.  

Ella se llama Marisa y adora a los niños, lo lleva en los genes. Sus padres ya le inculcaron la semillita que le hace ser cercana, saber escuchar. Desde que supo que iba a presentar mi libro comenzó a preguntar. O mejor dicho, a hablar, con esa sonrisa abierta y franca que acerca tanto. Hablamos de todo, pero jamás me sentí intimidada, era como disfrutar conmigo misma. Con ella me sentía la mar de interesante, como si lo que yo contara fuera algo genial, el no va más. Y así, casi sin darme cuenta, le entregué mis secretos, con risas, con ironías, con muchísima complicidad, sin miedo. Ahí estaba yo, soltando todas las locuras que no me atrevo a contar a nadie.

No me gusta hablar en público. Dicen que los pequeños de las familias hablan muy deprisa porque si no es así, los dejan con la palabra en la boca. Era mi caso. O sea, que la velocidad al hablar, escribir, comer o bailar, traspasa todos los límites imaginarios. El miércoles no tenía prisa, el miércoles estaba a mi lado Marisa, con esa capacidad para entender y provocarme. Con ella fue diferente, me sentía una tía la mar de enrollada, aunque se empeñara en llamarme “Doña Carmen” haciéndome sentir señora con moño que hace bolillos. Y es que ella no sabe que los mayores somos exactamente iguales a los jóvenes, tan solo es que se nos está tragando un cocodrilo que nos pone la piel arrugada, el pelo ralo y nos cuesta arrastrarlo. Pero por debajo somos los mismos jóvenes, niños y adolescentes que fuimos.

Pero aunque me llamara Doña Carmen, consiguió sacar de mí una persona a quién desconocía, no solo yo sino también mis amigas. Me reí de mi misma, nos reímos del mundo y acabó la presentación dejándome una sensación estupenda.

Me han felicitado mucho los asistentes, pero yo sé que sin su habilidad, el acto hubiese sido otra cosa.

Doña Carmen, o sea yo, creció con su Trol aquella tarde en 80mundos, y se lo agradezco a Marisa, por su generosidad, y por su profundo deseo de comprender al otro. Por saber cuidar a los niños y a las señoras que hacen bolillos, pero por encima de todo, por aportar alegría y grandeza a este pequeño mundo en el que le ha tocado vivir.

sábado, 31 de agosto de 2024

EL HOMBRE QUE AMABA A LAS NEVERAS

 

 

 

 



 

 

Me acerco a la sección de electrodomésticos para mirar las dimensiones de una nueva nevera. La antigua encaja perfectamente con los muebles que tengo, pero tiene veintitrés años y la pobre todavía tira. Sé que cualquier día nos dirá adiós y nosotros tendremos que desmontar los muebles en la que está integrada. Da pena, porque a los mayores se nos hace un mundo cambiar mobiliario. Bueno, mobiliario y cualquier otra cosa. Siempre me acuerdo de mi tía Asunta, que al morir nos encontramos con 40 pares de zapatos inservibles, la mayoría con la deformación que sus juanetes habían dejado en el cuero. Juré que yo jamás conservaría recuerdos, pero aquí estoy, venga a hacer montoncitos; este por si voy a una boda y me nombran madrina, este para estar por casa, esta camiseta por si vuelvo a jugar al baloncesto y me colocan de pivot. La mayoría de la ropa que conservo es para estar por casa. Imagino a mis deudos echando al contenedor el “Hola” de la boda de Rainiero de Mónaco que heredé de mi madre, y se me abren las carnes. La vida es así. Prometes que no harás jamás una cosa y te falta tiempo para seguir el patrón de conducta de tus ancestros. El caso es, a lo que íbamos, que también prometí que no divagaría y ya me he ido por los cerros de Úbeda. El caso es que le pregunto al dependiente por las dimensiones y el rendimiento de una nevera Liebherr. Es un hombre correcto, impecable, hecho a su sección de electrodomésticos, tiende a mimetizarse con ellos, pero sobre todo, ama a las neveras y no lo puede ocultar. Sonríe y se entristece en segundos, no sé cómo interpretarlo. Le explico que esa nevera suelta agua en ocasiones. Cambia el semblante y bajando la voz me explica que con las temperaturas que han sufrido este verano, han tenido que pasar un infierno. Dice que las neveras necesitan reponerse después de pasar de tres a cuarenta grados. Imagínese usted en semejante circunstancia. Recuerdo cuando pasé las fiebres tifoideas y se me ponen los pelos tiesos. ¿Acaso no lo comprenden ustedes?, dice perdiendo la compostura. No llora, pero está afectado, se le nota enseguida. Dice que lo que no se puede hacer con una Liebherr es abrirla y cerrarla continuamente, que eso la descontrola, la enferma, la desazona. Habla como un doctor en la UCI, harto de ver llegar pacientes por el poco cuidado de sus allegados. A parir de ese momento suavizo mi lenguaje como si estuviese en un duelo. Le explico que eso no le da derecho a echar agua por los orificios. Bajo la cabeza y le hablo de lo maravillosa que es, de lo que se esfuerza en mantener la calma y el termostato. Asiente, esta vez en su versión sonriente. Lo malo es que no cabe entre mis muebles de cocina panelados.  ¿O sea que usted prefiere adaptar una persona a un traje  que al revés? No, no, claro. Levanta la cabeza y me pregunta si la encarga. No me atrevo a decir que no. Incluso no tengo claro de si las neveras actuales requieren un permiso especial para adquirirlas; un certificado de buena conducta de los compradores. Me la traen el viernes, todavía no se ha roto la mía de hace veintitrés años, no dan las medidas, no sé qué hacer con ella, pero buscaré la solución. Sufren tanto.

martes, 30 de julio de 2024

CUANDO LLEGAN LOS TIBURONES

 

                                                         


 

 

Cuando la vida se pone tierna, cuando los problemas parecen haber llegado a su fin, cuando no necesitas luchar, cuando te basta con sentarte a contemplar cómo el viento mueve las hojas de un árbol viejo, o buscas el olor a jazmines de por la noche. Cuando agarrado a unas manos cómplices, ves la arena mojada de una tarde cualquiera mientras conversáis de cosas simples, de lloviznas y grandes tormentas, de recuerdos, de entonces.

Cuando le cuentas lo que viste de bonito y de triste durante el día, de tus sueños y tus  realidades, de los charcos de agua y de los pastos mojados. Cuando te detienes a contemplar las lagartijas que trepan por las fachadas. Cuando un simple mordisco de melocotón te llena la boca de ayeres. Cuando estando juntos miráis con sorpresa infantil el lento devenir de las abejas…

Llegan los tiburones

Cuando ya no hay adolescentes provocadores a los que educar y combatir, cuando los compañeros agresivos y maliciosos, han dejado de importunarte. Cuando los jefes ya no se suben a tu espalda para llevarse el fruto de tu trabajo. Cuando desaparecen los malentendidos…

Llegan los tiburones

Cuando los truenos retumban en tus oídos, cuando la lluvia os empapa la ropa y eleváis la cara para que el agua caiga en vuestra frente. Cuando miráis un sol rojizo esconderse tras las montañas y os quedáis quietos, expectantes, hasta que desaparece allá, muy lejos. Cuando os bañáis una noche cualquiera siguiendo la estela de la luna, porque dicen que trae suerte, porque es bonito, porque es de noche y la brisa os estremece el cuerpo. Entonces…

Llegan los tiburones

Cuando ya no se acercan huracanes, ni tormentas, cuando tus hijos se marchan para   emprender sus propias luchas, cuando aprenden a navegar y saltar sus propias olas. Cuando piensas que todo está por fin en calma…

Es cuando llegan los tiburones.

Los tiburones comienzan poco a poco. Al principio ni los sientes. Te muerden en la rodilla, quizá en el brazo. Es posible que te roben la fortaleza de antes, o que ya no oigas como entonces y pidas que te lo repitan. A veces, sin esperarlo, arrancan a un ser querido, y luego a otro, y a otro. Pierdes amigos y te cuesta recordar. Porque los tiburones se empiezan a instalar en vuestra casa. Ellos os enseñan que nada era de verdad vuestro.

Los tiburones acechan tu calma y tu silencio. Quieren llevarse lo que más querías, tu pasado, tu salud, y a ti, poco a  poco, o de golpe, pero están ahí, esperando el momento para arrancar aquello que creíste tuyo y que jamás lo fue.

Pero hasta la última dentellada de esos tiburones amargos, trataras de alegrar tus días recordando pastos mojados, una luna roja de julio, luces  de verbenas y tardes de risas.

 

jueves, 27 de junio de 2024

NOCHE DE SAN JUAN

 



 

 

24 de junio, son las doce en punto de la noche, se queman cientos de hogueras en la playa. Se celebra el solsticio de verano y hay que cumplir el ritual.

 Dicen que da suerte despojarse de todo lo que ha perturbado tu vida en el último año, dicen que si te bañas, sigues la estela de la luna y pides un deseo, se cumple. Tomo los prismáticos y observo la playa desde la terraza. Veo colas de gente metiéndose en el agua, corros de jóvenes alrededor de la lumbre. Dicen que hay que saltar sobre las brasas cuando el fuego se apaga, que es la forma de que se alejen los malos espíritus. Veo cientos de luces que parpadean en la orilla del mar. Se escucha el entrechocar de las olas contra las rocas, el suave murmullo de aquellas que plácidamente mueren al rozar la arena, para regresar al mar.

Los bañistas entran con paso indeciso con sus pies descalzos, con las manos entrelazadas, buscan la estela de la luna. Desde donde me encuentro no veo ese resplandor mágico, ellos lo buscan desde su lugar en la playa. Cada uno traza desde el horizonte una línea que se mueve según el lugar en que se encuentren, la siguen en una procesión de fe. Conjuran su mala suerte. Piden que nada de aquello que soportaron vuelva a suceder. Ellos no saben que todo volverá, no por la lay del eterno retorno, sino porque seguirán actuando exactamente igual a como lo hicieron año tras año. Algunas veces creo que somos secuestrados momentáneamente, sin darnos cuenta, por el subconsciente, o por otra dimensión. Decimos algunas cosas que no hubiéramos querido decir, o guardamos algo en lugares recónditos y que nunca más encontramos, o nos movemos nerviosamente hacia un lugar inesperado. Dicen que somos seres multidimensionales, que vivimos en varias dimensiones a la vez. No es que lo crea a pies juntilla, es que algunas veces me despisto de mí y no sé de dónde vengo. Dicen que hago cosas que no recuerdo o que tengo un latiguillo en el que no me reconozco. Antes pensaba que la gente era falsa, que decía algo que no sentía, pero estoy pensando seriamente en lo de las dimensiones, en todo aquello que hacemos sin ser conscientes. Escucho un audio sobre meditación y algo así como estar al tanto del presente mediante la atención a la respiración. Lo intento: “Respire profundamente”, dice la voz, “Contenga el aire, expire por la boca. Imagine que está usted…” Me he ido sin darme cuenta. Estoy en Babia mientras suena la voz sugerente que me induce a permanecer en el presente, pero no, estoy refunfuñando y pensando en lo que voy a decir a esa amiga traicionera, estoy merendando en el campo y soy muy pequeña, estoy hablando con un cliente. “Inspire, expire” continua la voz inútil, sosegada, ya muy lejos de mi cuerpo. Me levanto, no puedo mantenerme en el presente, me pone nerviosa. No sé dónde dejé las zapatilla, ayer las tenía puestas y ahora… “Inspire lentamente”. He vuelto a perderme en esa otra dimensión. Los bañistas creen que si se bañan aprovechando la estela de la luna, todo cambiará. Pero no cambia, porque la estela no es fija, hay muchas, depende del lugar de partida.

Las olas regresaran al fondo del mar para volver una y otra vez a deshacerse en la arena, donde otros bañistas conjuraran los malos espíritus, repetirán los mismo actos que los llevaron a apilar en la arena maderas, troncos papeles, para poder hacer una hoguera, una inmensa hoguera que borre todo un periodo de malentendidos, de ausencias, de traiciones, pero no lo borrarán, porque serán incapaces de recordar, admitir, asumir sus propias traiciones, sus propios errores. Los troncos se queman con diferentes miserias y por eso no sirven para nada.  Saltar brasas sin enmendar, saltar cenizas sin recordar por qué estabas allí y qué es lo que debías de borrar en tus actuaciones para que todo cambie.

Las olas se arrastran lentamente sobre la arena y los bañistas entran parsimoniosamente hasta mojar sus pies fríos. Andarán por su estela hasta perder pie y nadarán, nadarán hasta lo hondo convencidos de que todo aquello que les hizo daño desaparecerá, pero no será así porque su otro yo, el que no está presente, el que deambula por senderos desconocidos, les estará esperando en la playa, en esa playa de otra dimensión, donde no se reconocen, para repetir aquello que les llevó al dolor, al desengaño, a la traición.

 

viernes, 26 de abril de 2024

PÉRDIDAS

                                               

 

 

 

 



 

 

 

 

 

La primera vez que  vi a Rigoberta estaba dando vueltas alrededor de un banco del paseo. Buscaba algo, se la veía desesperada. Al preguntarle, me contó que había perdido una bolsa granate donde había guardado las agujas de hacer punto. Traté de hacer memoria con ella, repasar cuándo fue la última vez que recordó tener la bolsa en la mano.

De pronto me agarró por los hombros y me contó que el problema iba mucho más allá del simple recuerdo. Dijo que su marido le estaba haciendo luz de gas, que quería volverla loca, ingresarle en un sanatorio de esos, y declararla incapaz. O a lo mejor no, dijo. A lo mejor es que las cosas que pierdo se van a otra dimensión y allí se quedan para siempre, esperando a que algún día vaya yo también y nos reencontremos.

Perdí un mantel de flores una noche, después de que se marcharan los invitados, perdí unas gafas de presbicia, un sábado que dejé la lectura a medias para ir a beber agua. Perdí unos pendientes de perlas nada más sacarlos del joyero, y perdí una merienda para mis amigas de las cartas. Lloré mucho aunque mis  amigas se marcharon quitando importancia al hecho, pero no regresaron jamás, desaparecieron con sus adioses y sus bromas. Perdí a mis hermanos una nochebuena llena de confetis y zambombas, perdí a mis padres al salir del colegio. Perdí una tarde  de agosto tumbada en la playa, perdí la camiseta de baloncesto con el número 7, y la orla de graduada.

Todo eso me contó, pero estaba segura de que aquello que había perdido estaba con el carrito de la merienda, con los calcetines que se tragó la lavadora, con la ropa interior, con los pendientes de perlas, con el novio de los veinte años, con la bolsa granate.

En la otra dimensión, me explicó, deben estar todos aquellos objetos, me contó compungida. Ahí debe estar Antonio, un chico muy guapo, delgado y con gafas de concha con el que salía a los diecisiete años. Quería ser ingeniero o arquitecto, no me acuerdo. Pues un día dejó de venir, lo busqué por todas partes y había desaparecido. No sabía dónde buscarlo porque me di cuenta entonces de lo poco que hablaba de sí mismo, y de su familia, y de su trabajo. Y si alguna vez me habló de ello, tampoco me acuerdo porque también perdí las palabras, como tantas otras cosas.

Siento tanto miedo a perder, que no me atrevo a sacar los garbanzos para el cocido por si desparecen y me quedo sin ingredientes, o el cepillo del pelo, o el champú, o el olor a pólvora de las mascletás de junio, o las risas de por las tardes.

Ya solo espera partir hacia esa dimensión donde encontrará, piensa ella, todo aquello que fue suyo y alguien le fue quitando poco a poco, casi sin darse cuenta, con el tiempo.

jueves, 21 de marzo de 2024

CON LA IA HEMOS TOPADO.




Con la IA. hemos topado. Ahora es posible, según me cuenta, que una Inteligencia artificial te haga las ilustraciones de los libros, y de forma muy brillante, no vayas a creerte. 
Me lo dijo Graciela, una escritora de poesía para niños. Dice que le pidió a su hijo que le buscara a alguien para ilustrar un poema infantil que había escrito sobre el amor entre una jirafa y un león. Y parece ser que su hijo, ni corto ni perezoso, abrió el ordenador y se lo pidió a una inteligencia artificial que él conoce mucho. Cuando vio los dibujos se quedó con la boca abierta. Dice que eran muy divertidos y que su hijo le propuso que, ya de paso, fuese la Inteligencia Artificial la que le hiciese la poesía. Al principio ella se quedó en plan: “Oye, tú que te has creído”, ¿es que piensas que una IA va a ser más creativa que yo?, pues estaríamos buenos. El caso es que mientras ella juraba en arameo, la IA le hizo una poseía infantil fantástica. Si los dibujos le habían encantado, la poesía la enfureció. 
Era mucho mejor que la que yo había escrito, me explicó. ¿A dónde vamos a llegar?, exclamaba. 
Me supo tan mal verla mancillada, que le conté que eso ya ocurría desde Homero, desengáñate. 
Anda ya, me soltó. 
Que sí, mujer, que existen sospechas de que las obras de Shakespeare las escribiera un tal Christofer Marlow; las de Moliera, Corneille y las de Alejandro Dumas 76 fantasmas literarios. 
La vi tan intrigada por mi diatriba que continué: El más famoso fantasma de Dumas padre, fue Augusto Maquet que colaboró en “El Conde de Montecristo” y “Los tres mosqueteros”. 
No me lo creo. 
Bueno, eso dicen.
Menudo timo, apunta. 
Pues no, le explico, es como ahora. Eligen a un famoso, le proponen que escriba un libro, el tío se pega el susto del siglo, pero la editorial le dice que no se preocupe, que se lo escribirán los lectores de la casa, que luego lo firmará él y aquí paz y después gloria. 
¿En serio? 
Pues sí, lo confirmó en la tele un youtuber que arregla coches y había sido objeto de la proposición. 
Y ¿cómo se ha sabido lo de Dumas?  Pues porque Maquet hacía la investigación histórica, elaboraba el primer borrador, luego se lo entregaba a Dumas para que aumentara farfulla y adornara. Esas cosas, ya sabes. El problema es que lo acabó denunciando. Dicen que Alejandro Dumas, padre, le preguntó a Alejandro Dumas, hijo si había leído la última novela que él había escrito, y el hijo le preguntó: Y tú, padre ¿la has leído?